La teoría aceptada sobre el poblamiento de América debe revisarse a partir de restos encontrados en Tulum

La teoría aceptada sobre el poblamiento de América debe revisarse a partir de restos encontrados en Tulum

Frente a las costas de Quintana Roo se han encontrado los restos humanos más antiguos del continente. Fotos: INAH

Ciudad de México, DF, México, 18 de junio de 2015, México Ambiental.- Considerada lo más cercano a la realidad, la teoría tradicional sobre el poblamiento de América establece que se presentaron dos migraciones de Asia a América a través del Estrecho de Bering: Una hace 15 mil años con grupos denominados paleoamericanos (o americanos antiguos) y otra hace 9 mil años con seres humanos que son denominados amerindios. Ambos con características faciales y corporales perfectamente definidas. Sin embargo el hallazgo de restos óseos de una mujer que tendría entre 10 y 12 mil años de antigüedad en una cueva submarina llamada Las Palmas frente a Tulum en Quintana Roo, trae de cabeza a los expertos y obliga a replantear las hipótesis sobre el origen de los primeros americanos.

El Dr. Alejandro Terrazas, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM y jefe de uno de los equipos responsables del estudio y preservación de los restos, sostuvo lo anterior al señalar que ahora más que nunca las investigaciones deben orientarse a descubrir ADN en los restos humanos más antiguos descubiertos en México para aclarar de una vez por todas quiénes somos y de dónde venimos los americanos.

Refirió que en 2010 –justo en el contexto de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México- diferentes medios de comunicación del mundo informaron sobre las características faciales de los restos óseos de una mujer encontrados en una cueva subterránea frente a las costas de Tulum, Quintana Roo, vestigios que podrían datar de hace 10 o 12 mil años. Algunas pruebas incluso van más allá y establecen la edad en 13,600 años.

Los trabajos sobre aproximación facial se hicieron en París, Francia, en el Atelier Daynes dijo el experto, al comentar que en este proyecto también participan el Museo del Desierto, la Universidad de Heidelberg, Alemania y el Instituto de la Prehistoria de América.

Recordó que en Silao, Guanajuato se presentó una exposición para los festejos del bicentenario por lo que el curador de esa exposición encargó al Atelier Daynes la tarea de montar los restos y sobre todo darle una fisonomía a los restos óseos. Para el efecto solicitaron el apoyo de asesores mexicanos en antropología física para determinar aspectos como estatura, proporciones, edad, sexo. Y los investigadores de la UNAM enviaron a Francia réplicas del esqueleto completo.

Los franceses hicieron su trabajo, indicó Dr. Alejandro Terrazas y “… en lo que estamos de acuerdo con el Atelier es que por más que se apoyen en información científica no deja de ser una aproximación facial –no una reconstrucción–, una idea de cuál pudo haber sido la apariencia de la persona”.

Y esa que si bien se tomaron en cuenta estándares de pueblos indígenas de América, la reconstrucción final del rostro no se asemeja mucho a éstos. Para el investigador mexicano una razón importante fue por la interpretación del artista, pero también porque el cráneo no se parece en gran medida al de los indígenas actuales.

A los expertos les asombró el poco parecido con los pueblos amerindios modernos pero “… no debería sorprendernos porque han pasado más de nueve mil años y las poblaciones cambian”, aclaró el prestigiado hombre de ciencia.

En tal contexto, dio a conocer que en el centro de México se han localizado restos humanos de la misma antigüedad y también de otros lugares del continente. Por ello, parecía obvia la comparación con la Mujer del Peñón de los Baños o con el Hombre de Tlatilco, que son restos de individuos que han sido estudiados desde hace años.

Bajo esta perspectiva los restos que se hallaron en la cuenca del Valle de México tienen en común la forma del cráneo: grande, angosto y alto y las caras angostas. Ciertamente hay variaciones pero ya estaba muy establecido -incluso desde el siglo XIX- que los esqueletos de la era de hielo eran mucho más robustos y de cráneos alargados que los de los indígenas actuales.

Pero lo raro es que en la mujer que se encontró en el cenote Naharon, frente a Tulum, también se aprecia que el cráneo está poco alargado. Para Alejandro Terrazas “… quizá se debía a que era pequeña y a que estuvo enferma, y tal vez no era un individuo muy representativo”.

No obstante después se encontró a la Mujer de las Palmas, al Hombre de Muknal, a los de los cenotes El Pit y Chan-Hol. Todos se parecían a Naharon: con cráneos no muy alargados, pero tampoco redondos, sino intermedios entre los indígenas contemporáneos y los más antiguos. Algo completamente diferente a los indígenas actuales que tienden a tener un cráneo redondo, con rostro plano con un gran parecido al de los chinos modernos, con frentes abombadas, resaltó Terrazas.

Los cráneos de las mujeres de Naharon y de las Palmas son intermedios, no se parecen a los indígenas ni a los chinos, tampoco al resto de sus contemporáneos del centro de México de hace 10 mil años. “Había que explicar esas diferencias. Nos parecía que las hipótesis tradicionales no funcionaban”, abundó el investigador. Y es precisamente hacia allá donde se dirigen ahora mismo las investigaciones.

El investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM citó que la explicación tradicional del poblamiento de América establece un modelo de migraciones en el que hace más de 15 mil años entró un grupo asiático por el Estrecho de Bering –denominado paleomericanos- desde el extremo oriental de Siberia hacia el occidental de Alaska. Pero en esa época, en China todavía no aparecían las poblaciones que hoy llamamos mongoloides, de caras planas y cráneos muy redondos. Entonces eran de cráneos alargados y angostos, puntualizó Alejandro Terrazas.
Los antropólogos físicos han propuesto los paleomericanos heredaron de los paleochinos la forma alargada y angosta del cráneo. Pero inexplicablemente en China, por diferentes razones, esta población cambió. Una posibilidad es porque llegaron otros pueblos o los grupos locales evolucionaron y dieron lugar a los rasgos mongoloides. No se sabe aún con certeza.

La segunda oleada migratoria de Asia a América pudo ocurrir hace ocho o nueve mil años y eran seres humanos ya con rasgos mongoloides, con la apariencia moderna que se han llamado amerindios.

La teoría tradicional propone que los recién llegados, los mongoloides, reemplazaron a los paleoamericanos, pero no explica cómo sustituyeron a poblaciones que llevaban miles de años establecidas aquí, señaló el investigador.

Más aún, se piensa que llegaron con nuevas tecnologías, pero sobre todo con una demografía diferente y que los paleoamericanos tenían pocos hijos, pero no se explica por qué.

Ahora se catalogan como lagunas de la teoría tradicional. La idea de que los paleoamericanos fueron reemplazados casi en su totalidad por los amerindios debe estar apoyada por dos oleadas migratorias. La primera paleoamericana y sólo paleoamericana; y una segunda amerindia y sólo amerindia, sostuvo Terrazas.

Alejandro Terrazas consideró que a Yucatán empezaron a llegar grupos humanos hace 13 mil años. Existe una diferencia de dos milenios desde que la primera migración entró por Alaska hasta que se alojaron en la península. Pero los individuos de Quintana Roo no son paleoamericanos, tienen una forma que todavía no es amerindia, pero que la prefigura.

A estas alturas, precisó el experto de la UNAM, no sabemos si son los antepasados de los amerindios o no, pero por la forma del cráneo podrían serlo de los indígenas actuales. LO que sí es importante y hacia allá trabajan los investigadores, es que desde hace unos 10 años los científicos mexicanos e internacionales buscan obtener ADN de la Mujer de Naharon sin éxito. Con técnicas perfeccionadas “vamos a volver a intentarlo”. Esto podría resolver el enigma.