- El gobernador Silvano Aureoles encabezó los festejos por el 201 aniversario de la Constitución de Apatzingán. Foto: Ignacio Juárez/La Jornada Michoacán
Morelia, Michoacán, México, 23 de octubre de 2015, México Ambiental.- Necesitamos un verdadero estadista, no sólo un gobernante. Uno de esos cuya verdad satisfaga la razón y arrastre las conciencias y, por ello, no necesite calzar las calles de botas y verde olivo.
Michoacán necesita un estadista de tiempo completo, que no desvele ni distraiga ante la seducción de futuros procesos electorales y, por tanto, que cumpla en tiempo y forma con el encargo. Queremos un estadista michoacano no sólo de nacimiento, sino porque su prioridad sea el pueblo michoacano, los intereses de nuestro estado y no se constituya en el mal de pasadas administraciones que, sin asomo de dignidad, agacharon la cabeza servilmente ante la federación. Este estadista debe entender lo que implica representar a un estado libre y soberano.
Michoacán necesita un estadista, de esos raros y grandes seres humanos que se atreven a sembrar y cosechar colectivamente arrancando la maleza de la mezquindad y el egoísmo. Un estadista con personalidad, no con figura; que sea capaz de responder a la asfixiante crisis que vivimos sin permitirse la imprudencia de atizar el fuego.
El estadista que necesitamos debe ser atrevido; la urgencia de realizar un verdadero golpe de timón debe realmente significar el prometido nuevo comienzo. Necesita además la inspiración que sólo se encuentran en los valores profundos que nos caracterizan como verdaderos humanos. Tendrá que ser iconoclasta, congruente con su discurso y no dudar en ser el primero entre sus iguales.
Necesitamos a ese estadista que sepa moverse desde la dialéctica hasta la dialógica para tender manos y no transformarlos en puños con toletes; que privilegie el diálogo, no la amenaza; que plantee soluciones y no que ahonde los problemas; un político conciliador, sereno, tranquilo y respetuoso de los procesos y actores, no envalentonado por la embriaguez de tener acceso al poder. Deberá ser sensible y sensato para responder lúcidamente a las circunstancias. Ni la soberbia ni actos iracundos pueden permear sus decisiones.
Precisa ser grande, tanto, como humilde puede serse. De lo contrario, las fracturas y las facturas seguirán acumulándose en la suma de agravios sociales que constriñen la convivencia en sociedad y que amenazan con desbordarse.
El estadista ideal es el que busque primero y antes que nada el bien común, el del pueblo y el de los ajusticiados. Que no privilegie las demandas de los leviatanes disfrazados de crecimiento económico y desarrollo que continúan arrancando las riquezas de nuestro estado; que reconozca a los verdaderos aliados que desde diferentes frentes trabajan honestamente por Michoacán; que fraternice con las legítimas causas y movimientos sociales, no que las satanice y ataque.
Michoacán necesita un estadista revolucionario y rebelde pero primero consigo mismo; que empiece a generar el cambio desde dentro y con la suficiente capacidad autocrítica que lo lleve a reconocer los gazapos de su propia naturaleza humana; con ello, que recule, reconozca y corrija sus errores.
Pero éstas y otras características del estadista que necesitamos en Michoacán difícilmente las encontraremos. Son pocos esos seres forjados en la verdad, la justicia y el trabajo que ocupan un lugar en la historia al ser nombrados estadistas. Ello hace que estas exigencias del ciudadano ideal devengan utopías.
Por eso ni siquiera aspiro a que Michoacán tenga un estadista. Con un buen gobernante me conformo, siempre y cuando tenga un proyecto michoacano y para los michoacanos; con visión a corto, mediano y largo plazo; que termine su periodo y cierre ciclos; no violento, conciliador, que se olvide del 2018, y con tamaños suficientes para hacer frente a la seducción del poder y sus tiranías.






