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Universitarias de la UNAM e IPN desarrollan sistema de lavado de ropa sin agua ni detergentes; buscan comercializarlo

Sin agua ni detergente, es un envase que contiene dos aerosoles: uno se rocía sobre las prendas para que los microorganismos consuman las partículas orgánicas; el segundo los mata y agrega suavizantes y perfumes, explicó Jessica Cruz, de la FQ

Ciudad de México, DF, México, 1 de septiembre de 2015, México Ambiental.- ganadora del Premio Nacional y segundo lugar en América Latina del Henkel Innovation Challenge, Jessica Valeria Cruz Aguirre, estudiante de la carrera de Ingeniería Química en la Facultad de Química (FQ) de la UNAM inventó un nuevo sistema de lavado de ropa por bacterias que no necesita agua ni detergente. Paulina Mar Lucas, del IPN, se encargó de la parte de mercadotecnia para presentar la el innovador sistema que ya ha generado la atención de las empresas internacionales y de hecho ya hay una empresa en financiar las investigaciones para comercializar el sistema.

El sistema es muy simple: es un envase que contiene dos aerosoles, uno de los cuales se rocía sobre la ropa para que las bacterias consuman las partículas orgánicas, quiten el mal olor y las manchas mientras que el segundo “rocío” mata a esos microorganismos y agrega suavizantes y perfumes a las prendas, para que queden suaves y con un aroma agradable.

Jessica Valeria Cruz Aguirre explicó que se oprime primero la válvula derecha que deja escapar la solución acuosa con la bacteria y luego la izquierda, que permite colocar el denominado sellador para que las prendas queden limpias y perfumadas, aunque por el momento sólo es funcional con manchas de vino, aceite comestible y sudor.

Las bacterias utilizadas en este proyecto generalmente se asocian a metales. En este caso, no se hizo una modificación genética o algo parecido. Únicamente se “aclimataron” y se les obligó a alimentarse sólo de vino, en primera instancia, para que ellas solas se “modificaran”.

Eso se logra si es su única fuente de nutrición. Para sobrevivir, la bacteria ingiere lo que puede y al colocarlo sobre una prenda con manchas de vino, reconoce su “comida” y procede a alimentarse con la “mugre”, comentó.

La adaptación es un proceso que se da poco a poco. Después del vino se experimentó con una mezcla de vino y aceite de cocina que los microorganismos empezaron a consumir. Después se sumó el sudor, que comen lentamente.

La investigación empírica se ha realizado sin la ayuda de equipos sofisticados sino con materiales muy sencillos como vasos de vidrio, la “comida” y agua como medio para que las bacterias se reproduzcan.

Detalló que aún falta más desarrollo y si bien no se ha obtenido aún un producto para ser lanzado al mercado, ya se cuenta con la estructura para utilizar estas bacterias como agentes limpiadores, dijo. Todavía falta por analizar que estos microorganismos no representen ningún riesgo para la salud y determinar cómo podrían afectar al ambiente. Las pruebas realizadas hasta ahora han sido en sistemas cerrados, aclaró Jessica Valeria.

La estudiante aceptó que aunque la bacteria muere con el segundo aerosol, podría “escaparse” al medio, “por eso el trabajo de investigación se dirige ahora a asegurar que efectivamente no sea patógena y no represente riesgo.

La alumna de la FQ contó con ayuda del académico Óscar Hernández Meléndez para lograr que se reprodujera la bacteria y del personal de la empresa mexicana Sinaqua, con la que la estudiante tiene contacto y que financiará la investigación en los próximos años para patentar y comercializar el producto. “El proyecto está en ciernes; le falta desarrollo a la bacteria, producción y estimar costos”, reiteró.

También se apoyó en su compañera Paulina Mar Lucas, alumna de la carrera de Negocios Internacionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA) unidad Santo Tomás, del Instituto Politécnico Nacional, quien se encargó de la parte de mercadotecnia en la presentación del producto en los certámenes del Henkel Innovation Challenge.

Jessica y Paulina disfrutan el triunfo de su equipo en el Henkel Innovation Challenge. “Fuimos elegidas entre los 10 finalistas nacionales y expusimos en 15 minutos nuestro trabajo frente a directivos de esa empresa alemana, de las áreas beauty care, laundry y adhesivos”, explicó, tras señalar que de esos competidores seleccionaron a los tres primeros lugares, que contendieron bajo el mismo sistema contra Colombia y Brasil para elegir al representante de América Latina. Ahí, las alumnas de la UNAM y del Poli obtuvieron el segundo sitio, sólo después de un equipo brasileño.

El concurso, está diseñado para detectar jóvenes con talento y ganas, no para continuar los proyectos o comercializarlos.

A un semestre de concluir sus estudios, Jessica Valeria Cruz espera titularse en febrero o marzo próximo. E inmediatamente abrir su propia empresa de biotecnología. Después, en uno o dos años más, pretende cursar una maestría. “Por ahora no sé en qué especializarme y quiero esperar hasta estar segura de lo que quiero hacer”, se sinceró.

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