Francesco Rodella
Madrid, España, 2 de octubre de 2018, El País. – Las brutales oleadas de incendios registradas en los últimos dos años en Portugal, España y Grecia han dejado de manifiesto la vulnerabilidad al fuego de la Europa mediterránea. Y cada vez hay más señales de que la situación irá a peor si el planeta se sigue calentando. Un estudio publicado este martes en Nature certifica que las áreas quemadas en verano en la región aumentarán considerablemente incluso en el mejor de los escenarios previstos por el Acuerdo de París contra el cambio climático (un aumento medio de la temperatura global de 1,5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales). El impacto de los incendios crecería progresivamente según que la temperatura media global aumentara dos o tres grados, afirman los autores. Aunque maticen que posibles variables difíciles de predecir podrían obligar a revisar estas proyecciones, tanto ellos como otros expertos coinciden en que, en una Tierra más caliente, el potencial devastador de los incendios será mayor.
Uno de los factores más importantes para evaluar la vulnerabilidad de una región a los incendios es el grado de sequía, explica Marco Turco, autor principal del nuevo estudio. “Cuanto más hay sequía, más aumenta la probabilidad de incendios. Y las sequías en el área del Mediterráneo han aumentado en los últimos años”, asegura. Los escenarios relacionados con el cambio climático no dejan prever una tendencia diferente en futuro. El calentamiento global producido por el ser humano provocará, entre otros efectos, nuevas olas de calor y anomalías negativas en los índices de precipitaciones en muchas áreas del planeta, señalan distintos estudios.
Las amenazas del cambio climático llevaron en 2015 a más de 50 países a firmar en París un acuerdo con el que se comprometen a reducir el aumento medio de la temperatura global, subraya Turco. El convenio internacional impone como objetivo mínimo que el calentamiento se quede “muy por debajo de los dos grados con respecto a los niveles preindustriales”, con el propósito final de lograr reducir este calentamiento a 1,5 grados. La vinculación de la sequía con el riesgo de incendios y los parámetros fijados en el Acuerdo de París fueron las premisas en las que se basaron este investigador de la Universidad de Barcelona y su equipo para explorar cómo tales factores podrían influir en la predisposición futura a las llamas del área mediterránea.
Escenarios
El estudio plantea tres escenarios de calentamiento global: uno con un aumento de la temperatura media de 1,5 grados, uno con un aumento de dos grados y uno con un aumento de tres. Turco especifica que no le interesaba tanto en qué momento pueda producirse uno de esos escenarios, sino qué pasaría en el momento en el que se produzca. En los modelos estadísticos utilizados para construir las previsiones, los autores han tenido en cuenta también múltiples variables que aumentan la incertidumbre sobre cómo podrían evolucionar estas proyecciones. Según afirman, un ejemplo es la posibilidad de que más sequía limite el crecimiento de la vegetación y, por lo tanto, el material combustible. “Hemos tratado de cuantificar no solo el impacto del clima en los incendios, sino también los posibles cambios en la relación entre clima e incendios”, explica Turco. Los datos disponibles han permitido desarrollar proyecciones regionales para un área que comprende los territorios de Portugal, España, sur de Francia, Italia y Grecia.
Se mire el asunto por donde se mire, el fondo de la cuestión no cambia, asegura Turco. Uno de los resultados principales de la investigación es que “aunque el calentamiento global se limite a 1,5 grados, en la Europa mediterránea es esperable un aumento de los incendios”, afirma. Él y los demás autores calculan que, en el caso de que se produjera este escenario, la superficie quemada en verano (el mejor índice de evaluación del impacto de las llamas en un territorio, según Turco) incrementaría alrededor de un 40% con respecto a la media actual. Si no se consiguiera mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados, el impacto podría ser aún más elevado: con una subida de tres grados, habría que esperarse hasta un 100% más de superficie quemada total, concluye el estudio.
Un cambio de modelo
A José Manuel Moreno, de la Universidad de Castilla La Mancha, estos resultados no le sorprenden. “El cambio climático afectará a las condiciones de crecimiento de la vegetación y de su estado, de manera suficiente como para que los incendios puedan verse alterados”, asegura. “La disminución de precipitación que se prevé ocurra, junto con el aumento de temperaturas que también se prevé, son los elementos principales de su potencial aumento”, agrega. Las características de un país como España generan una vulnerabilidad particular. “España ocupa una zona en la que no tenemos mucha lluvia, pero sí la suficiente como para que la vegetación sea abundante y pueda arder cuando las condiciones son propicias”, considera este catedrático.
El experto asegura que, en las últimas tres décadas, el número de incendios en países como España, Francia e Italia ha descendido considerablemente pese a que las condiciones favorables a los incendios hayan aumentado. Esto es consecuencia, en su opinión, de las grandes inversiones en tema de efectividad en la gestión de las emergencias. Variables como la capacidad de intervención del hombre pueden por lo tanto influir en el porcentaje de incendios, explica. Pero cree que las múltiples alarmas sobre el impacto negativo del calentamiento no se pueden pasar por alto. “Si las condiciones de verano empeoran, los incendios aumentarán. Pueden hacerlo en mayor o menor medida, según el esfuerzo que hagamos para pararlos. Pero es seguro que habrá que hacer mayor esfuerzo para obtener un mismo resultado”, asegura.
Raúl Quílez, doctor en incendios forestales y coordinador de extinciones de fuegos en Valencia, considera que tomar en cuenta algunas variables, como la cantidad de lluvias en primavera, es importante para poder desarrollar proyecciones de los riesgos más precisas. En su opinión, es necesario estudiar las características concretas de cada territorio y tomar medidas de gestión ajustadas a cada entorno. “En un escenario de no gestión o de gestión puntual, como las que tenemos ahora mismo, los combustibles van a ir creciendo y van a ocupar muchas zonas agrícolas”, mantiene. “En ese escenario puede haber incendios mucho más severos e intensos”, agrega.
Por todas estas razones, Turco cree que es fundamental centrar los esfuerzos en las acciones preventivas del peligro. “Actualmente, a parte algunas excepciones, el esfuerzo mayor se destina a suprimir los incendios. Creo que habría que destinar más energías e inversiones a la gestión antes de que ocurran los desastres, no solo después”, opina. Moreno agrega que podría resultar una buena estrategia en este sentido revisar a la baja el objetivo de reducción de calentamiento global previsto en el Acuerdo de París. “Llevarlo a 1,5 grados en vez de a los dos grados podrá suponer un alivio importante en el peligro de incendio”, afirma.





