Por: Dr. Lorenzo Rojas Bracho y MC Armando Jaramillo Legorreta
Ciudad de México, DF, México, 30 de marzo de 2016, México Ambiental.- Este texto de estos dos investigadores de Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), está publicado en el sitio web de la Secretaría de Medio Ambiente y recursos Naturales (Semarnat) y se orienta a divulgar un conocimiento actualizado sobre la vaquita marina (Phocoena sinus), un mamífero marino en grave riesgo de extinción, protegido por leyes ambientales mexicanas. La ubicación exacta de este trabajo es http://www.inecc.gob.mx/con-eco-vaquita/417-vaquita-intro
¿Qué es la vaquita?
La vaquita Phocoena sinus es un cetáceo, al igual que las ballenas y los delfines, perteneciente a la familia de las marsopas (Phocoenidae), las cuales se caracterizan por tener un cuerpo robusto, rostro romo (el hocico no sobresale de la cabeza como en la mayoría de los delfines) y la corona de los dientes es aplanada, en forma de espátula, a diferencia de los dientes cónicos de los delfines.
Está clasificada dentro de las categorías más críticas de las especies amenazadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la Convención Internacional para el Tráfico de Especies en Peligro de Fauna y Flora Silvestres (CITES, 1997) y la Norma Oficial Mexicana (NOM059-SEMARNAT 2001). En 1996 la IUCN consideró que la vaquita, como especie críticamente amenazada, que puede extinguirse a menos que los esfuerzos de conservación se incrementen sustancialmente.
¿Es el cetáceo más pequeño del mundo?
Así lo consideran la mayoría de los investigadores. Las hembras maduras miden alrededor de 1.42 m y pesan aproximadamente 45 Kg. Por su parte los machos maduros miden alrededor de 1.36 m y pesan aproximadamente 34 Kg.
¿Cuáles son sus características más distintivas?
Principalmente son los parches negros alrededor de los ojos y de los labios. La forma de su aleta dorsal es falcada, esto es, en forma de hoz, parecida a la de los delfines. Su aleta dorsal y las pectorales son proporcionalmente más grandes que las de las otras marsopas.
¿Se le encuentra exclusivamente en México y cuál es su distribución?
Efectivamente, es lo que llamamos una especie endémica de México porque únicamente se distribuye en el Alto Golfo de California y en la región más norteña del Golfo Norte. Todas las evidencias indican que su distribución siempre ha estado restringida a esta zona, aunque algunos investigadores llegaron a considerar que históricamente también se le encontraba a lo largo de todo el Golfo de California hasta las Islas Marías. En un estudio reciente sobre el hábitat de los cetáceos a nivel mundial, utilizando modelos espaciales, se señaló que el hábitat potencial de la vaquita sólo podría extenderse hacia el sur del Alto Golfo cerca del límite sur de Isla Tiburón, en Sonora. Además, no existen evidencias físicas (restos óseos, fotografías, etc.) que apoyen una extensión del rango de distribución de vaquita más allá de Golfo Norte. Por todo esto actualmente es considerada una de las especies de mamíferos marinos con la distribución histórica y actual más restringida en el mundo.
Todos los registros con los que se cuenta de 1972 a la fecha, indican que su distribución se concentra principalmente en el perímetro occidental del Alto Golfo, es decir, del lado de Baja California (Silber and Norris 1991). Actualmente, el Programa de Investigación y Conservación de Mamíferos Marinos del Instituto Nacional de Ecología, lleva a cabo estudios sobre el uso de hábitat de la vaquita por medio de técnicas acústicas. Estos estudios confirman que a lo largo del año la vaquita se encuentra en esta zona.
¿Cómo funcionan las técnicas acústicas para estudiar su entorno?
La vaquita, al igual que otros miembros de la familia Phocoenidae, emite pulsos acústicos o clicks en una estrecha banda de frecuencias entre los 120 y 150 kHz, característica que permitió el diseño de un detector automatizado para la localización de marsopas. Consiste en introducir un hidrófono en el agua conectado a un equipo electrónico, que permite filtrar sonidos en tres bandas, 50 kHz, 71 kHz y 115-145 kHz, siendo esta última la frecuencia en la que emite la vaquita. El equipo digitaliza las señales acústicas y calcula su envoltura, lo que permite la detección visual y auditiva de los clicks de vaquita.
Hasta ahora se han realizado 11 cruceros en los que se han utilizado este tipo de técnicas, con un total de más de 4,000 Km recorridos (sumando todos los transectos). En el año 2001 se decidió experimentar con el muestreo acústico en estaciones fijas, con la embarcación anclada y las máquinas apagadas, lo que dio como resultado un mejor rendimiento en la tasa de encuentros acústicos. Esto se puede explicar porque la vaquita presenta una conducta muy evasiva frente al ruido de los motores de las embarcaciones en movimiento. En cambio, con la embarcación estática (anclada) la emisión de ruido es baja y no afecta la conducta de las vaquitas. Por lo que a partir del 2001, se decidió utilizar el muestreo en estaciones fijas como metodología base, aunque se sigue aplicando el muestreo de transectos al momento de desplazarse entre las diferentes estaciones donde se va a anclar para ser muestreadas.
En cada crucero se cubre toda el área potencial de distribución de la vaquita, con el fin de identificar patrones de movimiento local así como áreas críticas en su distribución. Se ha procurado realizar cruceros que ocupen todas las temporadas del año, aunque en el invierno esto se complica por las condiciones atmosféricas. Hasta ahora se tienen muestreos en todos los meses del año, excepto enero y febrero (Jaramillo-Legorreta et al. 1999).
A la fecha, se han efectuado un total de siete cruceros en los que se ha muestreado un total de 580 horas de esfuerzo en las diferentes estaciones. La bondad de la técnica acústica radica en que a diferencia de los cruceros “visuales”, que dependen del avistamiento de los animales, esta puede ser aplicada durante las 24 horas del día, lo que ha permitido maximizar el esfuerzo, mejorar el rendimiento y obtener datos fuera de las horas de luz. También permite trabajar bajo condiciones en las que la visibilidad no es óptima (por ejemplo condiciones de viento fuertes con olas altas).
Los resultados de estos estudios muestran que la distribución de los encuentros acústicos se ha restringido a una pequeña porción del lado oeste del Alto Golfo de California. Por el momento, ha habido una carencia de encuentros hacia el sur, fuera de la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, así como hacia la porción oriental del Alto Golfo. Estos resultados se pueden explicar por el relativamente menor esfuerzo que se ha aplicado en estas áreas o por una densidad mucho más baja de vaquitas. Los cruceros con muestreo por estaciones han abarcado todas las épocas del año (marzo, abril, junio, septiembre y diciembre), por lo que deben representar con cierta precisión la distribución anual de esta especie. Los encuentros acústicos se han restringido a la zona entre las Rocas Consag y la Bahía de San Felipe, con un estrecho rango norte–sur. Actualmente se continúan estos trabajos y se incorporará un equipo autónomo a ciertas áreas del Alto Golfo, donde las detecciones han sido mínimas o nulas.
¿De qué tamaño es su población y cómo fue estimada?
La manera más simple para conocer el tamaño de una población es mediante un censo, en el cual se debe contar a todos los individuos que la integren (como se hace cada diez años para el censo nacional de población que realiza el INEGI). En el caso de animales marinos esto es prácticamente imposible, sobre todo cuando son tan pequeños como la vaquita y evaden a las embarcaciones, en este caso las científicas. La manera de “estimar” (es decir, cuantificar con ciertos márgenes de error) el tamaño poblacional en el caso de estos animales es calcular durante un crucero, la proporción de animales que no fueron vistos basándose en los animales vistos. Para esto se utiliza un método llamado “Transectos lineales”, que consiste en navegar en líneas rectas, a través del área de distribución de la especie en cuestión, tratando de detectar individuos, o grupos de individuos, y midiendo a qué distancia perpendicular se hallaban del transecto en que fueron detectados. Un requisito importante de este método es que todos los individuos que se hallen en las cercanías del transecto por donde pasa el barco, puedan ser detectados como en un censo simple. Mientras más lejos se hallen del transecto más difícil será su observación, o incluso podrían no serán detectados, lo que significa que no serán contabilizados aunque estén presentes. Se puede comparar el número de individuos detectados en las cercanías del transecto con los detectados en las lejanías, para calcular la proporción aquellos que no fueron contados, ya que en la cercanía del transecto hay 100% de probabilidades de encontrar individuos. Cuando esta probabilidad no es del 100%, como ocurre con animales como la vaquita, se puede calcular con la ayuda de métodos alternativos. En este caso se estimó que la probabilidad de verlas en las cercanías es de 57%. Durante 1997 se efectuó un crucero usando este método, para estimar la abundancia de la vaquita y a partir de este trabajo se estimó que durante ese año la abundancia de la vaquita se hallaba entre 177 y 1073 individuos, siendo el valor puntual calculado, dentro de este intervalo, de 567 individuos. Es decir, el tamaño poblacional para ese año fue de alrededor de 600 vaquitas.
Si el crucero fue en 1997 ¿Hace falta otro para saber si la población ha disminuido y es necesario tomar acciones de conservación?
La respuesta es definitivamente NO, esta es una preocupación de varios sectores, ya que han considerado que no hay datos claros o definitivos que indiquen que la población está disminuyendo. En este aspecto es fundamental aclarar que el estudio y el manejo de especies altamente amenazadas requieren de una aproximación muy diferente a la que se hace con especies o poblaciones que no están en peligro de extinción. De esta manera en el caso de la conservación biológica, las consecuencias de aceptar hipótesis nulas falsas pueden ser muy costosas, debido a que en las poblaciones en peligro de extinción dejan poco margen para revertir el efecto de decisiones incorrectas para su manejo. El caso de la vaquita es un ejemplo ideal de la paradoja de especies altamente amenazadas: el poder para detectar una disminución en la abundancia de una especie (críticamente amenazada) decrece a medida que las poblaciones se hacen más pequeñas y en el caso de la vaquita es inaceptablemente bajo para el rango del tamaño estimado actualmente. Por lo tanto, la detección de una declinación en el tamaño de la población No debe ser un criterio necesario para decretar medidas de conservación en especies raras, como la vaquita (de acuerdo a los modelos de Taylor y Gerrodette, 1993).
De acuerdo con los modelos de los autores citados, a medida que disminuye el tamaño de la población, se reduce la probabilidad para detectar un decremento. Por ejemplo, a pesar de que se realizaran cinco cruceros anuales NO se podría detectar una disminución anual del 5% para tamaños poblacionales de vaquita menores a 3,000 individuos. Con cinco cruceros bianuales, la probabilidad de detectar una disminución de 5% anual es de 0.81, pero solo si la población fuera de 3,000 individuos, y disminuye hasta 0.45% anual si la población inicial fuera de 1,000 vaquitas. Además, a medida que el tamaño de la población decrece, aumenta la tasa detectable de disminución (esto es la tasa mínima de disminución que puede ser detectada con una cantidad de esfuerzo de cruceros dada). Si el tamaño fuera de 300 (tamaño probable con la tasa de captura estimada a partir de 567 individuos) y se intensificara el esfuerzo de cruceros (10 cruceros anuales) daría una tasa de detección mínima de disminución de 18% al año.
¿Qué significa esto? Esta tasa implica una reducción del 86% de la población, es decir, de 300 a 42 vaquitas. Alcanzar este tamaño es inaceptable para poder conservarla (Taylor y Gerrodette, 1993). Los modelos indican que si el tamaño de su población está en un rango de cientos de individuos, como es el caso, el resultado más probable de cualquier crucero será una tendencia no-significativa, aunque la población esté realmente disminuyendo.
¿Qué implicaciones tiene este análisis para el manejo de la población de vaquita?
Existen diferentes razones para llevar a cabo cruceros para estudiar la vaquita, que no implican forzosamente detectar una disminución en el tamaño de la población. En este aspecto es muy importante señalar que los esfuerzos de conservación No deben de estar basados en el hecho de que por medio de los cruceros se detecte un cambio en la población. Esto es, No se debe esperar a tener una detección estadística significativa de la disminución del tamaño poblacional de la vaquita ANTES de implementar medidas contundentes para su conservación, porque esto puede significar su extinción (Taylor y Gerrodette, 1993).
Por otro lado, hay que recordar que los modelos de límites de mortalidad incidental (Potential Biological Renoval, PBR y Declaración de Panamá) indican claramente que no se debe capturar incidentalmente más de una vaquita por año si no se desea llevar a la especie a la extinción (Rojas-Bracho and Jaramillo-Legorreta, 2002). Y esta medida es independiente de la cantidad de cruceros que se realicen por año para conocer su tamaño poblacional.
Por otro lado, si suponemos que la vaquita tiene una tasa de crecimiento poblacional de 4% (considerada razonable para cetáceos pequeños) y se utilizan las tasas estimadas de mortalidad en pesquerías (6.9% o 13.8% anual para mortalidades de 39 y 78, respectivamente), la tasa neta de disminución de la población sería 2.9% o 9.8% anual. De acuerdo a estas tasas, se esperaría que la población hubiera disminuido de 567 en 1997, a 464 o 268 (respectivamente) en 2004. Si en lugar de esto, la tasa de crecimiento poblacional de la vaquita es 6% (la tasa de crecimiento poblacional más optimista para esta especie), las tasas de disminución de la población serían 0.9% o 7.8% (respectivamente) y el tamaño resultante de la población en 2004 sería 533 o 329 (respectivamente). Esto confirma la conclusión del (CIRVA) de que la captura incidental de la vaquita no es sustentable (Rojas-Bracho et al. 2002).
Por lo tanto: (i) el poder detectar una disminución en el tamaño de la población de la vaquita no debe ser un criterio necesario para decretar medidas de conservación en especies raras, como la vaquita, (ii) el resultado de cualquier crucero no revelaría la disminución del tamaño de la población, (iii) los modelos de límites de mortalidad indican que no se puede capturar incidentalmente más de una vaquita al año y (iv) que aún considerando tasas de crecimiento poblacional elevadamente improbables (6%) el tamaño de la población actual sería menor al estimado en 1997. Ante esto resulta inapropiado plantear que es necesaria la información de un nuevo crucero para llevar a cabo medidas para la conservación de esta especie.
¿Por qué está en peligro de extinción?
En la década de los setentas uno de los cetólogos más reconocidos enlistó para la FAO lo que consideró que podrían ser los factores de riesgo para la vaquita. Además de la captura incidental en artes de pesca indicó que la falta de flujo del río Colorado y la contaminación podrían afectar a esta especie. Posteriormente, también se argumentó que la endogamia (depresión endogámica), por el tamaño pequeño de la población, la condenaba a la extinción. Sin embargo, un análisis de los factores de riesgo confirmaron lo que la mayoría de los investigadores sospechaban: que el principal factor de riesgo es la mortalidad incidental en redes de pesca agalleras (Rojas-Bracho and Taylor, 1999). A continuación se presenta un pequeño resumen del análisis de cada factor de riesgo.
Falta de flujo del río Colorado
El caso de la falta de flujo del río Colorado es interesante. La lógica detrás de este argumento es que este curso de agua es la fuente principal de nutrientes para el Golfo Norte, por lo que la desviación del flujo para usos agrícolas y domésticos cortó el aporte de nutrientes a esta región. Sin este aporte, disminuyó drásticamente la productividad y se redujo la concentración de alimentos, el potencial reproductivo y la capacidad de carga (capacidad histórica) de este ecosistema.
Sin embargo, la información disponible hasta ahora indica que la productividad en el ecosistema del Alto Golfo es alta. Puede ser descrito como un área de alta concentración de nutrientes, altas tasas de productividad primaria y elevados valores de biomasa y de volúmenes de zooplancton elevados. Por lo tanto, parece seguro concluir que la disminución del flujo del río Colorado no parece probable que haya reducido la capacidad de carga del Alto Golfo de California para la vaquita. Por otro lado, las vaquitas son depredadores no selectivos, ya que se han reportado hasta 21 especies de presas diferentes en contenidos estomacales de individuos recuperados de redes agalleras. Esto les da una ventaja adaptativa sobre especies estenófagas. Hasta la fecha ningunos de los ejemplares recuperados ha mostrado signos de inanición o desnutrición y se siguen observando madres con crías, por lo que se sabe que se siguen reproduciendo.
En resumen, si se considera: la elevada concentración de nutrientes; las altas tasas de productividad primaria; la alta biomasa de zooplancton; la depredación no selectiva; ninguna evidencia de desnutrición o consumo de presas no comunes y los reportes sobre el status reproductivo de la vaquita, se puede concluir que la disminución de vaquita no se debe a la reducción de flujo de este río.
Sin embargo, es importante señalar que a largo plazo el único riesgo potencial probablemente sea este. El riesgo de que la o las fuentes de nutrientes sean finitas debe ser motivo de preocupación y de investigación inmediata, aunque se sabe que existen varios mecanismos que fertilizan las aguas del Alto Golfo.
Contaminación
Se ha concluido que los contaminantes no son un factor de riesgo para la vaquita. Los niveles de hidrocarburos clorados medidos en el Alto Golfo están muy por debajo de los límites tolerados para el consumo humano, aceptados por la United States Food and Drug Administration (FDA) así como los del clordano propuestos por la National Academy of Science (NAS). Aún más, los datos sobre concentración de contaminantes en tejidos de vaquita, indican que los pesticidas organoclorados o los PCB no son una amenaza para la sobrevivencia de la población remanente de vaquita. Pérez-Cortés (1996) reportó una situación semejante con los metales pesados.
Depresión endogámica
Algunos reportes sobre anormalidades morfológicas y de falta de variabilidad genética en el ADNmt, aunado al pequeño tamaño de la población, han generado especulaciones sobre la viabilidad genética de la vaquita. Si está condenada genéticamente por una depresión endogámica, entonces los esfuerzos para su conservación podrían considerarse insustanciales, sin embargo la hipótesis de que la vaquita se extinguirá por depresión endogámica ha sido rechazada después de utilizar un modelo que incluyó aspectos demográficos y mortalidad de juveniles debido a depresión endogámica. El mismo ejercicio también rechazó la hipótesis que la vaquita ciertamente no se extinguirá, porque la depresión no detiene el crecimiento poblacional. Este modelo mostró que, adicionalmente a la magnitud en la reducción en la sobrevivencia de juveniles, la edad a la primera reproducción y la razón en la tasa de sobrevivencia de juveniles a adultos, también tienen un impacto mayor en cuanto a que si la vaquita podría sobrevivir una depresión endogámica. Es particularmente interesante la recuperación de varias especies que genéticamente están erosionadas, como la foca elefante que se recuperó de 20 o 100 individuos hasta más de 70,000.
La falta de variabilidad genética en la porción más variable de la región control hipervariable del ADNmt fue analizada por medio de un modelo de la deriva génica de esta molécula heredada matrilinealmente. Se encontró que la fijación puede venir de deriva de N e = <1000 o por una población fundada por unos cuantos individuos. Sobre el rango de abundancias históricas examinadas, predominaron dos resultados genéticos: 1) la población se fijó o 2) unos cuantos haplotipos permanecieron. Ya que no permanecieron haplotipos raros, la reducción reciente en abundancia resultó en cero pérdida de variabilidad de haplotipos. En otras palabras, si la vaquita no tiene variabilidad actualmente, tampoco la tuvo en 1940. Estos resultados también indican que la vaquita no ha alcanzado el tamaño poblacional, en el cual se esperaría que se perdiera la variabilidad genética restante. Esto concuerda con la regla de que la depresión endogámica es de preocupación inmediata cuando el tamaño efectivo es menor de 50, un estado que probablemente aún no alcanza la vaquita. El modelo también indica que la vaquita ha sido históricamente una especie rara. Otras evidencias (indirectas) apoyan este resultado, lo que parece confirmar que nunca ha sido una especie común en términos de abundancia y distribución. Entonces si es una especie que naturalmente ha sido rara, esto reduciría la posibilidad de depresión endogámica, ya que ha habido el suficiente tiempo para que los alelos recesivos deletéreos hayan sido purgados o seleccionados fuera de la población.
En un estudio complementario, Munguía-Vega (2002) llevó a cabo un análisis del Complejo Principal de Histocompatibilidad (DQB-MHC), uno de los sistemas genéticos más importantes en la resistencia a patógenos en vertebrados. Los resultados de este trabajo fueron los mismos que con el estudio de ADNmt.
En conclusión, no existen razones para afirmar que la población esté condenada a extinguirse por sí sola naturalmente, por el contrario, se trata de una población históricamente pequeña y quizá muy bien adaptada a las condiciones locales en que vive, la cual además habría soportado intensos y largos periodos de reproducción entre parientes cercanos, y podría continuar viviendo en el Alto y Norte del Golfo de California como hasta ahora, siempre y cuando se evite su muerte incidental.
Mortalidad incidental en pesquerías.
El mayor riesgo para la vaquita es la mortalidad continua debida a capturas incidentales en redes de enmalle y agalleras, que son redes muy utilizadas en todo nuestro país, no sólo en el Alto Golfo. P. sinus es susceptible de enmallarse en redes de diferente luz de malla como las utilizadas para la pesca de varias especies: tiburón, 15 cm; chano, 10-11 cm; chinchorro de línea para camarón, ~7 cm; y redes para macarela y sierra, así como probablemente las usadas para arrastre. El único estudio específico sobre mortalidad de esta especie registró la muerte incidental de 11 individuos en 1,113 viajes pesqueros. La mortalidad estimada de acuerdo con este trabajo fue 39 vaquitas al año. Desafortunadamente, los niveles de abundancia de la vaquita son tan bajos que cualquier mortalidad inducida por la actividad humana incluye un riesgo muy alto. Algunos modelos ecológico-pesqueros predicen que la vaquita podría reducir su abundancia a niveles críticos si más de un individuo es capturado anualmente en operaciones de pesca. Actualmente, la comunidad científica especializada en mamíferos marinos reconoce que la mortalidad incidental es, significativamente, el factor más importante y que requiere de una inmediata mitigación para evitar la extinción de esta especie. Los límites de mortalidad incidental en redes de pesca, si se quiere evitar su extinción, deben ser menores a una vaquita/año. Es decir, NO debería de ocurrir más de una muerte de vaquita al año en artes de pesca.
Cabe mencionar que estas conclusiones sobre los factores de riesgo han sido avaladas por las sociedades científicas e intergubernamentales más importantes del mundo dedicadas a los mamíferos en general y a los marinos en particular. Entre las primeras están la Society for Marine Mammalogy (SMM); la European Cetacean Society (ECS), la Sociedad Latinoamericana de Mamíferos Acuáticos (SOLAMAC) y la American Society of Mammalogist (ASM), las cuales han enviado cartas a los dos últimos Presidentes de México para invitarlos a que se tomen acciones de conservación concretas e inmediatas. Dentro de las segundas sociedades científicas están el Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN-Unión mundial de la Conservación).
¿Es cierto como se ha mencionado en varias ocasiones, que las redes de arrastre de los barcos camaroneros las atrapan?
En este aspecto existe una confusión debido a que erróneamente se ha señalado que al año mueren decenas de vaquitas en redes de arrastre. Esto muy probablemente no sea cierto. Como mencionamos en el punto anterior, el principal factor de riesgo para su sobrevivencia son las redes agalleras. Sin embargo, aunque no se ha hecho un estudio para estimar la tasa de mortandad en estas redes, existen reportes desde principios de los años sesenta de que algunos individuos son susceptibles a caer en redes de arrastre para camarón, lo cual afecta la población, ya que como se mencionó, cualquier captura incidental puede afectar a la población.
Entonces, ¿cuál es el problema con las redes de arrastre?
El problema es que, en términos generales y dependiendo del tipo de fondo marino, es un arte de pesca muy nocivo para la fauna bentónica (fondo marino) y para la fauna que se alimenta de ella. Al arrastrar el fondo atrapan a su paso todo lo que se encuentran. Como el lecho marino no lo vemos, en general la gente no percibe este problema. Pero un ejemplo nos puede ayudar a visualizarlo: imagínense una red gigantesca de varios kilómetros de altura y longitud que pasara por uno de los ecosistemas más ricos y diversos como son las selvas tropicales. Al ser arrastrada por la selva, arrasaría todo a su paso, tiraría árboles y árboles, removiendo el suelo que tardó años y años en formarse, atrapando y matando monos arañas y aulladores, jaguares, jaguarundis, ocelotes, tucanes, quetzales, caracoles, orquídeas, etc., etc. Todos los organismos atrapados morirían y serían arrojados a la basura. Eso es más o menos el impacto que pueden tener estas redes en las comunidades bentónicas.
En el caso particular del Alto Golfo, el único estudio sobre el impacto de estas redes lo llevaron a cabo Findley et al. (1995), y concluyeron que las redes de arrastre en el Alto Golfo han llevado a: 1) un deterioro de la comunidad béntico-demersal y una tendencia al decremento de la biodiversidad; 2) cambios en las especies que resultaron dominantes en la estructura de la comunidad; 3) disminución en la biomasa capturada y en el peso promedio de los organismos capturados.
Esto, lamentablemente, es un problema mundial y no es no es exclusivo de México. En relación con este tema, hace algunos años se llevó a cabo una reunión internacional, organizada por tres de las sociedades científicas y organizaciones gubernamentales más importantes de los EEUU, para analizar este grave problema. En México, a pesar de que no hay muchos estudios, se sabe que la captura incidental (a la que no está dirigida la pesca) es, en volumen, diez veces mayor a la especie foco (la que se comercializa). Para el Alto Golfo de California se sabe que durante las operaciones de arrastre son capturados una inmensa cantidad de individuos de más de 200 especies de peces e invertebrados, lo que incluye especímenes juveniles de especies en peligro de extinción, como la totoaba, que es un pez endémico del Golfo de California y que fue sobre explotado y llevado a la extinción comercial. Varios países del mundo han prohibido el uso de estas redes en algunos sitios de su Zona Económica Exclusiva, particularmente en áreas protegidas o reservas de la biosfera. La única manera de mitigar este impacto, es que las autoridades, el sector pesquero y la Sociedad Civil Organizada trabajen de manera conjunta para disminuir el tamaño de la flota de arrastre, que actualmente está sobredimensionada, y que se lleven a cabo investigaciones para diseñar redes que disminuyan significativamente la captura incidental. Existen ejemplos notables en países como Canadá, que llevaron a cabo modificaciones sustanciales a este tipo de redes y lograron bajar la captura incidental 98%. En diferentes ocasiones la industria pesquera de nuestro país ha dado muestras de ser muy responsable con el medio ambiente, lo que nos indica, que hay esperanza para conservar los ecosistemas y disfrutar de los frutos que el mar nos provee.
¿Es posible salvar a la vaquita?
Para evitar que se extinga la vaquita se deben eliminar los factores que influyen en su deterioro, principalmente la captura incidental en operaciones pesqueras. Los datos hasta ahora recabados indican que los factores ambientales y biológicos inherentes a la vaquita no son un problema serio para su supervivencia. Los individuos que han sido colectados (capturados en redes o varados en playas) no muestran signos graves de insalubridad o desnutrición. Por otro lado, se han observado y recolectado individuos jóvenes y crías, lo que indica que es una población con individuos reproductivamente activos. La solución se halla entonces, en la eliminación de la pesca de enmalle en el área de distribución de la vaquita y de toda actividad que afecte su hábitat y a los individuos en su área de mayor concentración. Hay que subrayar que esto no significa eliminar la pesca de la zona sino buscar métodos y técnicas de pesca “amigables” con el ambiente, que puedan mantener o elevar el nivel de vida de los habitantes de la zona. También se pueden buscar alternativas económicas para que estas comunidades complementen sus ingresos. Hallar los consensos para tomar este tipo de medidas requiere de la participación decidida de todos los sectores y, por supuesto, del convencimiento del sector pesquero y de los habitantes de la región de la necesidad de evitar la extinción de este cetáceo.
¿Existe algún plan?
Sí, pero antes de contestar esto hay que aclarar un punto. El problema no es sólo la vaquita sino todo su ecosistema. La vaquita es una especie “paraguas”, al protegerla conservamos todo su ecosistema. Si consideramos únicamente la Reserva del Alto Golfo y Delta del Río Colorado encontramos que se han reportado de 1,400 a 1,500 especies. Alrededor de mil corresponden a invertebrados y cientos de ellas son endémicas; hay 230 especies de peces, de las cuales varias especies existen únicamente en el Golfo de California y tienen importancia comercial, entre ellas la totoaba, considerada en peligro de extinción, y la curvina golfina. Se encuentran también cuatro especies de tortugas marinas, cuyas poblaciones han sido llevadas a estados críticos, entre otros factores, por la pesca de arrastre. Se han reportado cerca de 100 especies de aves, algunas de ellas en peligro de extinción. En cuanto a los mamíferos marinos, sabemos que más de 13 especies han sido reportadas en sus aguas. Un importante y reciente trabajo de Schramm, 2002 señala que en el Golfo Norte hay una población única de lobo marino, que la convierte en otro mamífero exclusivo de la zona. Los resultados preliminares de una tesis del posgrado del CICESE, titulada “Diferenciación de ecotipos y estructura genética del delfín Tursiops truncatus en el Golfo de California. Segura-García, H .2004; indican también que existe una población de tursiones o toninas exclusivas del Alto Golfo y Golfo Norte. De confirmarse estos resultados, encontraríamos que en la reserva del Alto Golfo habitarían tres poblaciones de mamíferos marinos endémicos. Además de la vaquita, los tursiones y el lobo marino, se han reportado también especies de grandes ballenas, como la azul, el rorcual común y otras más. En resumen, podemos decir que esta zona es muy importante por su diversidad y como área de alimentación, reproducción y crianza de muchas especies.
Entonces, cualquier plan debe ir enfocado a la conservación de la vaquita y su hábitat. Durante la 48ª reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) México anunció una estrategia para la recuperación de esta especie. En 1997 por iniciativa del gobierno de México, a través del entonces presidente del Instituto Nacional de la Pesca Dr. Antonio Díaz de León, se constituyó el Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita (CIRVA), constituido por reconocidos investigadores de Europa, Estados Unidos, Canadá y México. El mandato de este grupo es proponer un plan de recuperación basado en la mejor información científica disponible, que debe contemplar y considerar también los aspectos socio-económico de los usuarios de los recursos en esta zona.
Las principales razones por las que se creó el CIRVA fueron dos:
- La constante mención de embargo a productos pesqueros del Alto Golfo y
- Las fuertes críticas que venía recibiendo el gobierno mexicano, de manera particular a nivel internacional, por su inacción y bajísimo nivel técnico en el desarrollo de investigaciones sobre esta especie.
Los trabajos de este “equipo de recuperación”, de muy alto nivel académico, le han valido a México el reconocimiento internacional y han acallado los rumores del embargo.
Durante su primera reunión, el CIRVA concluyó que en el corto plazo, las redes agalleras son el riesgo máximo para la supervivencia de la vaquita. En su segunda reunión, el CIRVA evaluó todas las medidas potenciales de mitigación, entre ellas, la clausura estacional de áreas específicas a la pesca, restricción de artes de pesca, alarmas acústicas y áreas marinas protegidas. Después de analizar todas estas medidas, el CIRVA recomendó enfáticamente que la mortalidad incidental de vaquita sea reducida a cero lo antes posible, que se extienda el límite sur de la Reserva de la Biosfera para incluir todo el rango de distribución de la especie y que se excluyan de esta zona las redes de arrastre y agalleras. También propuso el diseño de artes de pesca selectivos y la búsqueda de alternativas socioeconómicas de desarrollo para la zona. Varias organizaciones se han coordinado con el gobierno federal para diseñar e implementar este plan. Algunos grupos formaron la Coalición por el Alto Golfo, que incluye entre varias otras ONG, a la WWF-Golfo de California, Conservación Internacional (CI), el Fondo Internacional para la Protección de los Animales y su Hábitat (IFAW), Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), PRONATURA, Agrupación Sierra Madre y Unidos para la Conservación. Tanto el gobierno federal como estas organizaciones contemplan de manera integrada los aspectos ecológicos y biológicos, los del aprovechamiento racional de los recursos marinos, los legales, los socioeconómicos y los de comunicación con el objetivo de que puedan convivir la conservación y el aprovechamiento de los recursos pesqueros.
En el 2004 se llevó a cabo la tercera reunión del CIRVA. En ella se concluyó que las acciones de conservación no han sido suficientes para la conservación de la vaquita. De hecho, la cantidad de esfuerzo pesquero (número de redes y embarcaciones) se duplicó en un corto período (1999-2004), por lo que el CIRVA recomendó que se declarara la zona de mayor concentración de la vaquita un área de refugio donde se prohíban las redes de pesca. Ésta es solo una medida que compra tiempo mientras se aplican medidas definitivas. El 5 de junio de 2005, el Presidente Vicente Fox, declaró que “se establecería como área de refugio la zona mayor de concentración de vaquita marina”, por lo que actualmente se trabaja en ello con todos los actores involucrados. A consecuencia de esta afirmación, el gobierno de la república, en particular al presidente, recibieron una felicitación por parte del Comité Científico de la 57º Reunión Anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), en Ulsan, Corea, celebrada en junio de 2005.





