Las pesquerías ante el COVID-19, lo esencial ante lo incierto

Las pesquerías ante el COVID-19, lo esencial ante lo incierto

Alejandro Espinoza Tenorio1, Alma Oliveto Andrade2, Inés López3

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, 20 de agosto de 2020, La Jornada.- Las medidas sanitarias que se han establecido para aminorar el impacto de COVID-19 en la humanidad han tenido repercusiones en las actividades productivas, especialmente en el sector agroalimentario y de manera particular en la pesca.

Esta actividad es esencial para la seguridad alimentaria mundial al proveer de proteína de primera calidad a millones de personas y emplear a un sinnúmero de mujeres y hombres en la extracción, procesamiento y venta del producto al consumidor.

México ocupa el 13avo puesto de los países productores pesqueros, exporta muchos de sus productos del mar (ej. atún, camarón, langosta), lo que implica que el consumo nacional se satura pronto y, debido a la aparición de COVID, muchos pescadores y pescadoras no alcanzaron a distribuir sus productos en el mercado.

Los primeros efectos de la pandemia en el sector se registraron en enero y los sufrieron organizaciones pesqueras que exportan su producto al mercado asiático (el primero en cerrar). El segundo momento ocurrió en marzo, debido al cierre en las exportaciones de peces de escama al mercado estadounidense y por las medidas de distanciamiento social que impidieron que muchos pescadores y pescadoras distribuyeran sus productos en el mercado.

Las secuelas se expresaron en una menor demanda en parte derivada del cierre de restaurantes y hoteles en destinos turísticos como Cancún y Los Cabos; la interrupción de la cadena de suministros y el declive de precios hasta en 60%.

Dos respiros

El primero llegó con la cuaresma, cuando productos como el calamar, salmón y camarón aumentaron su valor, aunque por corto tiempo. Nada que ver con las añoradas ventas de años anteriores, ahora ni siquiera pudieron entrar al mercado nacional debido al cierre oficial de actividades no esenciales y las primeras medidas federales de confinamiento que limitaron la distribución y comercialización.

El segundo paliativo, aún más importante, fue el apoyo y la solidaridad entre pescadores. Cooperativas pesqueras repartieron material de protección, apoyos económicos, despensas y en algunos lugares los pescadores regalaron pescado en las comunidades. Sin embargo, en caso de prolongarse la afectación, esta capacidad probablemente se verá mermada.

Prioridades en la “nueva normalidad”

Hay riesgos particulares que se ciernen sobre los pescadores y pescadoras en la “Nueva Normalidad” relacionadas con su vulnerabilidad social y económica. La mayoría viven en zonas rurales que carecen de servicios de salud y material de salubridad para realizar sus actividades en condiciones seguras. Si se enferman tendrían que trasladarse a zonas urbanas, donde hay focos de contagio, para recibir atención médica.

Los pescadores tienen un difícil acceso a la información que hay que garantizarles para evitar que aumente el miedo e incertidumbre ante la pandemia y puedan hacer frente a la situación actual, además de que accedan a los apoyos económicos que se estén entregando, su situación social lo amerita.

Otro aspecto yace en las particularidades del trabajo en el mar, en barcos y lanchas no hay más que unos pocos metros para los trabajadores, por lo que se necesitan protocolos particulares para estas condiciones.

¿Qué hacer?

Es muy pronto para saber cuáles serán las huellas que dejará el COVID-19 sobre la pesca, sin embargo, se estima que en algunas regiones hasta el 90% de los pescadores pararon sus actividades. Así de urgente es dar certidumbre a la legítima preocupación de los pescadores sobre su futuro.

Comunidad y Biodiversidad AC (https://cobi.org.mx/todo-sobre-coronavirus-covid-19/) identifica, a corto plazo, la necesidad de brindar apoyos prioritarios a las comunidades de pescadores (ej. despensas, medicinas y material de protección), así como cuidar los precios y abrir los mercados nacionales.

Resulta fundamental mantener la cadena de suministro activa (ej. transporte, procesamiento y empaquetamiento) y agilizar la conversión digital del Estado para que el cierre de ventanillas de atención de trámites no dificulte la situación de los pescadores.

Apoyos federales como BIENPESCA ayudan y mucho, pero son limitados y las necesidades son elevadas. Urgen políticas que integren los productos pesqueros en las despensas de la población mexicana a través de campañas como “La transformación empieza, con lo que llevas a la mesa” de la PROFECO. De lograrlo sería ganar-ganar, los consumidores tendrían una dieta más saludable y el mercado de las pesquerías se reactivaría. ¡Comamos pescado!

1 El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), (aespinoza@ecosur.mx)

2 ECOSUR

3 Comunidad y Biodiversidad A.C. (COBI)


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