Ciudad de México, México, 20 de abril de 2017, México Ambiental.- A efecto de fomentar un turismo responsable de ciudadanos mexicanos y extranjeros, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ha emitido el llamado “Pasaporte de la Conservación”, que permite a cualquier turista visitar cualquier área natural protegida federal cuantas veces quiera a lo largo de todo el año por un pago único de 333.10 pesos, en cumplimiento a lo establecido en los artículos198 y 198-A en sus fracciones III y 238-C fracción II de la ley Federal de Derechos.
La adquisición de este documento no es obligatoria, pero facilita la entrada de los turistas interesados en la naturaleza y en la biodiversidad de todo el país. El turista puede optar por comprar este documento o seguir pagando la cuota diaria cada vez que ingrese a un área natural protegida. El pasaporte a la conservación está en operación desde 2006.
El turista que adquiere el pasaporte, debe firmar la credencial antes de usarla por primera vez y se compromete a portarla en forma visible durante su estancia en el ANP, y a portar también identificación oficial vigente con fotografía. Los visitantes pueden comprar el pasaporte para la conservación en las oficinas de las áreas naturales protegidas que visita.
Con este nuevo pasaporte, se dan pasos firmes para mantener el hogar de ballenas, mariposas, flamencos, jaguares, lobos, tortugas, así como el de cactus milenarios, helechos, orquídeas y tantas otras especies que habitan en México.
Las áreas naturales protegidas no son sólo la casa de estas especies -muchas de las cuales están en peligro de extinción-, sino también regiones en las que se encuentra gran riqueza humana por las comunidades que habitan en ellas. Ellas se ven también beneficiadas con los recursos captados por este pasaporte, porque con ellos se impulsan acciones productivas que les ofrecen alternativas que no degradan al medio ambiente.
La posición geográfica de México, donde confluyen las regiones neártica y neotropical, crea una mezcla de climas favorable para que se den las condiciones propicias para que se desarrollen por igual selvas características del trópico húmedo, como humedales, los desiertos más sureños de América, cumbres alpinas imponentes, barrancas espectaculares, islas que van desde lo árido hasta las tropicales, mares de diversidad inimaginable y cascadas que son muestra de la gran riqueza natural de esta tierra.
Estos ecosistemas son hábitat de miles de especies de flora y fauna que hacen que México sea llamado “megadiverso”; algunas de esas regiones no han sido impactadas fuertemente por el hombre y debido a su riqueza natural han sido decretadas como áreas naturales protegidas.
Pero estas regiones protegidas no son parques cerrados, áreas cercadas ni nada parecido, por el contrario, son zonas que, por su valor biológico como ecosistemas y por su biodiversidad son protegidas delimitando un polígono imaginario de conservación.
Estas áreas tienen un gran potencial para la práctica del ecoturismo o turismo de naturaleza, que regulado adecuadamente representa una actividad económica de interés para las comunidades y para el impulso de programas de conservación, por lo que actualmente se aplica en ellas el programa de pago de derechos por el uso, goce y aprovechamiento de estas regiones con alta vocación turística.
Contra lo que pareciera, administrar estás áreas no resulta una tarea sencilla y tampoco es barato. Se requieren grandes cantidades de recursos económicos y el presupuesto fiscal del que se dispone es cada vez más limitado. De allí que este mecanismo, el pasaporte de la conservación, se ha convertido en una importante vía para recabar recursos alternos para la preservación y conservación de nuestras bellezas naturales, que son invertidos íntegramente en las mismas áreas que captan el recurso.





