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No hay evidencia de efectividad de los cañones antigranizo, sostiene Fernando García investigador del CCA de la UNAM

Ciudad de México, México, 24 de agosto de 2020, México Ambiental.- Si bien se carece de evidencia científica sobre su efectividad, los cañones antigranizo son utilizados por agricultores en diversos estados en México, para evitar que el agua solidificada que cae en forma de granizo, afecte sus cultivos o genere desastres mayores, afirmó Fernando García García, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

En la plática “Cañoneando el cielo: mitos y verdades sobre el control del tiempo”, como parte de un café científico organizado por la Escuela Nacional de Estudios Superiores, unidad Morelia, argumentó: “… si la hipótesis de la onda sónica que destruye las partículas de granizo funcionara, deberíamos observar aumento en la lluvia, mas no disminución”, y tampoco se nota que se dispersen las nubes.

Los fabricantes, sostienen que un cañón antigranizo emite ondas de choque a través de explosiones de una mezcla de gas acetileno y aire, que se desplazan a la velocidad del sonido e interfieren con el crecimiento del granizo, resultando una lluvia o granizo blando en lugar del macizo.

El propósito de detener la formación de granizo en el cielo a través de ondas de sonido o con algún objeto como este tipo de equipo, se remonta a la antigua Grecia, pero fue hasta finales del siglo XIX cuando se dieron a conocer las primeras teorías científicas que respaldaban el uso de estas maquinarias, dijo el científico.

Posteriormente, los científicos las desmintieron, y en muchos lugares volvieron a desarrollarlos y comprarlos, como es el caso de México, donde se utilizan en Chihuahua, Oaxaca, Michoacán, Guadalajara, Hidalgo, San Luis Potosí, entre otros estados.

“Según la Organización Meteorológica Mundial, todos los métodos usados para modificar el tiempo, como los cañones antigranizo o la inyección de cloruro de plata con avioneta directamente en la nube, no están científicamente comprobados. Pero mundialmente se siguen utilizando para evitar daños en campos de cultivo”, sostuvo García García.

El investigador consideró que existen fenómenos naturales que, al igual que estas máquinas, generan ondas sónicas, como los rayos durante las tormentas y no por ello deja de granizar.

El ex director del CCA, sostuvo que los fenómenos hidrometeorológicos son complejos e inciden muchos factores en ellos, de ahí que atribuir modificaciones en el comportamiento a la implementación de un cañón, no es concluyente.

El granizo es una forma de precipitación como la lluvia o la nieve, con la característica particular de que está en estado sólido, debido a la existencia de diversas condiciones atmosféricas.

Esta formación de hielo tiene una estructura granular, capas internas, sus formas son 60 por ciento irregulares y sus tamaños pueden variar; en el centro del país, por ejemplo, llegan a medir de tres a cuatro centímetros máximo.

Este fenómeno se produce por un tipo de nubes conocidas como cumulonimbos (nubes de lluvia o tormenta), que se desarrollan de forma vertical con el aire caliente que asciende desde la superficie. Si el aire frío que corre en la atmósfera choca con una masa de aire caliente, hace que éste ascienda por ser menos denso; pero si el ascenso es completamente vertical se formarán nubes de esta clase y de gran tamaño.

Cuando la masa de aire sube, va topando con una bajada de temperatura al igual que la presión atmosférica. Una vez llegado a zonas donde la temperatura es menor a cero grados centígrados, los cristales de hielo crecen a expensas de chocar con pequeñas gotas de agua sobre enfriada con las que coexisten en las nubes de tormenta.

El agua congelada en el granizo, suele deshacerse en poco tiempo tras caer al suelo o bien por las temperaturas del ambiente; la fuerza con la que se impactan depende de su tamaño y del tiempo en que lo hacen; en ocasiones puede propiciar desastres de origen natural.

“El ser humano, desde siempre, ha buscado la manera de alterar su entorno, y el tiempo meteorológico no es la excepción. Quizá esto es una de las cosas más llamativas y, por ello, se han pasado muchos años tratando de modificar los mecanismos para hacer llover o disminuir el granizo”, concluyó García García.