Ensenada, Baja California, México, 20 de agosto de 2020, México Ambiental.- La realidad es clara pero dolorosa. En las últimas tres décadas, el lobo marino de California (Zalophus californianus), residente permanente en el Golfo de California, ha perdido más de la mitad de su población. Y es que la población de esta especie aquí, tuvo su pico de máxima abundancia en 1991, con alrededor de 45 mil animales. A partir de ese año comenzó a decrecer y se estima que para 2019 era solo de 15 mil individuos. La población era 65 % menor, reveló una investigación del CICESE.
“Esta tendencia negativa llamó nuestra atención. El lobo marino de California es una de las especies que se denomina centinela, es decir, refleja la salud del ecosistema que habita. Digamos que nuestros resultados encienden un poco el foco rojo en el sentido de la conservación de la población, y surge la pregunta obvia: ¿a qué se debe ese decremento?” refirió el Dr. Mario A. Pardo, investigador por Cátedra CONACYT en la Unidad La Paz del CICESE, en Baja California Sur.
La disminución es “demasiado grande”, como para deberse a fuentes de presión como enmallamientos o muertes accidentales, porque éstas podrían tener como resultado una pequeña reducción de la población, dijo el científico y agregó:
“Nuestra hipótesis era que ese decremento debe ser mediado por algo más a largo plazo en esas tres décadas. Por ende, nos propusimos estudiar si el Golfo de California se está calentando, se está enfriando o permaneció igual durante los últimos 30 o 40 años, algo que no se había hecho antes”.
La investigación en el CICESE para develar el misterio es consistente. Para analizar los datos de temperatura del mar se utilizaron herramientas desarrolladas por el Met Office Hadley Centre, que realiza reconstrucciones de temperatura superficial a nivel global con una cobertura de 200 años.

Al conocimiento de los datos de la temperatura superficial del mar en el Golfo de California durante los últimos 200 años, siguió un filtrado de fenómenos oceanográficos que se presentan en plazos cortos, como “El Niño”, “La Niña”, la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO) y variaciones estacionales, dejando las señales mayores a 25 años.
Mario Pardo comentó: “Con el filtro de información resultó evidente que el Golfo de California se ha calentado alrededor de 1°C desde finales de los años ochenta respecto a la media de los últimos 100 años, alcanzando un pico de 1.25°C en 2016. El máximo de abundancia de lobos marinos, para dar el contexto, se dio en 1991, poco después de que comienzan las condiciones cálidas en el Golfo de California”.
Los hallazgos de esta investigación se publicaron recientemente en Scientific Reports de Nature, y se pueden consultar aquí: https://www.nature.com/articles/s41598-020-67534-0
La investigación se realizó con la colaboración de académicos y estudiantes la Unidad La Paz del CICESE, el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional (CICIMAR-IPN), y la Universidad de Querétaro.
En el análisis de estos resultados se utilizaron métodos de modelaje numérico para predecir el tamaño poblacional de la especie a partir de las anomalías de temperatura. Estos modelos indicaron que la especie tiene un hábitat óptimo en condiciones ligeramente cálidas, respecto a la media de 100 años. Una vez que estas condiciones comienzan a pasar los 0.5°C por encima de la media, la población comienza a disminuir.
Y parece claro para las y los científicos mexicanos del CICESE: la posible explicación del decremento en la población del lobo marino es que a medida que se presenta un calentamiento progresivo del mar, a lo largo de varias décadas, habrá un cambio en la comunidad de presas de estos depredadores.
“A ese recambio de presas, que ya ha sido explicado en otros lugares del mundo, le han llamado un fenómeno de tropicalización. Quiere decir que presas de aguas un poco más cálidas invaden zonas templadas, aumentando la diversidad de los peces. Lo que nosotros argumentamos es que, si bien aumenta la diversidad, disminuye la calidad del alimento (calidad calórica) para el depredador, lo que trae consigo diversas consecuencias para la especie, como menor éxito reproductivo y de gestación”, sostiene Pardo.

Unidad La Paz del CICESE, en Baja California Sur
Y amplió: “La sobrevivencia de la especie en general iría disminuyendo progresivamente hasta el punto que la abundancia de la población empieza a disminuir, simplemente por la reducción de esos éxitos reproductivos y por la disminución de la supervivencia. Ese es el argumento que nosotros usamos para explicar la clara relación entre el calentamiento multidecadal del Golfo de California y la disminución de los lobos marinos de California residentes del golfo”.
El Dr. Mario Pardo dijo que la importancia de realizar este tipo de investigación es que los lobos marinos de California, al ser depredadores tope, modelan parte de la diversidad genética de nuestro país y son un reflejo de la salud de su hábitat. Como otras especies de megafauna marina, también son importantes para las economías locales, pues en varias zonas del Golfo de California, y en general del mundo, existen proyectos ecoturísticos donde hay aprovechamiento de las especies, lo que genera recursos económicos alternativas para estas comunidades.

El reconocido científico mexicano que trabaja para el CICESE fue claro: “Nosotros proponemos que esta especie sea declarada como vulnerable a cualquier fuente de presión humana, como un mal manejo ecoturístico, enmallamientos o contaminación. Hay que intentar regular estas fuentes de presión pues de acuerdo a nuestra reconstrucción numérica y las predicciones de nuestro modelo, la especie sí está en decremento y lejos de su óptimo hábitat, como lo estaba al inicio de la década de los noventa. De acuerdo con nuestro modelo, las condiciones son demasiado cálidas para regresar a ese óptimo. Entonces, todo lo que podamos hacer para evitar que la población sufra un estrés adicional, al que ya parece estar sufriendo por las condiciones del medio, pues hay que contemplarlo y tomar medidas”.
* Con in formación de Maribel Campos Muñuzuri/CICESE. Fotografías: Jennyfer De la Cerda/Karen Adame/Mario Pardo





