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Científicos mexicanos alertan por la cicatriz sísmica en la península de Baja California y noroeste de México *

Ensenada, Baja California, México, 19 de octubre de 2017, México Ambiental.- Para estar condiciones de responder oportunamente ante una eventualidad sísmica o cualquier otra circunstancia relaciona, el Valle de Mexicali en Baja California -ubicado al sur del sistema de fallas de San Andrés y que en esta zona cambia su nombre a fallas Imperial y Cerro Prieto- es investigado y monitoreado por sismólogos del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE) desde la década de los 70 pero a partir de 2010, también es vigilada por estaciones geodésicas permanentes que se apoyan con la navegación satelital, lo que conocemos comúnmente como GPS. Y es que hay que estar listo para el gran terremoto.

El Dr. Alejandro González Ortega, investigador del Departamento de Sismología y coordinador de la Red Geodésica del Noroeste de México (REGNOM), explicó lo anterior al aceptar el riesgo sísmico inminente de toda esta amplia zona de la península de Baja California asentada sobre 19 sistemas de fallas.

 

El objetivo general de esta profunda investigación en todo el noroeste y en particular en la península de Baja California, es obtener la velocidad tectónica de desplazamiento a largo plazo para modelar la información y junto con las agencias estadounidenses, interpretar los datos para crear escenarios dentro de un modelo de peligro sísmico de las Californias. “Este modelo incluye prepararse para el tan esperado gran sismo de California, el ‘Big One’”, refirió el científico del CICESE.

 

Y explicó: “La mayoría de las personas que crecemos en Baja California nos familiarizamos con esta frase: nuestra península se desplaza 6 centímetros por año hacia el noroeste. Con el paso del tiempo nos enteramos que efectivamente no se convertirá en una isla y poco a poco superamos este hecho. Pero ¿es posible saber en qué parte de la península sucede este desplazamiento?”.

 

Con esta interrogante que persiste en el ánimo de los habitantes de toda la península, el científico aceptó que todavía “… es imposible predecir cuándo ocurrirá un sismo”, pero confirmó que los investigadores de las ciencias de la Tierra -de México y Estados Unidos- aprovechan las nuevas tecnologías y se esfuerzan para entender mejor la dinámica y el comportamiento sísmico de las Californias, “… que albergan a la mediáticamente famosa falla de San Andrés”.

 

De hecho, esta gran cicatriz que existe por la fricción de las placas tectónicas Norteamericana y del Pacífico se monitorea en Estados Unidos pero lo cierto es que la deformación que provoca “… no termina en la frontera con México, pues la naturaleza no se detiene por estas divisiones políticas”, de allí que los científicos mexicanos realizan un trabajo muy intenso e significativo para entender el comportamiento de las placas y las fallas donde se asienta la península.

 

Ahora mismo, expresó, la ciencia de la Tierra se encarga de representar la forma y cambios del planeta y con el uso de las nuevas tecnologías, la geodesia complementa su labor con información del Sistema de Posicionamiento Global (GPS, en inglés).

 

Actualmente la Red Geodésica del Noroeste de México (REGNOM) se integra por 25 estaciones incorporadas a la infraestructura de las estaciones sismológicas del CICESE ubicadas en Baja California y Sonora. En dichos puntos de registro es posible medir la aceleración del terreno y la velocidad con la que se propagan las ondas de un sismo. Con la integración de la red geodésica es posible agregar una variable más: cómo se desplazan las fallas geológicas, dijo el experto.

 

La red se consolidó después del sismo de Mexicali del 4 de abril de 2010, con la pretensión de colocar un instrumento GPS junto con un instrumento sismológico, medir las variables en el mismo sitio y así aprovechar la infraestructura de comunicación de las estaciones. Ahora mismo por telemetría, satélite, señales radiofónicas o recolección presencial de datos, esta información de desplazamiento se recibe en el CICESE para su análisis e interpretación.

 

El CICESE, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y las agencias internacionales como el Servicio Sismológico de Estados Unidos (USGS), el Centro Sísmico del Sur de California (SCEC, ídem) así como la corporación sin fines de lucro UNAVCO, se interesaron en instrumentar sitios al norte de Baja California donde hacen falta estaciones o donde el equipo ya no funciona correctamente. De esta forma se instaló una nueva generación de instrumentación geodésica.

 

El especialista señaló que la REGNOM permite monitorear la relajación post-sísmica que no es otra cosa sino la forma en  cómo se va relajando la corteza después del sismo. “Esto es importante porque con estos parámetros conocemos la viscosidad de las capas que están debajo de la Tierra, de la corteza terrestre”, indicó el Dr. Alejandro González.

 

Las estaciones de esta red utilizan el Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS, en inglés), que incluye a todos los sistemas de navegación: GPS (EEUU), GLONASS (Rusia), Galileo (Unión Europea) y BeiDou (China). El GNSS cuenta con una constelación de 70 satélites.

 

La geodesia ya se desarrollaba en el CICESE con estaciones temporales, a cargo del investigador Javier González, quien estableció las bases para consolidar la red. En el pasado existían pocas estaciones permanentes, dos de ellas ubicadas en San Pedro Mártir e Isla Guadalupe.

 

A partir de la colaboración y apoyo económico de Caltech y CICESE, se instalaron siete estaciones geodésicas en el Valle de Mexicali, unos meses después del sismo de 2010. En 2015 se montó la primera estación oficial de REGNOM en el ejido Heriberto Jara y las instalaciones en San Luis Río Colorado (Sonora), San Felipe, San Vicente, Santo Tomás, Alamar, Valle de las Palmas y Cerro Prieto (en Baja California). Cerro Prieto, por cierto, registra el proceso de hundimiento por la extracción de vapor en este campo geotérmico.

 

En 2017, Alejandro González, Elvia Ramón, Armando Valdez y Sergio Arregui  -científicos que integran esta red- han montado en la Sierra Juárez, cuatro sitios para monitorear las fallas de San Miguel y Vallecitos. Y realizaron una visita a la Isla Coronado para rehabilitar un sitio de GPS que ya no estaba funcionando.

 

La instalación más reciente fue en San Quintín, al sur de Ensenada, una estación que brinda una perspectiva de referencia, pues forma un triángulo con las estaciones de Isla Coronado y de San Luis Río Colorado para anclar estos sitios y así observar el desplazamiento de las demás estaciones en relación a éstos. Cada estación tiene un alcance de 30 kilómetros, en términos de área.

 

Baja California se encuentra ubicada entre 19 sistemas de fallas. 85 % de la deformación tectónica en esta zona sucede en el Valle de Mexicali y es fue la razón del sismo de 2010. El porcentaje restante se distribuye en otras fallas.

 

Aclaró que ello no significa que las demás fallas se salvan de presentar un sismo de gran magnitud. En el sismo de 2010 fue la falla “oculta” Indiviso, que actuó junto con otras fallas en la Sierra Cucapah. En ese momento no se tenía conocimiento de ella, aceptó.

 

Refirió contundente que lo que sucede en una falla es que se concentra esa deformación y eventualmente, se acumula energía suficiente para que ocurra un sismo. Y lanzó una pregunta desconcertante: ¿Cómo se va distribuyendo esa deformación en estas fallas para que nos dé un sismo de tal magnitud, de tales características? “Esa es la pregunta del momento: ¿Cómo se va distribuyendo la deformación de las placas hacia las fallas para la sismicidad futura?, refirió el investigador.

 

Para intentar responder, explicó que con estudios de geodesia, es posible conocer cuánta deformación absorbe cada falla. De esos seis centímetros anuales de desplazamiento, cuántos milímetros se mueve cada una de ellas. “Antes pensábamos que solo la falla Cerro Prieto era la que absorbía 85% de la deformación. Y no, ahora sabemos que existen otras, como la Indiviso, que se reparten esa deformación”, mencionó.

 

Por eso ahora para obtener información precisa, cada estación geodésica permanente requiere permanecer de dos a tres años instalada para arrojar datos con pequeños márgenes de error y así obtener la velocidad tectónica. Y es que cada satélite registra desplazamientos de milímetros a aproximadamente 20 mil kilómetros de distancia de la Tierra, todos los días.

 

El objetivo general es obtener esa velocidad tectónica a largo plazo para modelar la información y en colaboración con las agencias estadounidenses crear escenarios dentro de un modelo de peligro sísmico de las Californias. Este modelo incluye prepararse para el tan esperado gran sismo de California, el “Big One”, alertó el hombre de ciencia mexicano.

 

Las estaciones de la REGNOM suelen instalarse en lugares seguros, como escuelas o estaciones de bomberos. El personal de la REGNOM da capacitaciones a estudiantes, maestros e involucrados para que puedan adoptar el equipo geodésico. Trabajan con ellos a través de demostraciones y experimentos para envolverlos de alguna manera en el trabajo científico. De esta forma los adultos saben qué hacer con la estación en casos emergentes como un corte de energía eléctrica, por ejemplo. “Lo van adquiriendo para ellos, porque es de ellos, a final de cuentas”, aseguró el investigador.

 

La elección del sitio para instalar una estación corresponde a la distribución de las fallas, si el lugar garantiza seguridad al equipo a largo plazo, si se tiene permiso de los dueños, entre otros. Si no hay sitios seguros cerca, las estaciones se instalan casi escondidas, debido a situaciones de vandalismo que se han presentado anteriormente.

 

Bajo este marco, 2018 será también un año importante para la red, pues se cumple el plazo de tres años de haber sido instaladas las primeras estaciones y con los datos obtenidos se estimará la absorción de cada una de las fallas y con ello podrá realizarse una estimación de la velocidad tectónica.

 

Lo que sigue para la red es buscar opciones que hagan frente al reto tecnológico de comunicar todas las estaciones. Por las características geográficas y capacidades de comunicación, algunas estaciones se comunican por internet, otras por radio, etc. En la actualidad, las estaciones ubicadas en la Sierra Juárez no están comunicadas porque no hay infraestructura disponible para ello. Y aunque es posible comunicar las estaciones por satélite, es un proceso muy costoso debido a la necesidad de instalar antenas que hagan posible el envío de datos. Recuperar datos es una operación manual. Técnicos de la red acuden a las estaciones incomunicadas cada 3 a 6 meses para colectar datos.

 

Otro de los objetivos es instalar más estaciones, sobre todo en la falla de San Miguel, que ya presentó un par de sismos de magnitud 6 en la década de los 50, que sin embargo no provocaron daños a la población de Rosarito y Tijuana. El Dr. Alejandro González Ortega  dijo que es necesario tomar en cuenta que en ese tiempo estas ciudades no estaban tan pobladas como ahora. Además, hace falta monitorear geodésicamente las fallas de Vallecitos y Agua Blanca, ya que por ahora solo cuenta con estaciones sismológicas. Pero el riesgo sísmico en la zona es permanente.

 

 

* Con información de Stephannie Lozano y fotografías de Damián Loera / CICESE

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