Ciudad de México, DF, México, 4 de Enero de 2016, ABC.- El actual El Niño es una muestra evidente de cuánto necesitan aprender los científicos de este fenómeno que se repite con intensidad variable en periodos de tiempo que oscilan entre tres y siete años. El Niño-Oscilación Sur (ENSO, por sus siglas en inglés) es un fenómeno acoplado entre el océano y la atmósfera por el que el calentamiento episódico del agua del mar en la costa de Perú (El Niño) se relaciona con fluctuaciones en la presión atmosférica entre el Pacífico oriental y occidental (Oscilación Sur), como describió en 1969 Sir Jacob Bjerknes. Esas interacciones se escapan a las predicciones de los científicos, que saben muy bien que no hay dos Niños iguales.
Cuando comenzó a “gestarse” en 2014 este Niño actual, al que algunos han puesto el apelativo de “Godzilla”, se desarrolló como muchos otros. Hubo un debilitamiento de los vientos alisios del Este que normalmente fluyen de Sur América hacia Asia, llevando el calor y la humedad hacia el Oeste. Pero en 2014, el calentamiento en el Ecuador fue menos pronunciado que en la mayoría de los años en que se presenta El Niño, y las ráfagas de viento del Oeste no aparecieron como de costumbre. A mediados del año pasado, el esperado El Niño había desaparecido completamente.
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