Ciudad de México, México, 8 de noviembre de 2017, México Ambiental.- Por la lentitud en las reparaciones al edificio S de la Unidad Iztapalapa que alberga más de 70 laboratorios -el único inmueble de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) afectado en su estructura por el sismo del 19 de septiembre pasado- estudiantes de ciencias biológicas y de la salud podrían ver afectadas sus formación e incluso perder becas porque están detenidas todas las actividades de investigación y transferencia tecnológica en materia de biotecnología están detenida, así como cursos prácticos en los que participan decenas de alumnos de licenciatura y posgrado.
La doctora Concepción Keiko Shirai Matsumoto, profesora-investigadora del Departamento de Biotecnología, precisó que en el edificio se localiza casi 60 por ciento de la infraestructura para investigación realizada por los estudiantes de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud (CBS).
En la planta baja se realiza la formación práctica de los alumnos con más de 60 cursos de licenciatura por trimestre, mientras que las áreas de laboratorios cuentan con equipo especializado, por lo que registran alto impacto en el desarrollo de proyectos y la formación de recursos humanos.
Más de 70 espacios de investigación están ubicados en los tres niveles superiores del edificio S donde alumnos de los posgrados en Biología Experimental, en Biotecnología, en Biología de la Reproducción Animal y en Ciencias Biológicas y de la Salud efectúan indagaciones, proyectos terminales o servicio social.
Este inmueble es centro de operaciones del trabajo administrativo y docente de la División de CBS, por ser sede de la Dirección, la Secretaría Académica, la Oficina Técnica y Sala del Consejo Divisional y la Asistencia Administrativa.
Y es el cuartel general de las coordinaciones divisionales de Docencia y Atención a Alumnos, así como de las jefaturas de los departamentos de Biología de la Reproducción, de Biotecnología y de Ciencias de la Salud, por lo que diariamente interactúan 130 profesores-investigadores, más de 70 empleados administrativos de base y confianza y un número amplio de alumnos de licenciatura y posgrado, muchos de éstos tienen asignados ya espacios alternos en la Unidad Iztapalapa para atender las necesidades más apremiantes.
Shirai Matsumoto es la responsable del Laboratorio de Biopolímeros y junto con la doctora Zaizy Rocha Pino, trabaja con estudiantes de las licenciaturas en Ingeniería de los Alimentos, en Ingeniería Bioquímica Industrial y en Biología Experimental, así como del Doctorado y la Maestría en Biotecnología dedicados al estudio de bioprocesos para la recuperación y la obtención de compuestos de uso comercial a partir de subproductos derivados de los sectores pesquero, alimenticio y agrícola.
Como resultado del trabajo, actualmente existen dos patentes registradas y títulos ya otorgados. Uno de ellos es la innovación en un bioproceso para la obtención de pigmentos, biopolímeros –quitina y quitosano– sustancias no tóxicas, biodegradables y biocompatibles sustraídas del desperdicio del camarón y con un amplio espectro de aplicación en la medicina, la agricultura, la industria alimentaria y el tratamiento de aguas.
En ese laboratorio se hallan aún cromatógrafos de líquidos de alta y mediana presión de última tecnología y otro más de gases, además de equipo para purificación de enzimas y proteínas utilizados para el logro de metabolitos e infraestructura para analizar microorganismos patógenos. Dicho equipo exige de cuidados especiales que no se han podido realizar.
La suspensión de esta serie de actividades por el sismo implica la parálisis de equipo. Son “… millones de pesos de maquinaria instalada, la cual estamos sacando poco a poco, comenzando por lo menos pesado y conforme sea seguro reinstalaremos el resto, ya que por el momento acondicionamos un espacio alterno que no es suficiente para continuar el escalamiento de procesos para la producción y la purificación de enzimas e hidrofobinas, esto último en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México”, dijo Concepción Keiko Shirai Matsumoto.
También era un sitio donde se generaba nanocelulosa a partir de microorganismos y desarrollaban microencapsulación de compuestos bioactivos e hidrogeles utilizados para acelerar la cicatrización de quemaduras y lesiones, en vinculación con el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).
Una de las cosas más graves es que los estudiantes de doctorado con beca mixta del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que llevan a cabo estancias en las universidades de Tottori, Japón, y de Lyon I, Francia, han visto retrasadas las fechas de sus planes de movilidad, y eso pone en riesgo la viabilidad de los apoyos.
Otros proyectos que cuentan con financiamiento externo están en el momento de consolidación de resultados del trabajo de los últimos dos años, pues es cuando se evalúa la productividad incluso del propio laboratorio. “Somos de los pocos grupos de investigación en el área de transferencia tecnológica generada en la UAM”, explicó.
Una de las desventajas de los productos de origen biotecnológico es su variabilidad en los lotes, una parte esencial en la caracterización para garantizar que cumplan con los estándares comerciales, pero al haber detenido la labor cotidiana en analítica “…perdimos continuidad y el retraso lo podemos traducir en al menos medio año, por el ritmo que manejamos”.
Shirai Matsumoto concluyó: “estamos ocupados en que los alumnos terminen sus proyectos, pero con la presión de que se gradúen a tiempo”.





