José Luis Carrillo Aguado *
Ciudad de México, 30 de agosto de 2018, México Ambiental.- Alexander Von Humboldt nació en Berlín el 14 de septiembre de 1769. Su familia pertenecía a una poderosa rama de la nobleza prusiana. Los primeros años transcurrieron durante el reinado de Federico II, en la época más próspera, y a la familia Humboldt le agradaba rodearse de un ambiente intelectual que compartía con la vida fácil de la Prusia dieciochesca. Naturalmente, tales circunstancias fueron favorables para él. Los hermanos Humboldt antes de entrar en la universidad ya estaban en posesión de una cultura sólida y vasta. En 1789 Alexander entró en la universidad de Gotinga.
En esta célebre universidad alemana, Alexander tuvo como maestros a Gottlob Heyne y Blumenbach. Bajo la influencia de este último se apasionó por la herborización, así como también por las excursiones geológicas por el Harz. Como fruto de estas búsquedas redactó su primer trabajo, Sobre los basaltos del Rhin.
A principios del siglo XIX, la geografía nace como ciencia propiamente dicha. Este acontecimiento se centra en dos nombres: Ritter y Humboldt. Este último publicó en una docena de tomos la ciencia de la coordinación del espacio en su Kosmos. En ambos autores se unen la ciencia de la coordinación del espacio humano con la configuración de los movimientos celestes; la puesta a punto de la geografía matemática.
Humboldt es un naturalista viajero, que recorrió casi todo el mundo que era posible ver en su época y aplicó una metodología de mediciones barométricas (de la presión atmosférica según la altitud de las diversas zonas geográficas) y termométricas (de la temperatura). Su interés se cifraba especialmente en las condiciones de las plantas y de los animales según los climas. Es el fundador de la geografía botánica y de la geografía zoológica. El Kosmos es una síntesis de conocimientos que tienen por objeto la vida sobre la tierra y las relaciones de la vida con el medio físico.

Alexander se ocupó preferentemente de la física, la química, la química, la botánica y la mineralogía. Humboldt buscó ante todo la determinación de los fenómenos; el propósito de Humboldt fue conocer las ciencias naturales a través de métodos científicos basados en la mensura y en el experimento.
En la primavera de 1790, en compañía de George Forster, hizo un largo viaje de estudios por Bélgica, Holanda, Inglaterra y Francia. Esto aumentó su innata pasión por los viajes. “Criado ─escribe mientras recuerda el viaje─ en un país que no mantiene ninguna comunicación directa con las colonias de las dos Indias, habitando en las montañas, alejado de las costas, progresivamente sentía desarrollar en mí una auténtica pasión por el mar y las largas navegaciones. El gusto por las herborizaciones, el estudio de la geología, un viaje rápido a Holanda, Inglaterra y Francia, con un hombre célebre, George Forster, que tuvo la suerte de acompañar al capitán Cook en su segunda navegación alrededor del globo, contribuyeron a dar una dirección determinada a los planes de viaje que había forjado a la edad de dieciocho años. No era el deseo de la agitación y de la vida errante, era ver de cerca una naturaleza salvaje, majestuosa y variada en sus producciones; era la esperanza de buscar algunos hechos útiles a las ciencias, lo que me atraía hacia las bellas regiones situadas en la zona tórrida. Mi posición personal no permitía ejecutar entonces los proyectos que ocupaban tan vívidamente mi espíritu y tuve el placer de prepararme durante seis años las observaciones que debía hacer en el nuevo continente.”
En 1791 estuvo en las minas de Freiberg, al lado del profesor Werner. Producto de esta estancia fue el estudio de la flora subterránea, entonces apenas conocida.
Humboldt reunió sus observaciones publicando un trabajo que se editó dos años más tarde. Nombrado asesor del consejo de minas, de 1792 a 1797, fue director general de minas de Anspach y Beyruth. Estas funciones, empero, no intererrumpieron sus estudios y búsquedas. Es más, llevó a cabo un trabajo sobre la sensibilidad de las fibras musculares que obtuvo mucha audiencia en el mundo de la incipiente fisiología experimental. Esta incursión demuestra su talento plural y amplía el crédito en las observaciones que después llevará a cabo él mismo en colaboración con el poeta Shiller.
La cuenca del Orinoco era poco conocida, pues bien, Humboldt observó ciertas analogías con el Nilo, comparación que constituye una ejemplar lección de geografía; las dudas que en 1797 había expuesto el geógrafo Bauche, contra la posibilidad de una unión entre el Orinoco y el Amazonas fueron disipadas por Humboldt. Alexander llevó a cabo una navegación de doscientas millas geográficas, cruzando una red de ríos que le condujeron del Río Negro, por la Casaquiara, al Orinoco, esto es, por las fronteras de Brasil, desde el interior del continente hasta el litoral de Caracas; el paso por las cataratas de Atures y Maypures es uno de los episodios más apasionantes del relato de Humboldt.
El investigador empleó cinco meses en explorar el alto valle de Quito y la cadena de volcanes con sus cimas nevadas. Organizó una ascensión al Chimborazo, coronado en éxito.
El 23 de marzo de 1803 Humboldt y sus compañeros llegaron a Acapulco, tras haber tocado en El Callao y Guayaquil. De allí se dirigieron a la capital de México, donde permanecieron el tiempo justo para preparar una expedición a la provincia del Michoacán y al volcán Joruelo. De regreso a México, Humboldt se tomó un tiempo para ordenar sus colecciones, las notas y apuntes diversos que había reunido. Incansable, empero, tal era su ímpetu, por explorar el mayor número posible de regiones, que organizó una ascensión al volcán Toluca, prosiguiendo por las selvas de las cadenas de Xalapa hasta Veracruz; milagrosamente se libró de la fiebre amarilla, viviendo la epidemia que hizo estragos en la ciudad.
Finalmente, después de una escala en La Habana, junto con sus compañeros Bonpland y Montúfar, embarcó rumbo a Filadelfia y de allí se trasladó a Washington, donde fue amistosamente recibido por Jefferson. Después de una travesía sin contratiempos, el 3 de agosto de 1804 llegó a Burdeos, término de un viaje que había durado cinco años.
A partir de 1827 fijó definitivamente su residencia en Berlín. Humboldt gozaba de una fama y un respeto merecidos. En Berlín se vio favorecido por la confianza del rey Federico-Guillermo III de Prusia y de su sucesor Federico-Guillermo IV. Amigo de todos los ministros y de los personajes más influyentes de la corte, hubiera podido ocupar un alto cargo público, pero prefería vivir para la ciencia que para las tareas administrativas y políticas. Es más, aunque ya sexagenario, se lanzó a una nueva y prodigiosa aventura. En efecto, en 1829, junto con sus dos amigos Ehrenberg y Gustave Rose, preparó un viaje por Asia; llegaron hasta la China y, en nueve meses, cuando regresaron a Moscú, habían recorrido una distancia de dos mil trescientas millas geográficas.
Los resultados de este viaje aportaron nuevos datos a la mineralogía, orografía y climatología.
Cuando Humboldt terminó la redacción del Kosmos, su obra monumental, contaba ochenta y nueve años. Unos meses después de verla terminada, rodeado de fama y honores, murió en Berlín, el 6 de mayo de 1859.

Acaso el esfuerzo mayor de Humboldt se pueda situar en el último decenio de su vida, cuando inició la redacción del Kosmos. Esta obra viene a ser la síntesis del mundo físico. A gran escala, es un desarrollo de sus Tableaux de la Nature, y en ambos libros, en especial en el Kosmos, quiso demostrar que la forma severa de la ciencia, o la descripción rigurosa de los fenómenos que acaecen en nuestro globo, son susceptibles de ser resumidos y completados en las escenas animadas que la naturaleza ofrece a cada paso.
*Periodista científico y divulgador de la ciencia, la tecnología y la innovación.
Bibliografía.
“Forjadores del Mundo Contemporáneo”. Los 126 personajes que más han influido en la formación de nuestro mundo. Colección de biografías dirigidas por el doctor Carlos Pujol. Editorial Planeta.





