Madrid, España, 12 de Febrero de 2016, Areli Acosta, ABC.- El mar Mediterráneo está cada vez más explotado por distintas actividades marítimas que, además, van a aumentar y expandirse sustancialmente en los próximos 20 años. Poco queda ya del Mediterráneo de Ulises, pues se trata del mar interior más grande y con el litoral más habitado del mundo. Parques eólicos marinos, exploración y extracción de petróleo y gas, tendido de cables, rutas marítimas, pesquerías y otras actividades humanas, incluyendo el turismo, «utilizan y compiten por el mismo espacio», explica José Luis García Varas, responsable del Programa Marino de WWF España. Con una superficie de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, que representan menos del 1% de la superficie oceánica mundial, 22 países se disputan este espacio, más ahora que parece que el mar es «la nueva frontera de las actividades económicas», añade Óscar Esparza, coordinador de Protección Marina en la citada organización.
Tanto es así que de todas las actividades económicas analizadas por WWF en el proyecto MedTrends (Tendencias en el Mediterráneo) solo la pesca comercial disminuirá su actividad en las proyecciones realizadas a 2030, siguiendo los pasos de los últimos años. De hecho, la pesca comercial ha disminuido, así como el esfuerzo de pesca: hay menos barcos y se navega y se faena menos días. En 2013, la actividad pesquera representaba en el Mediterráneo español algo menos de 130 millones de euros.
Esta caída de la actividad tanto en número de personas dependientes de ella como el valor relativo económica y socialmente es «un elemento de alarma», dice García Varas. Si bien se trata de una actividad menor en cuanto al empleo -en términos totales contaba con 8.305 trabajadores en 2013- y no tendrá una repercusión significativa sobre la economía nacional, a escala local es muy relevante por su gran peso social y su declive podría traer graves efectos desde el punto de vista social y cultural.
Desde WWF piden a la Unión Europea que entre sus principales prioridades esté la de trabajar por la recuperación de los stocks pesqueros. Y es que el 90% de las poblaciones pesqueras evaluadas en el Mediterráneo sufren sobreexplotación y la tendencia de otros sectores que tienden a crecer, como la minería marina y la búsqueda de petróleo y gas, tendrá efectos negativos sobre las pesquerías.
«El mar es finito y tiene límites» -apuntan desde WWF- y más si cabe en el caso del Mediterráneo, que es un mar semicerrado, con solo dos salidas, la natural del Estrecho de Gibraltar y el canal de Suez. «Esto hace que las presiones sobre él sean más importantes y los hábitats y ecosistemas más sensibles que en otras zonas oceánicas más amplias», resume García Varas. La situación es muy complicada, añade, pues se trata de un mar con una gran biodiversidad pero solo el 5% de su superficie se encuentra bajo alguna figura de protección.
El Mediterráneo es algo más que un mar, es uno de los activos económicos más valiosos para Europa -los cálculos de WWF estiman que este mar genera valor por 100.000 millones de euros y crea unos 7 millones de empleos-, pero el crecimiento de algunas actividades proyectado para los próximos años podría ponerle contra las cuerdas. Así, el crecimiento previsto del turismo, el tráfico marítimo, la acuicultura o la búsqueda de hidrocarburos son los sectores económicos que pueden condicionar el futuro del Mediterráneo.
De hecho, el gran desafío para esta cuenca durante los próximos años será el «crecimiento azul». Por eso, la iniciativa Mediterránea de WWF, puso en marcha el informe MedTrends, que ofrece una visión global de la situación de los principales sectores económicos. El estudio, liderado por WWF Francia, abarca ocho países: Chipre, Croacia, Francia, Italia, Grecia, Malta, Eslovenia y España. Med Trends analiza, ilustra y cartografía su estado actual, las tendencias futuras de desarrollo -hasta el año 2030-, sus interacciones y los potenciales impactos ambientales que generen.
Los conflictos por el espacio surgirán, por ejemplo, entre el turismo (el sector más importante para la economía mediterránea, con una previsión de pasar de 343 millones de turistas en 2014 a 500 millones en 2030) y la acuicultura, ya que ambas actividades buscan un agua de calidad y se desarrollan en la costa, donde además se solapan con zonas protegidas. «No hay una planificación espacial en el Mediterráneo», dice Óscar Esparza.
Desde WWF advierten de que es fundamental planificar la acuicultura para evitar conflictos con otras actividades, como el turismo o la pesca, e impactos sobre hábitats y especies de interés. Y es que la industria acuícola en España supone el 30% de la producción total de pesca en el Mediterráneo español y el Golfo de Cádiz. En general, tanto a nivel europeo como español, se espera un desarrollo de este sector. Además, aunque esta actividad proporciona menos empleo que otros sectores productivos, éste es más estable, explican desde WWF.
http://www.abc.es/natural/biodiversidad/abci-mediterraneo-contra-cuerdas-201602121011_noticia.html





