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Científicos mexicanos mejoran propiedades del chile habanero para su producción comercial en Yucatán

Mérida, Yucatán, México, 29 de noviembre de 2017, México Ambiental.- Yucatán es centro de diversidad genética de chile habanero, un vegetal de una importancia económica fundamental para los agricultores de la península. Por eso, desde 2002, el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) desarrolla y opera un programa estratégico de investigación a partir del trabajo de investigadores de su Unidad de Bioquímica y Biología Molecular (UBBMP) quienes se han involucrado en el proyecto desde aspectos básicos, hasta formular un plan de rescate y resguardo del material genético de la región.

Los  científicos liderados por la Dra. Nancy Santana Buzzy, investigadora de la UBBMP, comenzaron la investigación hace diez años, cuando se dieron a la tarea de colectar semillas de chile habanero de la región, para estudiarlas.

Las semillas se caracterizaron morfológica, agronómica y molecularmente. El trabajo comprendió una caracterización sustentada en 29 marcadores aceptados internacionalmente para describir a las plantas de chile habanero como la altura, color de la flor, color del fruto, etc., y con este material se estableció un banco de germoplasma, que actualmente cuenta con 300 accesiones.

Después desarrollaron diversas herramientas para identificar y proteger genotipos (la totalidad de la información genética que posee un organismo) de interés.

Además crearon protocolos para regenerar plantas in vitro orientado a desarrollar métodos biotecnológicos destinados al mejoramiento genético de chile habanero. Entre los estudios, determinaron los contenidos de capsaicina –el componente activo de los pimientos picantes- para obtener variedades mejoradas que conservaran las características de los chiles pero que al mismo tiempo fueran más productivas, tolerantes y adaptadas a las condiciones de la región

Con estas acciones, los investigadores del obtuvieron ocho variedades puras: cuatro naranjas, tres rojas y una amarilla. Estas variedades se distinguen por su aroma, sabor y por su alto grado de pungencia, es decir, el grado de picor que tienen y que van desde los picantes hasta los picantísimos.

Aunque estas variedades no son inmunes a enfermedades o plagas, sí son resistentes. La Dra. Nancy Santana explicó que esto permite que las plantas enfermas, aún sigan produciendo normalmente.

Las variedades desarrolladas por el CICY están pensadas para distintos usos comerciales y pueden usarse en la industria alimentaria, pero también la farmacológica, de cosméticos e inclusive la militar. Seis de estas ocho variedades ya se han registrado ante el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas de la Sagarpa.

Para potenciar la producción del chile habanero, los científicos del CICY han entregado semillas mejoradas a los productores, a fin de contribuir a la satisfacción de las necesidades sociales, y se han realizado pruebas en campo de las distintas variedades.

Merced a un adecuado manejo del cultivo, que puede incluir técnicas de cosecha orgánica ya se observan los resultados en campo. Aunque las plantas sean pequeñas producen más frutos que las plantas de chile habanero comunes.

El trabajo de investigación del CICY se orientan a diversificar los usos del chile habanero, para aumentar su valor agregado; incrementar el conocimiento, la protección y el aprovechamiento de estos recursos genéticos, tan importantes para Yucatán, e incidir favorablemente en la economía de la región.

En paralelo a la investigación el trabajo de los científicos ha permitido elevar la calidad de vida de muchas mujeres yucatecas de la comunidad indígena de Cuzamá –y de otras localidades- donde las opciones eran escasas. En esta comisaría yucateca el desempleo y las altos índices de violencia a causa de la falta de oportunidades, eran algo constante. Ahora, a partir de la capacitación de la Fundación Educar para Producir y el asesoramiento científico y técnico del Centro de Investigación Científica de Yucatán, un grupo de ocho mujeres, reacondicionaron los patios de sus casas para crear invernaderos donde producen chile habanero. Y ya empezaron a comercializar.

Con este ejemplo es notable que la generación de conocimiento científico tienen un uso directo para beneficio de las comunidades.

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