Sostienen intelectuales mexicanos que la pandemia, obliga a repensar la recuperación económica de México

Sostienen intelectuales mexicanos que la pandemia, obliga a repensar la recuperación económica de México

Ciudad de México, México, 22 de octubre de 2020, México Ambiental.- La pandemia de Covid-19 ha generado la necesidad de pensar en una recuperación económica que pueda convertirse en una recuperación social; aun cuando las perspectivas nos hablan de recuperaciones que pueden tardar hasta 10 años, en ningún caso se admite la posibilidad de soluciones a corto plazo  dijo Juan Villoro, al señalar: “… el camino hacia arriba va a ser tortuoso, lento y doloroso, para todo el mundo y para nosotros los mexicanos”.

El presidente en turno de El Colegio Nacional, habló así ayer durante la cuarta sesión del 5.º Encuentro Libertad por el saber ¿Cuál desarrollo para un planeta saludable?, al presentar charla Políticas y política para la sustentabilidad del desarrollo,

El economista mexicano afirmó: “No resulta fácil combinar dinámicamente la atención a las brechas y fallas geológicas que las crisis nos han descubierto, con los requerimientos de acumulación de capital para dar sustento y durabilidad al crecimiento económico, y volverlo pilar de un desarrollo marcado por sus compromisos y criterios de equidad para la igualdad, y de cambio estructural para acometer la enorme tarea de sentar las bases y desatar los procesos necesarios para poder hablar con rigor de un desarrollo sostenible”.

Este 5.º Encuentro Libertad por el saber ¿Cuál desarrollo para un planeta saludable?, fue coordinado por Julio Frenk y Julia Carabias, integrantes de El Colegio Nacional, con la presentación de Juan Villoro.

El investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Provencio, refirió que el tema central es cómo va a ser compatible un crecimiento del bienestar que, a la vez, reduzca el uso de recursos naturales y, sobre todo, se desacople del impacto ambiental. Y señaló: “la conclusión no es muy buena, porque a pesar del cambio tecnológico, de la sustitución de materiales, la tendencia es que la demanda de recursos naturales seguirá creciendo más rápido que el producto”.

“Si las tendencias continúan, dentro de 40 años se estará usando más del doble de recursos de lo que se está usando en la actualidad”, destacó Provencio, al referirse a una encuesta en la que alrededor de 45 por ciento de la población planteó que en 25 años más empeorarán las condiciones ambientales, la pobreza y la corrupción.

Y dijo: “Una tercera parte de la población también considera que crecerá la violencia, las condiciones de empleo y la desigualdad. Sin embargo, también hay esperanzas: más del 40 por ciento considera que hacia 2045 habrá mejor acceso a la salud, a la educación y a los derechos de las mujeres”.

A un tercio del camino, para los objetivos de desarrollo sostenible, está claro que el mundo no iba bien encauzado y se ha desviado más a partir de la crisis de la pandemia, alertó el investigador, de ahí la urgencia de encontrar una nueva forma desarrollo, sobre todo que corrija esta desviación en la tendencia de solución de la pobreza que traíamos, afirmó.

Y sentenció: “A no ser que se introduzcan correcciones estructurales muy intensas, para que haya una mayor generación de empleo en condiciones de mayor igualdad, América Latina, lo mismo que le pasa a México, no va a alcanzar a superar la pobreza, cuyo crecimiento está afectando a jóvenes y a mujeres”. De allí la necesaria revisión de nuestro avance hacia el 2030, para lo cual es indispensable revertir el deterioro institucional, “… lo cual requiere escuchar más a las personas, en un diálogo constante para construir los acuerdos para el desarrollo sustentable”.

Más adelante, Ramón Carlos Torres, investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, -cuya línea de investigación está enfocada a temas de energía, planeación del desarrollo y medio ambiente-, comentó que cuando se habla de modificar el sistema enérgico ya es un imperativo existencial, porque está en juego la salud del planeta y de la vida misma.

Y detalló: “Pero, además, este sistema energético se volvió disfuncional, es vulnerable y de alto riesgo, lo que significa que es una amenaza para la paz y para el bienestar. Dentro del poco tiempo que tenemos para poder modificar este sistema energético ya ha habido una serie de arranques de rutas que nos marcan acciones y, también, caminos vedados, que nos hacen ver que este sistema debe transformarse”.

El investigador mexicano exigió impulsar el uso racional de la energía, sin que ello signifique sacrificar nuestras necesidades, sino más bien darles sensatez y una racionalidad a esos volúmenes de energía, lo que nos puede llevar hacia un nuevo paradigma, donde la piedra angular tiene que ser la sustentabilidad, aunque también hay prisa para desarrollar esos programas. Debemos “tener claridad de qué vamos a hacer en lo inmediato y hacia mediados de siglo. Este futuro ya nos alcanzó”, indicó.

Dejó en claro que “… para hacer todo esto tenemos un desafío político, necesitamos un cambio en la gobernanza de nuestros sistemas energéticos y esto pasa por un desafío democrático y universal. Necesitamos un nuevo paradigma energético que garantice sustentabilidad, donde se concilien objetivos como equidad energética y sustentabilidad y si no existen ambas no habrá seguridad energética. Las posibilidades podrían ser mejores para el mundo, porque podríamos lograr que la oferta de energía se estanque y se baje a niveles compatibles con los Acuerdo de París”.

Ramón Carlos Torres recordó una publicación de la Cepal, titulada “La tragedia ambiental en América Latina y el Caribe”, donde se encontró con dos planteamientos que le resultaron muy atinados para los tiempos que vivimos: “La única salida posible: el fin de este modelo de desarrollo. Y la primera condición básica para la transformación es la dimensión ambiental como sujeto político de excelencia”.

Mariano Sánchez, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), propuso dos preguntas: ¿qué política requerimos para el desarrollo sustentable, para acercarnos a las metas de bienestar humano, satisfacción de derechos y los objetivos de desarrollo sostenible, que incluyen mejores estándares de vida en condiciones de libertad y preservación del medio ambiente? ¿Qué infraestructura política-institucional puede impulsar mejoras sostenidas en la calidad de vida?

Dijo que es importante repensar la naturaleza del desarrollo sustentable como un problema de estructura política, del modelo de organización política, que puede abrigar los planes de mejoramiento de calidad de vida con sustentabilidad. Pensarlo no sólo desde el ambientalismo o de la economía, sino de la política misma, entendida como la arena para la toma de decisiones colectivas y el procesamiento del conflicto en las sociedades.

Aseguró que la intervención del Estado es crucial para el desarrollo sustentable, pero sólo puede intervenir de forma eficaz si cuenta con los recursos materiales, humanos, las capacidades de gestión y la visión para asegurar la preservación del medio ambiente y el uso racional de los recursos, lo cual significaría un ajuste radical en las formas de producción económica, como “la descarbonización de las economías, el fin de la adicción a los combustibles fósiles, el tránsito a energías renovables y otras formas de organización económica que están en el interés público, y que no van a ocurrir espontáneamente, sino que tienen que ser estimuladas, planeadas y conducidas desde el Estado y los gobiernos”.

Es necesario pensar en una agenda redistributiva, un crecimiento orientado hacia los más desfavorecidos, lo que no es incompatible con la agenda medioambiental: está en su centro, dijo Mariano Sánchez al explicar: “… incluso teniendo éxito en la contención del calentamiento global si se hacen las transiciones energéticas necesarias, van a ocurrir fenómenos asociados al clima que van a perturbar la vida de millones de personas, producir desastres, destruir capital e infraestructura, desatar migraciones, y esos impactos van a caer entre los más vulnerables”.

En esta sesión se proyectó un video en el que se recuperaron fragmentos de un par de conferencias dictadas por el Premio Nobel de Química, Mario Molina, integrante de El Colegio Nacional, fallecido el pasado 7 de octubre. Allí, el reputado científico mexicano habría dicho: “El papel de la ciencia es demostrar, pero tengo que aclarar que por muy importante que sea la comunidad científica, la ciencia no nos dice qué es lo que tenemos que hacer, nos dice qué pasa si hacemos esto o lo otro. Lo que tenemos que hacer es una cuestión de responsabilidad, de ética”.

Mario Molina, en meses pasados habría dicho: “Muy cuidadosos, los científicos habíamos tratado de comunicarle a la sociedad que tenemos un problema muy serio, pero a diferencia del coronavirus, el problema del cambio climático es a más largo plazo. Había un mal entendido de que no nos debíamos preocupar hoy en día por el cambio climático, se lo dejaríamos a nuestros nietos y, no, ése es un error. Resulta que es una emergencia y tenemos que actuar en estos años, no esperar otra década”.

La mesa Políticas y política para la sustentabilidad del desarrollo, realizada como parte del 5.º Encuentro Libertad por el Saber ¿Cuál desarrollo para un planeta saludable?, están disponibles en el Canal de YouTube: elcolegionacionalmx.



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