Fotos: TÉLAM / TWITTER GREENPEACE ARGENTINA
Buenos Aires, Argentina, 7 de mayo de 2018, El País.- Los habitantes de Buenos Aires recuerdan aún la humareda negra que salía de miles de chimeneas a diario. Hasta finales de los 70, cada edificio tenía su horno y los porteros quemaban de noche la basura generada por los inquilinos. Preocupadas por la contaminación ambiental, las autoridades de la ciudad prohibieron esa práctica y apostaron por los vertederos. En 2005, la ley Basura Cero fijó metas ambiciosas de reducción de residuos: un 20% para 2010, un 50% para 2012 y un 75% para 2017. Ni siquiera la primera se ha cumplido y los rellenos sanitarios están al borde del colapso. Frente a esa amenaza, la ciudad ha vuelto a autorizar la incineración, entre críticas de organizaciones y recicladores urbanos. Se hará mediante plantas termovalorizadoras, que generan energía de la combustión de residuos.
La legislatura porteña, controlada por el oficialismo, aprobó el jueves la reforma de la ley con 36 votos a favor y 22 en contra, pero la sesión terminó a los gritos con los detractores. “Quemar basura mata”, “No a la incineración, sí al reciclaje”, podía leerse en las pancartas que integrantes de Greenpeace y recicladores urbanos exhibieron dentro y fuera del edificio. El alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, lo ve como “un paso a la modernidad enorme”. Quienes se oponen, hablan de un “gran salto hacia atrás”.
“Las plantas de generación de energía a partir de la basura es lo que se hace en todo el mundo y no contamina”, aseguró a los medios Larreta. “Es totalmente distinto a los setenta, la tecnología ha avanzado muchísimo con el objeto de generar energía. Europa, a pesar de tener unas tasas de reciclado mucho más altas que Argentina, es el mayor utilizador de la incineración”, dice por teléfono el diputado oficialista Gastón Blanchetiere tras apoyar la reforma de la ley. La termovalorización “es el medio más eficiente y el que menos contaminación genera”, defiende.
“El gobierno lo vende como una solución a la basura y a la energía, pero es una de las energías más costosas del mercado y atenta contra el reciclaje, que es la solución a la basura”, se opone Leonel Mingo, coordinador de campañas de Greenpeace. Desde la Cámara de Recicladores del Plástico consideran que “es una ilusión” pretender solucionar así el problema de los residuos. Cerca de 17.000 toneladas de basura llegan a diario a los vertederos del cinturón metropolitano, de los que unas 3.500 proceden de Buenos Aires y el resto de su periferia. Al ritmo actual, el espacio disponible se agotará en cinco años.
La ley de Basura Cero contemplaba importantes campañas de concientización y medidas para incentivar el reciclaje en origen, pero han sido un fracaso: la mayoría de los habitantes de Buenos Aires tira toda la basura junta. La ciudad ha instalado puntos verdes y contenedores de plástico, papel y vidrio por todos los barrios, pero a menudo hay que caminar varias calles para llegar hasta ellos.
De las 2.000 plantas incineradoras que funcionan en el mundo, unas 500 están en Europa, según el Gobierno porteño. Viena tiene una en el centro de la ciudad y la exhibe en recorridos turísticos organizados por el ayuntamiento. También hay plantas en Copenhague y París. Pero, a diferencia de Buenos Aires, estas capitales europeas cuentan con eficaces sistemas de separación de residuos en origen y tienen en el horizonte la economía circular: reparar, reutilizar y reciclar todo lo que sea posible para evitar que termine en un vertedero o incinerado.
La nueva normativa argentina contempla que sólo podrán ser incinerados aquellos residuos que no sean reciclables, por lo que el Gobierno municipal sostiene que no se verán afectados los recicladores urbanos, más de 5.000 entre formales e informales. Pero los ecologistas dudan que se cumpla la ley. Por un lado, debido “a la pésima separación en origen”, dice Mingo; por otro, porque “los residuos que se podrían reciclar son los que más combustión producen”.






