Ciudad de México, México, 9 de julio de 2019, México Ambiental.- En tres décadas más, hacia el año 2050, cuatro quintas partes de la población mexicana vivirá en asentamientos urbanos, lo que implica una importante trasformación en la fisionomía de las ciudades y en la distribución de metros cuadrados por habitante, señaló el director de la Facultad de Arquitectura (FA) de la UNAM, Marcos Mazari Hiriart.
Esta nueva organización espacial implicará un cambio de vida para los pobladores, debido a la relación del territorio con la arquitectura, economía, política, geografía, ecología y cultura, entre otros aspectos que se integran a su entorno.
Consideró que la misión de la universidad será y es, contribuir con la formación crítica y autogestiva de profesionales que entiendan la importancia del equilibrio entre el espacio abierto, público y privado, y las diferencias entre el espacio público, privado y el natural, con especial atención a las viviendas, que es donde las personas habitan y desarrollan sus actividades cotidianas.
Pero lo fundamental, es el compromiso social y ambiental de la arquitectura para “… repensar el papel de las metrópolis en el país. Por ejemplo, en México se edifica mucha vivienda, y entre 60 y 70 por ciento es autoconstrucción; lo mismo sucede con el crecimiento de las ciudades, más allá de los procesos de planeación”.
Y añadió Mazari Hiriart: “Lo idóneo sería crecer en altura, pero nos hemos dispersado sobre el territorio. Algunas zonas de desarrollo urbano están planificadas, pero otras requieren de la participación de arquitectos y urbanistas, a fin de integrarlas a la estructura de las ciudades”.
El buen desarrollo de las metrópolis dependerá de la distribución de la población, y también de la capacidad gubernamental para formular planes económicos, sociales y espaciales realistas, subrayó.
El especialista, expuso que se debe reflexionar en la calidad de vida que conlleva el proceso de urbanización y las repercusiones que derivarán de la forma en que estamos ocupando el territorio.
“Hablar de calidad de vida implica a los espacios arquitectónicos, la movilidad, la solución a los problemas ambientales, el derecho a servicios como el agua y también a la recreación. El problema es que esos derechos están en el marco jurídico, pero no en la realidad”, refirió.
Y concluyó: “En la facultad tenemos programas donde participamos con alcaldías y asociaciones no gubernamentales para el mejoramiento de la vivienda, sobre todo la vivienda social. El objetivo es apoyar a la sociedad, con acciones desde la Universidad, donde se desarrolle la conciencia de nuestros estudiantes”.





