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El vino emigra empujado por el calentamiento

El vino emigra empujado por el calentamiento

Miguel Ángel Criado

Madrid, España, 28 de enero de 2020, El País. – Si los viticultores quieren que el Rioja, los vinos de Jumilla o el Burdeos se hagan en el mismo sitio tendrán que cambiar de uvas. Un estudio confirma que el cambio climático amenaza con poner patas arriba la geografía de la producción de vino en unas décadas. En países como España o Italia, más del 90% de las tierras óptimas para el cultivo de la vid dejarán de serlo. Mientras, empiezan a abundar los viñedos en Reino Unido. Sin embargo, el cambio de las variedades tradicionales por otras más resilientes podría ayudar a las denominaciones de origen a esquivar el calentamiento.

La fenología de las vides, en particular la de las dedicadas a la producción de vino (Vitis vinifera subespecie vinifera) tiene tres momentos esenciales: brotación, floración y envero (cuando la uva verde pasa a tinta o blanca). Con décadas de datos fenológicos de 11 de las principales variedades de uva o cultivares, un grupo de científicos ha modelado el impacto del cambio climático en el mapa de la producción del vino. Si no se hace nada, podría ser devastador.

El estudio, publicado en la revista científica PNAS, parte de la situación actual de las tierras dedicadas a la viticultura, desde las de la Borgoña hasta las de California. Aun cumpliendo con los Acuerdos de París, es decir, manteniendo el aumento de las temperaturas por debajo de los 2º, el 56% de las regiones tradicionales dejarán de ser aptas para la producción de vino. Como está sucediendo con otras especies silvestres de plantas y animales, el calentamiento abrirá nuevas zonas cada vez más al norte a las viñas, pero no compensarán las pérdidas.

“Ya hay bodegueros del Penedés que han trasladado su producción al Pirineo o productores franceses que han emigrado al sur de Inglaterra”, recuerda el investigador de la Universidad de Alcalá de Henares y principal autor del estudio Ignacio Morales.

El calentamiento no es un simple aumento lineal de las temperaturas. Como vienen demostrando los últimos estudios, se concreta en un alargamiento del verano, en la subida de las temperaturas máximas y mínimas o en la multiplicación de los días de calor extremo. Todo esto altera la producción de los azúcares y ácidos en el fruto. “En Australia, el adelanto de la maduración está haciendo que la uva tenga más azúcares y menos ácidos de lo que sería deseable”, comenta Morales. Y, para evitar el alto contenido alcohólico, lo están corrigiendo añadiendo ácido tartárico al caldo.

Pero aún hay margen. La propia diversidad de la V. vinifera vinifera la ha expuesto a una gran diversidad climática, lo que ha generado una gran amplitud térmica y régimen de precipitaciones según el cultivar, lo que ha permitido el desarrollo de variedades capaces de medrar en el frío norte de Alemania, en la humedad de Nueva Zelanda o el calor del mezzogiorno de Italia. El estudio muestra que, jugando con las variedades de maduración tardía, como la garnacha o la monastrell, buena parte de las regiones actuales podrían seguir haciendo bueno vino a finales de siglo. Mientras, las de maduración temprana, como la pinot noir, se podrían plantar en las nuevas tierras cada vez más al norte.

“Hemos comprobado que, cambiando a otras variedades, los viticultores pueden reducir el daño hasta solo el 24% del área perdida”, asegura en una nota la investigadora de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) y autora sénior del estudio Elizabeth Wolkovich. “Por ejemplo, en Borgoña, en Francia, los productores podrían plantearse sembrar variedades más tolerantes al calor como la syrah o la garnacha para reemplazar la dominante pinot noir. Y los agricultores de regiones como Burdeos podrían sustituir la cabernet sauvignon y la merlot por la monastrell”, añade.

Para España, Morales aclara que los resultados se han hecho a una escala y resolución que no permiten reducir el foco hasta lo regional. Pero, a escala de todo el país, “nuestros modelos predicen aumentos de idoneidad para las variedades más tardías como monastrell, garnacha y syrah”. Precisamente, ya está en una segunda fase de su estudio para detectar las variedades españolas que, por fenología o resistencia, mejor lleven el calor de cada región.

Pero el recurso a las variedades más resilientes tiene un límite. Esta investigación advierte que, en un escenario de altas emisiones, con una proyección de un aumento térmico medio de 4º, hasta el 85% de las tierras actuales dedicadas a la viña dejarán de ser óptimas. Incluso recurriendo a las uvas más resistentes, más de la mitad de las áreas de viñedos se podrían perder. Como recuerda Morales, “se podrán plantar uvas tintas y más tardías en Suecia”. Otra cosa es la calidad del vino que salga de allí.


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