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Conservación ambiental es desarrollo económico

Conservación ambiental es desarrollo económico

Karen Torres Castillo *

 

Guadalajara, Jalisco, México, 30 de noviembre de 2018, México Ambiental.- En el momento en que Jair Bolsonaro fue electo presidente de Brasil dejó en claro sus intereses prioritarios e intenciones en la región amazónica, un territorio que comparte con países en la región -como Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana y Guyana Francesa-, que representa tanto una gran parte de su país, como el hogar de tribus indígenas. A pesar de que la Amazonia ya había perdido un alto porcentaje de su vegetación por prácticas ilícitas de deforestación y el desarrollo de la minería en el territorio, se prevé un escenario en la siguiente administración en la que nuevamente los intereses económicos estarán sobre las necesidades inmediatas de la agenda internacional, aunque esta vez con mayor fuerza, con un enorme desacato, desprestigio y omisión de las leyes ambientales que se han esforzado por proteger tal patrimonio universal.

 

De acuerdo con un análisis hecho por el Global Forest Watch, la Amazonia perdió cuatro millones de hectáreas entre 2006 y 2017. Es conocida como el “pulmón del mundo” por absorber enormes cantidades de dióxido de carbono y albergar miles de especies de plantas, muchas de las cuales ya se encuentran calificadas como amenazadas.

 

Por otro lado, están las acciones que se han tomado en Costa Rica, República Dominicana, Perú -y otros países de la región latinoamericana en algunas de sus ciudades-, sobre el impulso al ecoturismo, una tendencia que ha incrementado a partir de finales del siglo XX. La resignificación de la naturaleza -elemento único en la región-, ya no como un factor productivo primario sino como un componente esencial de la identidad y el desarrollo local, permite un consumo responsable y la participación vinculante de todos los actores que conforman a los países y se interesan en su conservación. La exportación de la naturaleza y su proyección como receptor de turismo ecológico es un ejemplo de un giro en el aprovechamiento, con mayor consciencia y sostenibilidad.

 

Sin embargo, aún hay una gran área de oportunidad, en primer lugar, porque representa un reto para los países el cuidado del medio ambiente cuando el turismo recibido excede las capacidades; la conservación medioambiental es una cuestión frágil y que requiere de compromiso no solo del oferente, sino de los visitantes. En segundo lugar, porque hay muchas zonas con el potencial para adoptar modelos como los que han tomado los antes mencionados países y contribuir a su mejora y cobertura.

 

Es una fortaleza latinoamericana contar con espacios de atractivo natural conservado, pero para que puedan integrarse a la identidad patrimonial y al sector productivo, es necesario un compromiso de la ciudadanía y los gobiernos en todos los niveles, el fomento a la cultura del cuidado y el involucramiento de los residentes que pudieran beneficiarse o perjudicarse de estas acciones, con la finalidad de que sea una práctica auténticamente responsable y genere el impacto deseado.

 

Se ha luchado a escala internacional por una producción responsable en el sector privado. Las empresas son actores claves en ese proceso transicional por su gran interés y capacidad de incidencia; las acciones gubernamentales, a su vez, deben corresponder y evitar actos de complicidad y conveniencia que dañen tanto al medio ambiente como a sus ciudadanos.

 

El crecimiento económico a costa del medio ambiente sin evaluar alternativas menos dañinas para la población, implica efectos negativos casi irreversibles. Ya no son los gigantes industriales que en un primer momento se opusieron a leyes que protegieran el medio ambiente como el Protocolo de Kioto o el Acuerdo de París, sino que ahora los mismos países latinoamericanos se convierten en una amenaza mundial que impide el logro de objetivos planteados para el combate al cambio climático, que privilegian el salvaje artificial sobre la riqueza natural que han gozado desde el inicio de su existencia.

 

¿Qué ocurre con México?

Recientemente se realizó una consulta ciudadana para la aprobación de la construcción del Tren Maya, que atravesaría y que funcionaría dentro de cuatro años a partir del inicio de su construcción en 2019. El mismo se prevé que atraviese los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas, en la zona sur del país y conecte los destinos turísticos más atractivos de la zona: Cancún, Tulum, Calakmul, Palenque y Chichen Itzá. Se han evaluado las implicaciones ecológicas de su construcción y funcionamiento y, hasta este día, se concluye que es necesaria su aprobación por parte de expertos e instituciones competentes y no únicamente de la opinión popular, pues a pesar de involucrar a la población de una gran parte del territorio y representar tanto el presupuesto como el crecimiento económico nacional, el deterioro ambiental se encuentra latente y puede resultar en graves daños, incluso hasta el grado de perjudicar el turismo que pretende atraer.

 

América es una de las regiones más afectadas por el cambio climático e incrementará su vulnerabilidad en cuanto las condiciones se vuelvan más adversas. Es impensable abandonar la lucha por el cambio climático a la que ya se han sumado actores de diferentes niveles en todo el mundo, y para la cual se han creado mecanismos y convenciones vinculantes. A pesar de que muchos gobiernos, particulares, organizaciones y empresas están tomando medidas responsables del cuidado, algunos otros pierden paulatinamente el interés. Sin embargo, las alertas son irrefutables: no es negociable la responsabilidad medioambiental en cada decisión gubernamental.

Foto proyecto tren maya: lopezobrador.org.mx 

Aunque en la planeación a corto plazo de proyectos de gran magnitud puede resultar beneficiosa, en el largo plazo los costos económicos y sociales superan la inversión y sus ventajas iniciales, pues las repercusiones en la salud de la población y los cambios geográficos derivados son consecuencias obligadas y de índole colectiva. El crecimiento económico con responsabilidad ecológica ha sido funcional en la zona centroamericana y el norte del cono sur por sus particularidades y las condiciones que lo facilitan, sin embargo, continúan siendo un ejemplo de que no son mutuamente excluyentes el cuidado de los ecosistemas y el compromiso con el desarrollo poblacional. Es un modelo de materialización de las potencialidades y el desarrollo integral de los países.

 

* Estudiante de licenciatura en Relaciones Internacionales, ITESM Campus Guadalajara, karencstl@gmail.com



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