Ciudad de México, México, 23 de mayo de 2019, México Ambiental. – El 15 de mayo en el Pacífico mexicano y en el Atlántico el 1 de junio marcan oficialmente el comienzo de la temporada de ciclones tropicales, una de las principales causas de desastres asociados al paso de fenómenos hidrometeorológicos, que en el país deja pérdidas millonarias.
México ha tenido pérdidas de 425 mil millones de pesos por desastres desde 2000 a 2016 y 60 por ciento son principalmente debido a ciclones tropicales, de acuerdo con cifras del Centro Nacional de Prevención de Desastres.
En la temporada 2019, estos ciclones llevarán los nombres de Alvin, Bárbara, Cosme, Dalila… en el Océano Pacífico del Este, y Andrea, Barry, Chantal, Dorian… en el Océano Atlántico del Norte.
En 1988 ocurrió Gilberto, uno de los ciclones más catastróficos para la nación, por la pérdida de vidas humanas y materiales. “Nos tomó desprevenidos”, dijo Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera. No teníamos sistema de alerta temprana ante ciclones tropicales (conocido como SIACT) ni capacidad de respuesta para evacuación.
En 2013 la situación fue peor, cuando México enfrentó dos ciclones tropicales al mismo tiempo: Ingrid, del lado del Atlántico y Manuel, en el lado del Pacífico. Causaron 150 decesos y pérdidas por 57 mil 387.5 millones.
México, al encontrarse entre dos cuencas oceánicas, es afectado cada año por ciclones tropicales. Es atacado por el Golfo y el Pacífico. En una situación similar se encuentra Australia.
El hecho de que se presenten desastres se asocia a una mala gestión de riesgo por parte del gobierno y lamentablemente no se tiene la capacidad de una respuesta integrada. No se alerta anticipadamente a la población, ya que las evacuaciones ocurren entre seis y doce horas antes de que el ciclón toque tierra, sin embargo, la trayectoria de un ciclón se sabe hasta tres días antes de que toque tierra.
Esto provoca que la gente más vulnerable sea la más afectada en la época de ciclones. Por otro lado, las zonas hoteleras tienen la capacidad de recuperarse más rápido ante este tipo de fenómenos. A los hoteles de Cancún, por los ciclones de 2010, les llevó menos de un año reparar sus daños; poco tiempo en comparación, por ejemplo, con los damnificados por los recientes sismos, pues algunos aún no tienen casa.
Aunque por el cambio climático global, la proyección de escenarios a futuro indica la ocurrencia de ciclones tropicales más intensos, por el momento –según registros y estadísticas desde 1950 hasta ahora, así como reportes científicos– no hay una tendencia de que en esta temporada sean más severos.
Los ciclones se clasifican en categorías según la velocidad del viento. Los más fuertes son categoría 3, 4 y 5. Ya más de 5, cuya velocidad es 250 kilómetros por hora, son menos probables a ocurrir, aunque se han registrado vientos huracanados hasta de 300 km/h, pero son raros.
Esos fenómenos típicos de verano y otoño, se esperan, como en temporadas pasadas, que se formen más seguido y sean más intensos en julio, agosto y septiembre en el Pacífico y en el Atlántico, en agosto, septiembre y octubre, cuyo día 30 termina la temporada en ambos océanos. Fuera de este periodo puede haber perturbaciones pequeñas (“cicloncitos”) que no alcanzan a volverse huracanes. En promedio, por temporada, ocurren 12 ciclones tropicales en el Atlántico y las zonas más afectadas de México son Veracruz y Yucatán. En el Pacífico, se presentan unos 14 y pegan más en la península de Baja California, en Oaxaca y Guerrero.
El National Hurricane Center de Estados Unidos es el encargado de elaborar el pronóstico estacional (con meses de anticipación) y meteorológico (con días de anticipación) de ciclones tropicales para México y Centroamérica. El pronóstico estacional indica en dónde se gestarán, pero no mencionan por dónde entrarán.
La información de los anticipos meteorológicos es utilizada por la Secretaría de Marina para movilizar a la gente en los puertos y salvaguardar sus embarcaciones. La Comisión Federal de Electricidad utiliza esta información para proteger sus instalaciones y mantener su operatividad. Y Protección Civil para emitir alertas y la evacuación.
En la UNAM, los pronósticos realizados en Ciencias de la Atmósfera son experimentales y únicamente para México. Se trata de saber con varios días de adelanto dónde se formará un ciclón y por dónde entrará.
En retrospectiva, Domínguez Sarmiento ha tratado de hacer un pronóstico siete días antes de que se forme un ciclón, para predecir en qué parte del territorio entrará; sin embargo, hasta el momento, “ha indicado otro lugar al que ocurrió en la realidad”.
Como en México no se tiene una escala para saber qué tan intenso es un ciclón con base en la velocidad de viento y la precipitación (“puede llover más con una tormenta tropical que con un huracán categoría 2 o 3”).
La población mexicana tiende a subestimar los eventos meteorológicos, no le prestan importancia porque creen que solo es una tormenta tropical, pero si es un ciclón, con categoría de tormenta tropical, puede ser catastrófico, pues un fenómeno de esta magnitud puede producir muchas lluvias y éstas a su vez, deslaves en laderas y podría morir gente por no atender a las indicaciones de Protección Civil.
Se recomienda a la población, sobre todo la que habita en costas y faldas de montañas, no minimizar las alertas hidrometeorológicas y seguir todas las recomendaciones de Protección Civil.





