Ciudad de México, México, 21 de julio de 2026.- Claramente, en un contexto de calentamiento global acelerado como el que vivimos, las condiciones atmosféricas ya no responden a los patrones del pasado y sus efectos pueden presentarse en regiones distintas con características variadas, pero de proporciones nunca vistas en la historia, afirmó contundentemente el Dr. Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM.
Los pronósticos realizados por los servicios internacionales de clima, así como la estimación europea, mencionaron que de acuerdo con sus modelos climáticos se tendrá en 2026-2027, posiblemente, un fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) de proporciones históricas: un súper-El Niño, dijo preocupado el especialista.
A finales de abril de este año 2026, el evento del ENOS –El Niño- se encontraba en una fase neutra, al concluir semas atrás el fenómeno de La Niña. Con el paso del tiempo, El Niño ha evolucionado y se espera que las condiciones extremas lleguen a su punto máximo entre septiembre y octubre próximo.
Por ahora, los pronósticos actuales sugieren la posibilidad de un evento de El Niño parecido a los más intensos de la historia desde que existen las mediciones que son las de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 o posiblemente mayor que estos.
“Hay un elemento que se conoce como la barrera de predictibilidad de la primavera, donde los pronósticos tienen muchísima más incertidumbre”; cuando pase esta estación –y ya estamos en verano- se va a tener una visión mucho más clara de lo que pasará en los próximos meses, aunque aclaró que tener mayor incertidumbre no es igual a no saber.
El investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM fue determinante: “Hay que tomar en cuenta esta información porque tenemos que prepararnos. Lo altísimamente probable es tener un fenómeno de El Niño con intensidad de moderada a alta, si uno quiere quedarse en el lado más optimista; pero, lo cierto es que probablemente pudiera ser un evento histórico”.
Estrada Porrúa recordó que el ENOS es un patrón climático natural y recurrente en el Pacífico tropical, que se caracteriza por la interacción océano-atmósfera. Alterna entre una fase cálida (El Niño), que calienta el Pacífico oriental, y una fría (La Niña), que impacta globalmente la temperatura, precipitaciones, sucesos extremos y diversas actividades productivas como la agricultura.
Es precisamente por este pronóstico que es obligado tener en cuenta que en la actualidad el planeta se ha calentado alrededor de 1.46 centígrados con respecto al periodo preindustrial, por lo que el sistema climático ya no es como lo conocíamos.
El doctor en Economía Ambiental por la Universidad Libre de Ámsterdam afirmó que hay estudios científicos en donde se establece que, rebasar o alcanzar 1.5 grados en el aumento de la temperatura global con respecto al periodo preindustrial puede desencadenar riesgos muy importantes para sistemas naturales y humanos, por ejemplo, cómo interactúa la variabilidad natural en un mundo ya más caliente. Según el Acuerdo de París, ese 1.5 grados “… no se iba a rebasar durante este siglo, pero ya estamos prácticamente ahí”.
Francisco Estrada evocó que, en 2025 junto con otros colegas, publicó un artículo en el que describe eventos extremos de temperaturas muy altas y precipitaciones muy severas. “Encontramos que el cambio climático ya ha cambiado las teleconexiones del ENOS; es decir, ha cambiado cómo se ve en el mapa, dónde van a ocurrir, la probabilidad de ocurrencia y muchas veces la intensidad”.
El ENOS expondrá a extremos más intensos y probables, al tiempo que el cambio climático está modificando la forma en que estos fenómenos se distribuyen, precisó.
El coordinador del PINCC de la UNAM explicó que cuando ocurre un evento severo del ENOS, “… nos puede aumentar la temperatura global ese año. Es muy probable que en 2027 este efecto sea mayor que en 2026 y que pudiera contribuir, temporalmente, a un calentamiento adicional de hasta +0.3 grados centígrados en la temperatura global. Estamos por vivir en el período 2026-2027 temperaturas que estén muy cercanas al nivel global de 1.8 grados por encima de su valor preindustrial”.
Y agregó: nos debe poner en alerta de que este sistema ya alterado con la variabilidad propia, “… nos puede empujar a unos niveles de calentamiento extremos y de pérdidas en la economía, en la agricultura, así como mayores problemas para manejar el agua de los que estamos acostumbrados. Estamos abriendo brecha. Es un nuevo momento en el sistema climático”.
Respecto al calentamiento antropogénico y el ENOS, y por qué esta combinación podría intensificarse, manifestó que existen diversos factores que varían según la región y el tipo de fenómeno. “Por ejemplo, una atmósfera más cálida puede contener una mayor cantidad de vapor de agua. Esto implica que, cuando ocurre un evento extremo de precipitación, hay más agua disponible para precipitarse que en un escenario sin cambio climático”.
Francisco Estrada Porrúa afirmó que esta mayor disponibilidad de humedad en la atmósfera favorece que los fenómenos de lluvia extrema sean más intensos. “A ello se suman las interacciones entre el suelo y la atmósfera, que pueden agravar fenómenos como las sequías. Así, condiciones tradicionalmente asociadas a El Niño, como periodos secos, pueden intensificarse”.
Un ejemplo de estas dinámicas se ha observado en California, donde periodos de lluvias intensas son seguidos por una rápida pérdida de humedad en el suelo debido a una atmósfera más cálida, lo que genera condiciones propicias para incendios forestales.
Lugares inesperados
Por otro lado, el especialista subrayó que los fenómenos extremos no sólo pueden volverse más frecuentes; incluso, pueden presentarse en lugares o momentos inesperados. En el caso de México, los estudios han indicado históricamente que un evento fuerte de El Niño se asocia con menores precipitaciones y mayor sequía. Pero investigaciones recientes sugieren que, durante el verano, un episodio intenso podría incrementar la probabilidad de lluvias extremas en algunas regiones del país.
En el litoral mexicano del océano Pacífico, se espera mayor actividad de tormentas tropicales y posibles fenómenos de intensificación rápida de ciclones tropicales, donde las temperaturas del océano frente a California y Baja California se encuentran extraordinariamente elevadas. “Si estas condiciones se mantienen hacia el inicio de la temporada de huracanes, en junio, podría tratarse de un escenario preocupante, ya que es del calor del océano la energía de los huracanes para fortalecerse”.
México: zonas vulnerables
En nuestro país, las regiones más vulnerables son la costa del Pacífico, con la presencia de más ciclones tropicales y de mayor intensidad, incluso, con la posibilidad de intensificación rápida de estos eventos, por lo que se debe estar preparado.
Un fenómeno de El Niño más fuerte está asociado con sequías, lo que puede tener implicaciones importantes en diversas actividades productivas como la agricultura. Un grupo de ciencia del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas de Morelia, hicieron una evaluación en 2025, sobre cuánto cuesta cada sequía y los datos son alarmantes: son alrededor de 27 mil millones de dólares.
El académico consideró relevante advertir que ENOS ha cambiado como resultado del calentamiento global, por lo que los patrones históricos utilizados para anticipar sus efectos podrían ya no ser del todo confiables.
Por ello, si El Niño se presenta durante el verano, existe ahora una mayor probabilidad de que en la región centro-norte de México se registren precipitaciones extremas de gran intensidad, que superen lo que se esperaba, con base en los registros anteriores.
El investigador resaltó que la interacción entre el calentamiento global de origen antropogénico y fenómenos naturales como ENOS amplifica aún más estos efectos, no sólo en su intensidad, sino al modificar los patrones de ocurrencia en distintas regiones del planeta.
Uno de los efectos más relevantes es el desplazamiento de los patrones climáticos tradicionales. Los eventos que antes se esperaban en ciertas regiones, pueden presentarse ahora en otras latitudes, dijo y reveló: “Pensábamos, por ejemplo, que en el norte del país habría sequía, pero existe evidencia de que estos patrones están cambiando. Lo mismo ocurre con las precipitaciones extremas, que pueden presentarse en lugares distintos a los previstos”.
Existe un riesgo en la preparación basada en registros históricos, ya que el calentamiento global ha modificado los patrones del ENOS, por lo que sus efectos pueden presentarse en otras regiones o con características distintas.
Francisco Estrada Porrúa aceptó que lo fundamental es entender que el clima que vivimos ahora es cambiante, y que nuestros riesgos no sólo aumentan, sino que se modifican. Precisamente por eso, debe fortalecerse la investigación en cambio climático y variabilidad climática como base para enfrentar estos desafíos.
Hay esperanza, pues a partir de la colaboración de investigadores universitarios con el gobierno de México en estudios recientes y en el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación, se ha comenzado a replantear el enfoque tradicional con el que se aborda el problema. Hay avances y hay esperanza.
* Con información de la UNAM; Carlos Ochoa, Fabiola Méndez y Adrián Velaiz





