Ciudad de México, México, 24 de agosto de 2026.- El fenómeno El Niño durante 2026 abre un escenario de alerta para México con un aumento de temperatura, reducción de lluvias y el riesgo de sequías, inundaciones y presión sobre los sistemas hídricos. La gestión del agua y la restauración ambiental son claves para reducir impactos, afirma la doctora Fabiola Sosa Rodríguez, jefa del Área de Investigación en Crecimiento y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El Niño, también conocido como Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), es una denominación climática que explica el calentamiento de la superficie del océano Pacífico ecuatorial, que altera los vientos, los niveles térmicos del aire, los patrones de aporte pluvial y la presencia de eventos hidrometeorológicos extremos. La Niña, por su parte, equivale a una dinámica contraria.
En México, este evento climático suele provocar calor intenso, eventos pluviales extremos (lluvias) en periodos breves. La combinación puede provocar inundaciones y períodos secos ante la disminución de precipitaciones acumuladas. La recarga de acuíferos y el almacenamiento en presas pueden verse limitados, debido a que la evaporación es más rápida.
La especialista recordó que, en 2023, el país enfrentó condiciones severas de déficit de humedad que redujeron los niveles de almacenamiento de distintas presas.
El Sistema Cutzamala, que es la red hidráulica estratégica para el suministro de agua potable de la Ciudad de México y el Valle de Toluca, alcanzó 28.5 por ciento de su capacidad, uno de los niveles más bajos registrados. Esta situación incrementó el riesgo para el abastecimiento regular de agua potable de millones de personas y para sostener diversas actividades económicas como la ganadería y la agricultura.
Este año, de acuerdo a los modelos climáticos en los que trabajan las y los especialistas, reportan una probabilidad elevada de condiciones asociadas a El Niño entre mayo y junio, con un rango estimado entre 65 y 82 por ciento.
En el caso de un Súper El Niño, caracterizado por temperaturas oceánicas superiores al promedio y una disminución de acumulación pluvial por encima de otros episodios recientes, la probabilidad se ubica en 25 por ciento, con posibles efectos visibles para 2027. Sin embargo, aún existe incertidumbre sobre su intensidad, duración e impactos específicos en nuestro país, precisó Sosa Rodríguez.

La científica mexicana consideró indispensable fortalecer políticas públicas que permitan un manejo integral del recurso hídrico, como la cosecha de lluvia en viviendas, escuelas y espacios públicos; tratamiento y reúso de aguas residuales; reparación de fugas; regulación de presiones en redes de distribución; y la conservación de zonas de recarga y cobertura vegetal. Todo suma.
Más allá de eso, ahora mismo, es de interés primario que la población comprenda el ciclo integral del recurso, de dónde proviene, cómo se utiliza y qué ocurre después de su consumo. Solo de esta forma se podrá reconocer que el uso del vital líquido no termina al abrir la llave o descargar al drenaje, sino que requiere saneamiento, tratamiento y reincorporación en labores agrícolas, industriales, urbanas o ambientales.
El Niño puede afectar cultivos, semillas y disponibilidad para riego. En el medio rural, es necesario revisar opciones productivas más resilientes a las condiciones secas y al aumento de la temperatura. En las ciudades, el crecimiento urbano, la pérdida de cobertura vegetal y el avance de superficies impermeables agravan las inundaciones y reducen la infiltración al subsuelo. Pero la gravedad es la misma.
Históricamente en estados como Chihuahua, Coahuila y Sonora se registran afectaciones recurrentes asociadas al déficit de precipitación y condiciones de calor extremo. El centro del país, la vulnerabilidad hídrica urbana en diferentes entidades se relaciona con la alta densidad poblacional, la dependencia de sistemas externos de abastecimiento y la urbanización acelerada.
Por eso no pueden ignorarse los efectos de esta condición climática ya que podrían multiplicar e intensificar sequías, olas de calor y eventos de tormentas severas. En las regiones occidente y Pacífico presentan mayor exposición a riesgos asociados a ciclones tropicales, lo que puede favorecer inundaciones y daños en infraestructura urbana, actividades productivas y ecosistemas.
Fabiola Sosa Rodríguez consideró que, la respuesta ante El Niño y la crisis hídrica, requiere la participación coordinada de gobiernos, sectores productivos, academia y sociedad.
La prevención, el uso responsable del recurso hídrico, la protección de sistemas ambientales y la restauración ecológica serán iniciativas centrales para reducir las afectaciones y avanzar hacia zonas urbanas con mayor capacidad de adaptación climática, aceptó.
La especialista en cambio climático y gestión hídrica detalló que, en la Universidad Autónoma Metropolitana, específicamente en la Unidad Azcapotzalco, se desarrollan proyectos que vinculan trabajo científico, docencia y trabajo comunitario. Uno de ellos es UAM-EPIC Rescate de la Laguna La Piedad, trabajo conjunto con las unidades Iztapalapa y Xochimilco, en el que 900 estudiantes de diferentes disciplinas participan en actividades de restauración del entorno natural.
En la Unidad Azcapotzalco se impulsa la rehabilitación de un humedal dentro de sus instalaciones, con intervención de las tres divisiones académicas, con el propósito de convertirlo en un espacio de análisis, docencia, divulgación y acercamiento con comunidades, infancias y juventudes.
Este tipo de acciones deben replicarse en todo el país.
* Universidad Autónoma Metropolitana. Con información de Maribel Lozoya Escalante; fotos de Michaell Rivera Arce





