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Aguacate michoacano: el “oro verde”, manchado de rojo y de ceniza

Rafael Malpica

Fotografía: Jonatán Malpica

Morelia, Michoacán, México, 21 de abril de 2020, México Ambiental.- El incendio forestal comenzó en las partes bajas del cerro de los Tres Picos, en el municipio de Tacámbaro en el estado de Michoacán, ubicado sobre el Eje Neovolcánico Transversal de México. Se identificó el lunes 13 de abril, y en menos de cuatro días, afectó 1,100 hectáreas de bosques de pino, encino, acahual y pastizal. Ahora seguramente son más. Lo único que se sabe es que fue provocado, y ha requerido el desplazamiento de brigadistas contra incendio de la Comisión Nacional Forestal y la de Michoacán, elementos de la Guardia Nacional, de la Secretaría de la Defensa Nacional, y de diferentes corporaciones de seguridad pública, así como voluntarios locales. El incendio ha generado el desplazamiento, pero también la muerte de fauna salvaje y ganado menor. No hay personas lesionadas y tampoco culpables… hasta ahora.

La historia es recurrente; es cíclica. En temporada de estío, pero incluso antes como ahora, los campesinos ejidatarios, y pequeños propietarios, tumban la maleza, rozan los campos y queman los desechos vegetales. Con esta práctica ancestral para preparar la tierra, y condiciones eventuales apropiadas, como un cambio en la dirección del viento, o un descuido de los labradores, un incendio puede propagarse y, de hecho, así sucede. O puede ser completamente dirigido, y con un propósito definido: abrir más tierras al cultivo de aguacate, principalmente. El llamado “oro verde”, un monocultivo manchado de rojo y de ceniza.

En Tacámbaro, como en muchos municipios michoacanos que comprende la franja de cultivo de aguacate, la situación es diferente, porque los incendios, puede no ser accidentales. Y es que al amparo de estas prácticas agrícolas, se provocan incendios en terrenos de vocación forestal, para obligar al cambio de uso de suelo, e inducir así la siembra de las diferentes variedades de un frutal mexicano de alto valor en el mercado: aguacate (Persea americana), una planta angiosperma de la familia Lauraceae, nativa de América del Norte (y específicamente de la región mesoamericana), de la que se han desarrollado múltiples variedades de alto valor comercial, y características peculiares para adaptarse a diferentes climas, suelos y altitudes.

Descarga de agua desde el helicóptero ruso Mi-17. Imagen del operador de esta unidad aérea

En Michoacán, un reporte fechado en abril de 2019 del Centro de Información de Mercados Agroalimentarios (CIMA), dependiente de la Agencia de Servicios a la Comercialización y Desarrollo de Mercados Agropecuarios (ASERCA) de México, indicó que la entidad cerró 2018 con una producción de 1 millón 668 mil 356 toneladas de aguacate, que representó 76.3 % de los 2 millones 186 mil 376 toneladas que se produjeron en todo el país.  De acuerdo a la Secretaría de Desarrollo Rural y Agroalimentario estatal, se cultiva casi 80 por ciento de la producción nacional de aguacate (76 % en realidad), con un valor de exportación de casi 2 mil 400 millones de dólares, sin considerar el valor de la venta en el mercado nacional.

Cambiar bosques de pino y encino es, así, muy atractivo por ser altamente lucrativo. Tanto, que, de acuerdo al gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, de las 200 mil hectáreas de aguacate en producción, prácticamente la mitad, entre 60 y 100 mil hectáreas, son irregulares e ilegales. Lo dijo hace un año, el 29 de marzo de 2019 en Morelia… pero el problema persiste.

Gobernador de Michoacán Silvano Aureoles. Foto: Gobierno de Michoacán

Destrucción forestal con fuego

Un perro ladra a lo lejos. Son varios, de hecho. La polvareda que levanta las aspas de un helicóptero de la Guardia Nacional, que aún lleva logotipos y el nombre de la Policía Federal de México, marca la ruta de un sobrevuelo de las autoridades del gobierno federal, y militares, para evaluar la magnitud del desastre en Tacámbaro. El cielo azul, de pronto, se corta con una densa columna de humo gris, que contiene partículas de vegetación carbonizada. Más allá, desde el aire, el impacto visual es claro. El ambiente en la cabina y en el espacio de carga, huele a quemado. Las llamas consumen todo a su paso, o lo harán en breve. Por eso las autoridades aceleran las tareas y el envío de efectivos. La lucha contra el fuego, es contra reloj. Paradójicamente, este incendio también genera beneficios porque facilita la germinación de semillas de árboles forestales. Si se evita la siembre de aguacate o de otros cultivos de valor alimenticio, el predio iniciará de cero sí, pero con amplias posibilidades de asentar una colonia de vegetación secundaria –un acahual-, que, con los años, permitirá restablecer la cubierta forestal original. Pudiera no estar perdido, todo.

Ante el incendio de Tacámbaro, el gobierno de México, decidió activar el Plan DN-III-E, que es un Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre, y es operado por la Secretaría de la Defensa Nacional, que esta vez desplegó elementos para auxiliar en las labores de seguridad, y de combate al fuego.

Para apoyar las labores de combate, las tareas de gestión de Roberto Pantoja Arzola, delegado estatal de los Programas para el Bienestar en el Estado de Michoacán, ante la Sedena, fueron determinantes para autorizar el envío de dos helicópteros Mi-17 fabricados por la empresa rusa Mikhail Mil, con equipo adecuado para el desplazamiento de 1,800 litros de agua y productos químicos que inhiben el fuego, al verterse directamente a los campos incendiados. El Mi-17, es un helicóptero bimotor, de 18.30 m. de largo, 5.65 m. de alto, y un techo de servicio de hasta 19,500 pies. Tiene un peso máximo de despegue de 14, mil kg., y en México y el mundo, se usa para misiones diversas como: transporte aéreo de personal y de carga; transporte de carga externa; aplicación del plan DN-III-E; operaciones aéreas especiales; búsqueda y rescate; evacuación aeromédica, y extinción de incendios.

Otra parte esencial del apoyo militar a las acciones para combatir los incendios forestales, y particularmente el de Tacámbaro, se debe al trabajo del general brigadier DEM Fidel Mondragón Rivero, quien es el encargado de coordinar toda la estrategia de seguridad de la Guardia Nacional, en territorio michoacano.

De allí la necesidad de evaluar esta conflagración, para establecer la estrategia correcta de contención. Por eso hoy, los representantes del gobierno mexicano sobrevolaron la zona.

Y por eso también, para reforzar la seguridad en esta zona donde existen grupos de delincuencia, relacionados con la tala forestal, enervantes y cultivo ilegal de aguacate, al menos 100 elementos de la Guardia Nacional acantonados en Ario de Rosales, se concentraron en el sitio de la conflagración, para sumarse a las tareas de control del fuego.

Ahora mismo, el incendio es combatido por elementos de la Sedena, brigadistas de la Comisión Nacional Forestal, de la Comisión Forestal del Estado de Michoacán, y en acciones de seguridad y vialidad, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán, de la policía municipal de Tacámbaro, y de la Coordinación de Protección Civil estatal. Las y los brigadistas, y elementos policíacos y militares, son parte del personal en activo, en tareas esenciales. Para ellas y ellos no hay aislamiento social. Ni movilidad restringida. La pandemia de la Covid-19 y la defensa contra el coronavirus CoV-2, se enfrentan de forma diferente. En el campo. Igual que las y los trabajadores de la salud. Ellas y ellos deben estar combatiendo incendios forestales. Y lo están.

El gobierno de Michoacán, anunció que la Fiscalía General del Estado, realizará las investigaciones necesarias para descubrir la identidad de los responsables de este incendio, que serían puestos a disposición del ministerio público, que bien podría ser federal, por el daño a la cubierta forestal.

Ayer, en un paraje incendiado del cerro de los Tres Picos, municipio de Tacámbaro, se realizó la búsqueda y rescate de dos voluntarios que quedaron atrapados en la zona siniestrada, dio a conocer la Coordinación de Protección Civil de Michoacán, que confirmó que no presentaban lesiones aparentes, aunque debieron pasar la noche en el sitio.

Una vez identificado el incendio, el pasado 13 de abril, la primera acción de combate la realizaron elementos del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tacámbaro, y rancheros de la zona afectada. Más tarde, al avanzar el fuego, y extenderse por predios boscosos, fue necesaria la intervención de brigadistas de la Comisión Forestal de Michoacán, y bomberos forestales federales de la Comisión Nacional Forestal.

De acuerdo a la autoridad forestal estatal, en la presente temporada de incendios –que inicia-, se han registrado en la última semana, al menos 2 mil hectáreas afectadas por el fuego. En Morelia, la capital de Michoacán, se han atendido dos incendios por quema de pastizal. Y en el ejido Santiago en el municipio de Tuxpan, sigue activo desde hace 10 días un incendio forestal que ha devastado 600 hectáreas de bosque y pastizal; las labores de combate continúan. Además de eso, en las inmediaciones de la ciudad de Uruapan y Capacuaro, en el municipio de Uruapan, una zona eminentemente aguacatera, se han incendiado 300 hectáreas, que presumiblemente se pretenden utilizar para la siembra de aguacate.

Incendios forestales y aguacate

La temporada de incendios forestales en Michoacán, apenas comienza. De acuerdo a los pronósticos meteorológicos, los meses de abril, mayo y junio serán muy cálidos, y si se agrega la sequía temporal que se abate por buena parte de México, se conjugan elementos para que esta temporada sea propicia para incendios en predios naturales. En Michoacán, un elemento de mayor peso es, sin duda, la necesidad de ampliar la superficie de cultivo de aguacate (y otros productos como arándano, y berries, o fresas y zarzamoras), así como para atender necesidades del desarrollo urbano habitacional, lo que pronostica un período de ata densidad de incendios forestales.

La Secretaría de Desarrollo Rural y Agroalimentario de Michoacán, confirmó el año pasado que, en la entidad, operaban 40 mil productores de aguacate, que generan más de 16 mil 800 empleos fijos al año, y 70 mil plazas temporales, especialmente pizcadores.

Un estudio del Servicio de Información Agroalimentario y Pesquero (SIAP) de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), reveló que, en 2019, Michoacán rompió el récord nacional en producción de aguacate, con la producción de un millón 725 mil toneladas, que representó un aumento de 3.4 por ciento del volumen de producción en 2018. De este volumen, se exportaron un millón 22 mil de toneladas de aguacate a Estados Unidos, Canadá, Japón, China, y diferentes países de europeos y centroamericanos, con ingresos de divisas por algo menos de 2 mil 400 millones de dólares.

Michoacán ocupa el primer lugar mundial en la producción de aguacate y de berries, que, en contraparte, provoca los mayores problemas ambientales, al inducir la pérdida de cubierta vegetal y el cambio de uso de suelo. Es, además, una actividad agroindustrial en la que es más frecuente y evidente la presencia de grupos de delincuencia organizada, que ha diversificado sus “unidades de negocios”. Su operación aquí, es tolerada por las autoridades locales. EL SIAP confirmó que en la última década la producción de aguacate ha crecido 87 por ciento; prácticamente se duplicó la superficie sembrada del año 2010, para acá.  Muchos predios son ilegales y los grupos de las diferentes plazas, los administran, y controlan la producción.

En su Boletín Mensual de Producción de Aguacate del mes de febrero de 2020, el Servicio de Información Agroalimentario y Pesquero, informó que, al mes de enero de 2020, la superficie sembrada de aguacate del ciclo 2020 en todo el país, es de 241 mil 140 hectáreas, de las cuales se han cosechado 164 mil 346; 15 mil 161 más (10.2%), con relación al año anterior.

Foto: SIAP

Solo en este mes de enero, la producción obtenida de aguacate en México es de 206 mil 466 toneladas; 0.5% (1,026 ha.) más, si se compara con las 205,439, reportadas en enero de 2019.

De acuerdo al avance en el período, los estados con los mayores crecimientos en su volumen de producción son: Jalisco 1,602 toneladas (19.6 %), Michoacán 324 (0.2 %), Oaxaca 96 (12.8 %) y Guerrero con 42 toneladas (11.1 %) más de lo obtenido en 2019.

Foto: SIAP

En el avance de producción al mes de enero de 2020, Michoacán es el líder productor indiscutible de aguacate, que aporta 94.6 % (195,366 toneladas) a la producción total nacional, seguido de Jalisco con 4.7 % (9,759 ton.). Ambas entidades federativas concentran en este momento específico, 99.4 % (205 mil 125 ton.) de toda la producción de aguacate del país. Al final del período, Michoacán podría cerrar con un aporte cercano a 80 por ciento de la producción nacional del frutal. El Banco de México, en un documento público, informó que, al cierre de 2018, el valor de las exportaciones de aguacate alcanzó los dos mil 494 millones de dólares.

En abril de 2018, en un comunicado oficial, el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), informó que, en 2017, “… al cierre definitivo de cosechas, el aguacate casi alcanza los 33 mil 848 millones de pesos, sólo en Michoacán, en cuanto a valor de la producción se refiere”. La superficie, oficial y legal, sembrada de aguacate ese año, fue de 158 mil 804 hectáreas.

Foto: Senasica

Actualmente el SIAP estima oficialmente que la superficie legalmente sembrada de aguacate en Michoacán oscila entre 158 mil 804 y 167 mil 745 hectáreas. Sin embargo, hace un año, el 29 de marzo de 2019, el gobernador Silvano Aureoles, al poner en marcha la Campaña Estatal de Combate de Incendios Forestales, admitió que la mitad de las 200 mil hectáreas de cultivo de aguacate que se encuentran en el estado, son irregulares, y prometió poner orden al tema de cultivo de aguacate y también de berries.

Dijo que “… los intereses a medio plazo han generado dificultades grandes ya que el factor económico ha predominado sobre el ambiental, como lo es el tema del cultivo de aguacate donde son 200 mil hectáreas las que se encuentran en el estado y de éstas, 50 por ciento está en condiciones de ilegalidad e irregulares”.

Entre 60 y 100 mil hectáreas de aguacate en Michoacán son ilegales, dijo el gobernador michoacano, al acusar que “… no tienen permisos de cambio de uso de suelo, ni de impacto ambiental y a la brava se derribaron los árboles y metieron aguacate, como si fuera un territorio sin ley, de ahí, que se tiene que ordenar dicho cultivo de aguacate a la par de ordenar el cultivo de berries para establecer criterios básicos, en donde no están contra de la producción sino de impacto ambiental que generan”.

En estos momentos en realidad nadie sabe cuál es la superficie total cultivada con aguacate. La superficie legal, y el territorio ilegal.

Un año después, en Michoacán, la quema de bosques, pastizales y acahual, sigue. Los incendios forestales provocados, para ampliar la superficie de cultivo, siguen. El cambio de uso de suelo, sigue. Las operaciones de siembra ilegal de aguacate, siguen. La mezcla de aguacate legal e ilegal, para comercializarse en el extranjero y en el mercado interno, sigue. La contaminación por pesticidas, fungicidas y fertilizantes químicos, sigue. Los cánceres de piel, tejido y sangre entre la población dedicada al cultivo de aguacate, siguen. Los abortos espontáneos en mujeres expuestas a esta contaminación, siguen. El flujo de dinero legítimo e ilegítimo del aguacate michoacano, sigue. El control de la actividad agroindustrial por parte de grupos delictivos, sigue. No hay detenidos; la impunidad de los culpables, sigue. La ilegalidad sigue. El “territorio sin ley”, en el ámbito del cultivo de aguacate, sigue. El discurso político sobre la ilegalidad de los cultivos de aguacate en Michoacán, ése, ese no sigue.

Y nadie habla del lado más oscuro del aguacate, de esta agroindustria llamada “oro verde”, que genera empresas, prosperidad, riqueza, empleo, estabilidad; pero al mismo tiempo, pobreza, marginación, miseria, contaminación, muerte, desertificación, escasez de agua potable, y una crisis ambiental de nivel insospechado. El aguacate michoacano, el “oro verde”, es un cultivo manchado de sangre y de muerte. En Michoacán, todo el mundo lo sabe. Y todo el mundo lo calla… también.

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