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Investigadores de la UNAM indagan sobre diversidad genética de pueblos prehispánicos de México

Ciudad de México, México, 5 de mayo de 218, México Ambiental.- Científicos mexicanos del Laboratorio de Paleogenómica Humana de la UNAM analizan ADN de material genético humano antiguo para lo cual trabajan con restos prehispánicos lo que permitirá entender la historia demográfica y orígenes de las civilizaciones en nuestro territorio, y por qué fueron arrasadas por epidemias.

 

Único en su tipo de toda América Latina, este laboratorio cuenta con instalaciones y tecnología avanzadas para generar datos paleogenómicos, similares a las que se usan en laboratorios internacionales.

 

María del Carmen Ávila Arcos, coordinadora de este espacio informó que este centro forma parte del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, un proyecto que nació cuando ella concluyó su doctorado y posdoctorado. “En esos años trabajé con ADN antiguo humano y me percaté de que en México no había un sitio específico para esta tarea, con las características de los que existen en Copenhague o Alemania”, comentó.

 

En el país existe un registro antiguo muy apreciado, incluso otras naciones están interesadas en acceder a estas muestras porque estudiarlas arrojará información valiosa de la historia de las poblaciones. Las más antiguas poblaciones brindan indicios sobre los mecanismos de poblamiento de América, por ejemplo. Caracterizar con mayor precisión episodios de nuestro pasado es justamente la aplicación de la paleogenómica, subrayó.

 

La ciencia de la paleogenómica ayuda a entender cómo interactuaban las localidades prehispánicas; la diferencia entre las del norte, centro y sur; nos muestra que había un grado de diversidad genética antes de la llegada de los españoles, y cómo cambió cuando la mayoría de la población nativa, sobre todo la del centro del territorio, disminuyó, lo que impactó en los genes de los mexicanos actuales.

 

María del Carmen Ávila Arcos comentó que actualmente trabajan en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia con restos arqueológicos de dos sitios de Querétaro: Toluquilla y Ranas. “Son prehispánicos y nuestro interés es conocer cuál era la relación de esos individuos con localidades vecinas, con otras civilizaciones y con poblaciones actuales; esto será de utilidad para entender su historia demográfica y orígenes”.

 

A partir de estas muestras, los universitarios investigan qué patógenos se presentaron en estos grupos humanos y para ello se analizan dientes para saber qué microorganismos habitaban en la cavidad oral y reconstruir un poco su estilo de vida.

 

La investigación se expande a restos del periodo colonial, en el que ocurrieron varias epidemias. “Tenemos un interés particular en estudiar patógenos, porque sabemos que con la conquista llegaron microorganismos nuevos y muchos de ellos causaron enfermedades que devastaron buena parte de la población nativa”, dijo.

 

Además de caracterizar genéticamente esos patógenos, a los investigadores de la UNAM les interesa saber por qué fueron tan catastróficos: si su patogenicidad era particular, o si más bien la población no tenía la inmunidad necesaria para resistirlos.

 

Y explicó: “Comparamos componentes genéticos del hospedero y del patógeno, y lo hacemos con restos asociados a hospitales de la Colonia, en contextos donde se sugiere que murieron muchas personas por epidemia”.

 

El equipo es interdisciplinario y participan arqueólogos del INAH y antropólogos físicos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, refirió.

 

El Laboratorio de Paleogenómica Humana tiene características especiales para evitar contaminación de ADN moderno. Está totalmente aislado del LIIGH, porque ahí se maneja material actual. También se buscó que estuviera dividido por cuartos, y que en cada uno se realicen diferentes pasos experimentales: los procedimientos de procesamiento inicial de las muestra, extracción de ADN, purificación y construcción de librerías de material genético.

 

Quienes entran en este espacio prácticamente deben cubrirse de cuerpo entero para no interferir con las muestras. Adentro hay una campana de flujo laminar, que ayuda a prevenir cualquier contaminación, y cuentan con luz ultravioleta (UV), para que cuando se termine de trabajar se irradie la habitación para destruir cualquier resto de ADN.

 

A un año, el laboratorio marcha conforme a lo esperado y este 2018 esperan publicar algunos artículos para dar a conocer sus primeros resultados.

 

María del Carmen Ávila Arcos concluyó: “Estamos a punto de instalar un sistema de presión de aire positivo filtrado, que contribuirá a tener mayor limpieza del ambiente”.

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