¿Quedarse en casa?, el dilema de comer o no morir de COVID-19 en zonas indígenas y rurales de Chiapas

¿Quedarse en casa?, el dilema de comer o no morir de COVID-19 en zonas indígenas y rurales de Chiapas

* Gerardo González Figueroa y Héctor Ochoa Díaz-López

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 31 de julio de 2020, México Ambiental.- Desde diciembre del 2019, una enfermedad cuyo origen se encuentra en Wuhan, provincia de Hubei, China, azota a la humanidad. A partir de entonces, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue estudiando la evolución de este raro y nuevo virus hasta que encontró las evidencias de que podría extenderse a diversas regiones del mundo, y en febrero declaró una pandemia.

Siendo un problema de salud pública, los gobiernos del mundo activaron los mecanismos de vigilancia epidemiológica monitoreando los avances de la enfermedad en China y otros países asiáticos y gestionaron sus propias medidas de contención, sin embargo, la realidad mostró que es prácticamente imposible detener un evento de este tipo.

Unas de las medidas para atajar el avance del virus ha sido el confinamiento y la llamada distancia social, sin dejar de considerar la higiene de manos y estar en casa, dado que aún no hay ni tratamiento ni vacuna contra este terrible mal.

En este momento hay dos hechos innegables: el origen de la pandemia como un problema que atañe a nuestra relación con la naturaleza y que la letalidad del virus se relaciona con el estado de salud de las personas.

El presupuesto de salud en México

México realiza investigación médica sobre los principales problemas de salud del país en sus hospitales de alta especialidad e institutos de salud, universidades y centros públicos de investigación; sin embargo, el financiamiento a la salud y a la investigación en nuestro país es menor al de otras naciones.

De acuerdo con México Evalúa (2017), el porcentaje promedio del PIB que destinan a la salud los países miembros de la Organización de Cooperación para el Desarrollo (OCDE) es de 6.3%, mientras que en México es del 2.7%, muy por debajo de Argentina (6.6 %) y Brasil (8.7 %). Si bien el presupuesto asignado a salud por la actual administración federal ha sido un poco mayor al del 2019, el gasto y el cambio que supuso sustituir al Seguro Popular por el Instituto Nacional para el Bienestar (INSABI) ha hecho que el abasto de medicina y el gasto en salud sean insuficientes ante el desafío de contar con un sistema de salud universal y gratuito. Esto es entonces, parte del contexto en que llegó el virus SARS-Cov2 a México, con un sistema de salud débil y sin la preparación necesaria para hacer frente a la pandemia.

La estrategia adoptada en México para hacer frente a la pandemia incluyó reconvertir hospitales para atender el COVID-19; aplicar un modelo llamado Centinela, desarrollado durante la pandemia de influenza H1N1 en 2009; realizar pocas pruebas y solamente a personas enfermas en estado grave; importar insumos como ventiladores mecánicos y mascarillas, entre otras acciones. Además, se implementaron medidas de mitigación por fases con el fin de evitar el colapso del sistema hospitalario, como la “sana distancia” y en la fase 3, la de quedarse en casa, como una forma de aislamiento para impedir el contagio masivo. Es evidente que la recomendación para un país como el nuestro ha sido detener la dispersión de la infección.

Lo urbano VS lo rural

En México, el primer nivel de atención a la salud (centros de salud en donde se atienden los principales problemas de salud sin hospitalización), privilegia a los núcleos urbanos más importantes; mientras que en las zonas rurales y territorios indígenas y campesinos los centros básicos de salud son atendidos por médicos pasantes en servicio social y enfermeras auxiliares, y las personas enfermas tienen acceso limitado a los hospitales de segundo nivel o de alta especialidad ubicados en las grandes ciudades.

El sistema de salud oficial, muchas veces, excluye a actores de la medicina tradicional como son parteras, personas de las comunidades que practican la salud, llamados curanderos, maracames, iloles, rezadores, hueseros, yerberos y pulseadores, entre otros. Así como a organizaciones civiles que, incluso, manejan pequeñas clínicas que atienden a las personas de esas comunidades y que podrían tener un papel importante para controlar o incluso tratar a la enfermedad COVID-19. Sin temor a equivocarnos, una relación y alianza permitiría extender las principales medidas para prevenir y atacar los estragos del COVID-19.

La pandemia en Chiapas

En Chiapas la estrategia de “quedarse en casa” y “lavarse las manos” plantea un gran desafío. Las condiciones de pobreza y aislamiento en la que viven la mayoría de sus habitantes, así como la exclusión y el abandono en que han estado las comunidades rurales e indígenas, obligan a la gente no solo a salir de sus comunidades a las ciudades aledañas para buscar trabajo; sino también a emigrar al norte, principalmente a Tijuana o a Ciudad Juárez, o a zonas turísticas como Cancún, Acapulco, Veracruz, Ciudad de México, y Guadalajara.

Respecto al lavado de manos, una gran cantidad de personas no tiene los medios necesarios (agua y jabón) ni la infraestructura sanitaria mínima necesaria como es el acceso al agua potable para lavarse las manos. Según Conagua 70% de la población de Chiapas no tiene acceso a agua potable y saneamiento.

Esta situación nos habla de que la estrategia para enfrentar la crisis sanitaria resulta insuficiente particularmente en las regiones o territorios indígenas de Chiapas y seguramente de otros estados del país. ¡Vaya desafío si el gobierno emprendiera un cambio radical en la atención a las comunidades indígenas y campesinas!

Comunidades en resistencia

Muchas comunidades en resistencia decidieron cerrar sus “fronteras”, empezando por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en sus Centros de Resistencia llamaron a cuidarse y a seguir las agendas “políticas” de cada grupo u organización.

Otras, se organizaron no permitiendo la llegada de personas que estuvieran en las ciudades y disponiendo que solo algunos salieran por alimentos y medicinas.

En el trabajo comunitario se pone atención en que se cuide a los enfermos y ancianos, y en las radios comunitarias se transmiten mensajes que explican las medidas sanitarias y de aislamiento.

Para saber de la llegada de los migrantes a comunidades se hicieron pequeños formatos, en ellos anotan las fechas de llegada y los síntomas, si los hubiera, para poder identificar y atender a sospechosos de contagio. Hay una notable participación de promotores (agro-eco-visuales) de salud, que se preparan en los temas que nos interpela esta pandemia. Un ejemplo de auto-organización que es muy común en Chiapas. Sin embargo, como hemos comentado, la pobreza, desigualdad y exclusión son parte del panorama en una entidad que enfrenta en —las peores— condiciones esta amenaza a la salud pública.

La salud es lo más importante para todas las personas, pero en ella está el dilema del “quédate en casa”, cuando hay miles de personas que no pueden escoger pues buscan sobrevivir, quedarse en casa les representa una disyuntiva entre comer o no morir de la enfermedad (las personas nunca salen a morir).

* Gerardo González Figueroa (ggonzalez@ecosur.mx) y Héctor Ochoa Díaz-López (hochoa@ecosur.mx), son Investigadores de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR). Fotos: ECOSUR


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