Hallan "El Dorado" en descubrimiento arqueológico en Panamá

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Se encuentra en Coclé, El Caño, al oeste de la capital panameña. Se encontró un centro ceremonial funerario marcado por columnas basálticas donde individuos permanecían atados, seis tumbas donde fueron enterradas personas de alto rango, cubiertas de oro, hueso y piedras semipreciosas y preciosas. Foto: Notimex

Ciudad de Panamá, Panamá, 19 de diciembre de 2011, Notimex.- El “Dorado de Panamá”, el sueño de riqueza de los españoles hace 500 años, fue descubierto en el sitio El Caño, en el hallazgo arqueológico más importante del país de los últimos 70 años, reveló este jueves la experta panameña Julia Mayo.

“Se ha encontrado ´El Dorado de Panamá' y éste se halla en Coclé”, en El Caño, unos 180 kilómetros al oeste de la capital panameña, dijo Mayo a Notimex, en referencia a la leyenda de los españoles en busca de grandes tesoros de oro hace cinco siglos.

El descubrimiento, de hecho aparecerá en la edición de enero de la revista National Geographic para América Latina, con su portada dedicada a una de las figuras localizadas a raíz de nuevas excavaciones en desarrollo desde hace unos cuatro años.

Mayo, asociada del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y presidenta de la Fundación El Caño, al mando de 30 especialistas desarrolló nuevos estudios en el sitio con auspicios de NG y de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt).

Los investigadores hallaron junto a un centro ceremonial funerario marcado por columnas basálticas donde individuos permanecían atados, seis tumbas donde fueron enterradas personas de alto rango, cubiertas de oro, hueso y piedras semipreciosas y preciosas.

“Eran envueltos en tejidos o lienzos y cubiertos por platos y ollas. Se cubrían de cubiertas de madera y se colocaban incensarios y algunas vasijas con alimentos, hachas y flechas”, reseñó la experta panameña.

“Todas las piezas recuperadas en las excavaciones tienen buena información de contexto. La mayoría de las piezas precolombinas que se exhiben en Colombia, Costa Rica, España o en Estados Unidos no tienen esta información de contexto”, comentó feliz.

El editor para América Latina de NG, el mexicano Omar López, resaltó que “hay hallazgos que se dan una vez cada siglo, si acaso”, y anunció que el reporte será titulado “El Dorado de Panamá, las tumbas de los antiguos jefes de Centroamérica”.

En el informe de la revista se indica que “las impurezas naturales del oro apuntan a que el metal fue extraído y trabajado en la región, lo que zanja de una vez por todas el debate sobre la posibilidad de que los tesoros panameños fueran importados del sur”.

Las excavaciones, a cinco metros de profundidad y en un espacio de 100 metros cuadrados –una pequeña parte del sitio- dieron con los jefes de la “misteriosa cultura Coclé”, cuya época se ubica entre 700 y mil años después de Cristo, de acuerdo con López.

“Es el más importante hallazgo arqueológico de Panamá en los últimos 70 años, después del (cercano) sitio Conte”, indicó Mayo al señalar que de las seis tumbas halladas sólo en cuatro se ha trabajado en su totalidad.

En una de las tumbas se encontraron 25 cuerpos incluido un bebé de alto rango.

“A partir de cierta fecha, 700 años después de Cristo, en Panamá hay ciertas personas que son más ricas y poderosas que otras y surgen figuras de líderes y jefes que hasta entonces no existían”, añadió.

Advirtió que las investigaciones aún están en desarrollo, debido a que se busca determinar la génesis de esas sociedades, cómo “pasan de tribus y sociedades igualitarias a sociedades de rango; como las personas adquirieron poder.

“Es un yacimiento muy rico, está en muy buenas condiciones; nos va a ayudar a esclarecer estas preguntas, qué tan compleja era la sociedad de Coclé en aquella época, qué tan poderosos eran; cómo se estructuraban, cuántos rasgos existían”, añadió.

Las escasas informaciones de la cultura Coclé, cuyos orígenes se remontan a los primeros panameños de hace 10 mil años, señalan que fueron grupos regionalistas, estables y sin mayor relación con otras tribus de la región, por lo cual “no lograron desarrollarse a altas culturas”.

El hallazgo es importante debido a que el cercano sitio Conte se conocía como un centro funerario para personas de alto estatus social, pero había escasos datos con relación a El Caño, indicó el director del Senacyt, Rafael Berrocal.

“Allí se hacían ceremonias funerarias y se enterraba a personas de alto estatus. Esta nueva información enriquece la historia de la región cultural de Gran Coclé y es el principio de lo que esperamos sean más hallazgos contundentes”, indicó Berrocal.

El Caño se localiza en el distrito de Natá, a unos 100 metros del Río Grande, en un área propensa a inundaciones.

Arqueólogos mexicanos descubren restos de palacio maya en Chiapas de 2 mil años de antigüedad que se llamaría Sak T'zi', o 'Ak'e

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En un sitio arqueológico conocido como Plan de Ayutla, en Ocosingo, Chiapas, los arqueólogos registraron el hallazgo de vestigios de una construcción de más de 2,000 años de antigüedad. Foto: INAH

Ciudad de México, DF, México, 15 de noviembre de 2011, México Ambiental.- En lo que constituye la primera evidencia arquitectónica de una ocupación tan temprana entre las antiguas urbes mayas de la cuenca del Alto Usumacinta, arqueólogos mexicanos encontraron restos arquitectónicos de un palacio maya de principios de nuestra era, y un entierro de casi mil años de antigüedad, en el sitio conocido como Plan de Ayutla en el municipio de Ocosingo del sureño estado mexicano de Chiapas.

Los restos del antiguo complejo residencial, fueron descubiertos en un patio hundido ubicado en la Acrópolis Norte de este asentamiento. Los vestigios tienen una relevancia particular porque constituyen la primera manifestación arquitectónica de una ocupación tan temprana en el período entre los años 50 aC y 50 dC, que lo ubica como entre las más antiguas urbes mayas de la cuenca del Alto Usumacinta, es decir, con una antigüedad de más de 2 mil años.

El doctor Luis Alberto Martos López, director del Proyecto Arqueológico Plan de Ayutla, explicó que las evidencias más remotas de ocupación en esta área hasta ahora correspondían aproximadamente a 250 dC, aunque algunos restos cerámicos encontrados en la misma zona son de al menos un siglo antes. Estos restos arquitectónicos tendrían casi 300 años más de antigüedad.

Pero en Plan de Ayutla ya existen estructuras asociadas al lapso entre el año 50 antes de Cristo al 50 de nuestra era que corresponden a cuartos con muros de casi un metro de ancho, con esquinas redondeadas, un rasgo temprano dentro de la arquitectura maya. Los restos de habitaciones —dos de las cuales son las que se han explorado—, se hallan sobre plataformas bajas y tienen escalones que dan a un patio.

De acuerdo al especialista fue en una época posterior, cuando los mayas que habitaron este lugar desmontaron las piedras que alguna vez formaron cuartos, bóvedas y demás elementos arquitectónicos, para rellenar la plaza, subir el nivel y construir una plataforma sobre la que construyeron otros edificios, de manera que los restos del palacio temprano se preservaron al quedar debajo.

Las edificaciones que actualmente se hallan en pie y que son consolidadas por los arqueólogos del INAH, se construyeron entre 250 y 850 dC, es decir, en los  periodos Clásico Temprano y Clásico Tardío, cuando Plan de Ayutla debió jugar un papel político fundamental.

Aunque todavía se desconoce el nombre que tuvo Plan de Ayutla en tiempos prehispánicos, las hipótesis señalan que pudo ser la ciudad de Sak T’zi’, o bien, la urbe de ‘Ak’e.

Sak T’zi’ (“Perro blanco”, en maya) está referida en monumentos grabados e incluso en pinturas murales. Aparentemente la batalla representada en los murales de Bonampak, refiere a la derrota que esta ciudad infligió a Sak T’zi’, en alianza con Yaxchilán, hacia 787 dC, indicó Luis Alberto Martos López.

Una hipótesis importante es que ‘Ak’e fue el centro político del que partió el linaje fundador de Bonampak. Otra declara que el lugar estuvo subordinado en distintas etapas a Toniná, importante urbe con la que guarda rasgos similares en algunos elementos arquitectónicos, como la cancha de Juego de Pelota y las grecas que decoran los edificios.

El arqueólogo mexicano explicó que la importancia de Plan de Ayutla es que es un sitio intermedio entre Bonampak, Lacanjá y Yaxchilán, y “… los estudios que estamos haciendo nos permitirán ahondar más en el conocimiento de la interacción e integración política de la región del Alto Usumacinta, una zona donde varios señoríos estuvieron en pugna, libraron batallas y formaron alianzas”.

Los trabajos arqueológicos en esta zona también han permitido corroborar su larga secuencia de ocupación, que va de principios de la era cristiana a por lo menos el 1000 dC, diez siglos reflejados en la arquitectura del lugar.

“Esta Acrópolis, la Norte, creció haciéndose cada vez más compleja. Tenemos edificios encima de otras construcciones, subestructuras que hemos ido descubriendo, evidencias de estructuras desmanteladas para construir nuevas. Es un sitio que tiene tres acrópolis y tres plazas principales, disposición que cumple con la cosmovisión maya de cielo, tierra e inframundo”, explicó Martos López.

La última fase de construcción en Plan de Ayutla, refirió, corresponde a 800-850 dC, cuando grupos de origen chontal, que utilizaban una cerámica de pasta fina, reocuparon algunos edificios y levantaron otros.

En la más reciente temporada de campo se ha explorado la Estructura 4. que se halla en una terraza previa a la superior, aparentemente era la zona donde se recibían comisiones de otras ciudades. También se han encontrado gran cantidad de metates, tal vez estas terrazas fungieron como áreas de servicio donde se almacenaban y preparaban alimentos.

Las arqueólogas Susana Cruz Rivera y Karina González Hernández, quienes han investigado la Estructura 4, precisaron que ésta corresponde al periodo Clásico Tardío (800 dC), pero tuvo una ocupación importante hacia 900-1000 dC, momento del que data todo el material descubierto en la terraza: huesos, ollas, cajetes, molcajetes, metates y manos de metates, entre otros.

Apenas hace unas semanas atrás, los arqueólogos que operan en el sitio descubrieron dos entierros cuya antigüedad corresponde a 900-1000 después de Cristo, en una escalinata que fue modificada y en parte desmantelada, para adecuarla como una cista o caja para depositar los cuerpos.

La primera osamenta corresponde a un individuo de sexo femenino, cuyos huesos se encontraron fragmentados debido a que con el paso del tiempo las lajas que cubrían la cista colapsaron y cayeron sobre ellos. Como ofrenda, le fueron colocadas dos manos de metate al pie de sus extremidades inferiores, y un metate al costado izquierdo del cráneo, además de dos figurillas femeninas.

El segundo entierro se encontró en un mejor estado de conservación. Estudios de antropología física permiten precisar que la osamenta pertenece a un individuo de sexo masculino, quien murió aproximadamente a los 40 años de edad.

En este 2011 se prevé que las labores arqueológicas en Plan de Ayutla concluyan con la restauración de los edificios del sector oriente de la Acrópolis Norte, así como de algunas construcciones del área occidental. Para el año próximo, el programa de trabajo incluirá la consolidación de otra acrópolis donde residía la elite.

De acuerdo a los arqueólogos responsables de los trabajos de reconstrucción el conjunto arquitectónico podría abrirse al público en 2012.

Descubren en la Sierra Tarahumara mexicana, huellas fosilizadas de primeros americanos de más de 25000 años de antigüedad

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Tras el reporte de un lugareño, las huellas, pinturas y materiales arqueológicos fueron localizadas por el antropólogo físico José Concepción Jiménez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta). Los descubrimientos son de gran relevancia para el estudio de los primeros pobladores en América e indican que en este paraje de la Sierra Tarahumara se asentaron algunos de los primeros grupos humanos que llegaron a América.

Ciudad de México, DF, México, 23 de octubre de 2011, México Ambiental.- Antropólogos y técnicos del Instituto nacional de Antropología e Historia de México, han realizado un descubrimiento extraordinario en la Sierra Tarahumara de Chihuahua donde encontraron cinco huellas de pies humanos, con una antigüedad que se calcula entre 25,000 a 4,500 años, y que podrían corresponder a los primeros hombres que poblaron esa región que hoy se conoce como el norte de México. Se localizaron además cinco cuevas con vestigios físicos que indica que fueron habitadas por el hombre en diferentes períodos, así como petroglifos claramente marcados.

Son las primeras huellas humanas que se localizan en Chihuahua, por lo que de verificarse su antigüedad, serían los vestigios más antiguos de los primeros pobladores del continente americano que se conservan en México, y que se sumarían a otros descubrimientos en Cuatro Ciénegas, Coahuila, y en un rancho de Sonora.

Las pisadas corresponden a tres adultos y un niño que probablemente vivieron en las cuevas que se hallan en el Valle de Ahuatos, en un paraje serrano a ocho kilómetros del poblado de Creel, en Chihuahua.

De acuerdo con los análisis morfoscópicos, la huella 1, con una longitud de 26 centímetros, corresponde al pie derecho de un adulto de sexo masculino; la huella 2 es del pie izquierdo de otro adulto, sin embargo por ser la menos definida se ha dificultado la identificación del sexo de la persona que la dejó. La pisada 3 es de un infante de 3 a 4 años de edad y corresponde al pie derecho con una longitud de 17 centímetros.

Las huellas 4 y 5 son de otro adulto y representan el único par que corresponde a la misma persona, y se encontraron a dos metros de distancia de la huella 1; la pisada del pie izquierdo marcada por la huella 4, mide 23.7 centímetros, en tanto que el derecho de la huella 5 tiene una longitud de 24.5 centímetros. Estas dos huellas presentan una curiosa particularidad ya que tienen seis dedos, lo que puede deberse a una malformación.

El antropólogo José Concepción Jiménez explicó que el hallazgo de las huellas humanas se logró a partir de un correo que hizo llegar un habitante de Chihuahua, al Seminario del Hombre Temprano en México, para avisar de la existencia de huellas humanas antiguas, impresas en el Valle de Ahuatos, en el municipio de Bocoyna.

Dijo que los investigadores acudieron a realizar exploraciones de superficie para verificar la información aunque en primera instancia no pudieron encontrar las impresiones. “Costó mucho trabajo dar con ellas porque no es fácil su identificación”, recordó.

Tras varias búsquedas las huellas fueron localizadas en un arroyo que corre en la pendiente de un paraje de aproximadamente mil metros cuadrados. Éstas se ubicaron en un área de aproximadamente dos metros dentro del riachuelo, en el cual el agua sólo fluye en temporada de lluvias, y el resto del año está seco, dijo el especialista.        

Para descartar o detectar la presencia de más pisadas humanas en lugares cercanos, el antropólogo indicó que se hicieron recorridos de superficie abarcando una extensión de 50 kilómetros.

No se encontraron más, pero en el área cercana a las huellas se descubrieron otras evidencias de ocupación humana en el valle, particularmente un área con rastros de campamentos primitivos, lo que ha permite a los antropólogos aventurar la presencia humana desde épocas remotas como el Pleistoceno, hace unos 12,000 años antes de nuestra era.

La etnohistoriadora mexicana Gabriela Salas, integrante del equipo de investigación original, refirió también que en los abrigos rocosos que circundan el valle, en un  perímetro de 50 kilómetros, se encontraron cinco cuevas con vestigios, entre las que destacan tres que tienen en su interior pinturas rupestres sobrepuestas, las cuales, de acuerdo se ha determinado que fueron hechas en tres periodos: precerámico, prehispánico y colonial, lo que da constancia de una larga ocupación humana en el Valle de Ahuatos.

Las huellas, pinturas y materiales arqueológicos fueron localizadas por el antropólogo físico José Concepción Jiménez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), quien informó que los descubrimientos son de gran relevancia para el estudio de los primeros pobladores en América, porque indican que en este paraje de la Sierra Tarahumara se asentaron algunos de los primeros grupos humanos que llegaron a esta parte del continente que hoy se conoce como Chihuahua.

El coordinador del Proyecto El Hombre Temprano en México, de la Dirección de Antropología Física del INAH, explicó que esta hipótesis deriva de la existencia de un campamento primitivo, localizado a kilómetro y medio del riachuelo donde se descubrieron las huellas humanas.

El sitio tiene una roca de más de  dos metros de altura con un bicelado en un costado y una cerca circular de piedras de menor tamaño, también con evidencias de haber sido percutidas y talladas por el hombre.

Por lo que se refiere a las manifestaciones rupestres que hay en las cuevas, José Concepción Jiménez indicó que por la iconografía “… claramente se pueden identificar las que corresponden a la época más remota o precerámica, que son aquellas plasmadas en colores rojo y amarillo con representaciones de líneas, círculos y grecas en zigzag, similares a otras localizadas en Cuatro Ciénegas, Coahuila, y que corresponden a grupos de los primeros pobladores del norte de México”.

En estas oquedades también se encontraron restos de hollín producido por fogones y morteros, a modo de hoyos que se tallaron en las rocas, para moler alimentos.

El antropólogo físico del INAH manifestó que en la entrada de las cuevas se identificó otra serie de hoyos de 25 centímetros de diámetro por 1.30 de profundidad, que pudieron servir para guardar comestibles y otros más pequeños cavados en círculo, que posiblemente se ocuparon para clavar postes de madera.

Es necesario hacer estudios de laboratorio para fechar con exactitud las huellas humanas, pinturas y el resto de materiales arqueológicos encontrados, de modo que se tomaron muestras de sedimentos, tierra y pigmentos, indicó el experto mexicano quien determinó que las posibles épocas en que fue ocupada esta región se ha calculado por analogía con vestigios encontrados en otros sitios de la región, y en el caso de la pintura a partir de su iconografía.

El antropólogo Jiménez consideró que es muy difícil fechar hoyos y morteros porque las culturas de la sierra acostumbran reutilizar sus construcciones. Aquí se trata de grupos que en determinado momento se iban del lugar donde habitaban pero después regresaban.

Es probable que los morteros los hayan hechos los primeros grupos humanos que poblaron el valle, ya que son similares a los encontrados en casi toda América, elaborados por grupos nómadas. Y es posible que épocas más tarde los tarahumaras los hayan reutilizado, incluso hasta la actualidad, porque en la sierra ocurre eso, de modo que es muy difícil decir con certeza qué grupo dio inicio a esta infraestructura primitiva y dar temporalidades.

“En tanto que los hoyos para clavar postes es más probable que los hicieran grupos tarahumaras prehispánicos. Se tendrán que hacer estudios in situ para definir el tipo de tecnología utilizada, es decir, cómo hicieron los socavones y demostrar con qué herramientas, para determinar a qué época corresponden”, concluyó.

México: Investigadores hallan plataforma de templo azteca
Mark Stevenson

Imagen de una cabeza de serpiente tallada en una plataforma recién descubierta en el sitio arqueológico Templo Mayor, el jueves 6 de octubre del 2011, en la ciudad de México. (Foto AP/ Marco Ugarte)
Imagen de una cabeza de serpiente tallada en una plataforma recién descubierta en el sitio arqueológico Templo Mayor, en la ciudad de México. Foto: AP/Marco Ugarte

Ciudad de México, DF, México, 8 de octubre de 2011, AP.- Una plataforma ceremonial azteca, de forma circular y con cabezas de serpientes labradas en piedra, fue descubierta en las inmediaciones del sitio arqueológico del Templo Mayor, en la Ciudad de México, informaron el jueves autoridades. El hallazgo que aumenta la esperanza de hallar la tumba de algún emperador.

Nunca se ha localizado la tumba de un gobernante azteca, y los investigadores se embarcaron hace cinco años en una cruzada para encontrar una en el área del Templo Mayor, un complejo de dos pirámides enormes y numerosas estructuras más pequeñas que fue el corazón ceremonial y espiritual del imperio prehispánico azteca.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dijo que la plataforma de piedra mide 15 metros (45 pies) de diámetro y que fue elaborada alrededor de 1469. El sitio se encuentra en el Centro Histórico de la Ciudad de México, cuyas edificaciones fueron construidas por los españoles encima de la capital azteca Tenochtitlán.

Algunas fuentes históricas "hacen referencia de que fueron incinerados los gobernantes al pie del Templo Mayor, y se cree que fue precisamente sobre el Cuauhxicalco, esa misma estructura donde debieron haber sido incinerados los gobernantes", dijo el arqueólogo Raúl Barrera. "Es lo que dicen las fuentes históricas", afirmó en referencia a narraciones escritas por sacerdotes que acompañaron a los españoles tras la conquista de 1521. "Desde luego nosotros necesitamos contrastarlo con el dato arqueológico", agregó.

Barrera señaló que la plataforma, la cual sigue siendo desenterrada, fue descubierta gradualmente durante los meses previos. Está cubierta con al menos 19 cabezas de serpientes, cada una de aproximadamente medio metro de largo.

El especialista dijo que narraciones de la década de 1500 insinúan que la plataforma también fue utilizada en una ceremonia pintoresca en la cual un sacerdote azteca descendía de la pirámide cercana con una serpiente hecha de papel y la quemaba en la plataforma.

Registros indican además que había un total de cinco plataformas semejantes en el complejo del templo; una de ellas fue encontrada hace varios años. Pero aquella plataforma estaba más alejada del sitio ritualmente importante al pie de la pirámide, donde se realizó el descubrimiento más reciente.

En 1997, arqueólogos, con ayuda de radar de penetración terrestre en un sitio muy cercano a donde se encontró la plataforma de piedra, detectaron posibles cámaras enterradas que creyeron en ese momento que podrían contener los restos del emperador Ahuizotl, quien gobernó a los aztecas cuando Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo.

Excavaciones subsecuentes descubrieron una especie de escalinata descendente y muchas ofrendas rituales de conchas, huesos de animal y cazuelas, pero ninguna tumba.
Los arqueólogos concuerdan en que cualquier hallazgo de ese tipo sería muy significativo.

"Sería un hallazgo bastante importante para la arqueología azteca", comentó Michael Smith, un arqueólogo de la Universidad Estatal de Arizona que está vinculado a la excavación. "Sería enormemente importante porque sería información directa sobre realeza, inhumación e imperio que es difícil conseguir de otra manera", agregó.

El descubrimiento demuestra que "los arqueólogos se acercan cada vez más a descubrir una tumba real azteca", aseguró.

Felinos mexicanos presentes en un relieve olmeca
con antigüedad de dos mil 800 años

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Foto: INAH

Ciudad de México, DF, México, 26 de julio de 2011, México Ambiental.- Con una antigüedad superior a 2,800 años, un peso de una tonelada y media, y 11 fracciones dispersas, fue descubierto un relieve olmeca con la imagen de tres felinos que constituye hasta ahora el último monumento descubierto en Chalcatzingo, en el municipio Jantetelco del estado mexicano de Morelos ubicado que se caracteriza por ser el único sitio prehispánico del centro de México con grandes bajorrelieves.

El hallazgo de esta antigua obra que mide más de 1.5 metros de altura, fue hecho por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) a finales de abril, en la falda norte del Cerro Gordo o Chalcatzingo, en labores para abrir un nuevo circuito de visita en esa zona arqueológica.

El monumento se halló fragmentado en 11 partes, por lo que los restauradores efectuaron labores de conservación, entre mayo y junio, que ahora permiten admirar integralmente esta tríada de felinos que habitan las selvas mexicanas y que son fundamentales en la iconografía olmeca, la cultura madre de Mesoamérica

Con este descubrimiento ascienden a 41 los monumentos descritos en Chalcatzingo desde sus primeras exploraciones en los años 30 y totalizan cuatro con figuras de felinos, un grupo animal considerando al mismo tiempo temidos y venerados por los olmecas, quienes habitaron la región en el periodo Preclásico Medio (800-500 aC).

Los restauradores Olga Lucía González y Gilberto Buitrago de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, hicieron el reconocimiento de esta milenaria obra al efectuar trabajos de conservación preventiva en la zona norte del cerro, que consisten en la edificación de un muro de contención y la construcción de techos de protección para los monolitos.

Como parte de estas labores se han movido grandes fragmentos de roca de la montaña, ya sea para despejar áreas del sitio o utilizarlas como material de construcción. Dentro de estas tareas cada roca es revisada para descartar que una o varias de sus caras estén labradas, y fue en una de estas revisiones que se descubrió el relieve, explicó Gilberto Buitrago.

El arqueólogo Mario Córdova Tello, delegado del Centro INAH-Morelos y que ha impulsado el proyecto arqueológico Chalcatzingo, advirtió que posiblemente este relieve fue realizado en el perfil del cerro, y con el paso del tiempo cayó fragmentándose en 11 pedazos, tal y como fue encontrado.

Explicó que una de las hipótesis es que para esa época, entre los años 800 a 500 aC, hubo un friso a lo largo de todo el cerro Chalcatzingo, como se observa en el área donde está el bajorrelieve denominado El Rey, y otros cercanos a éste.

Gilberto Buitrago comentó que los trabajos de restauración de la tríada de los felinos (de más de 1.5 m de altura, 1.10 m de ancho y 40 cm de profundidad) implicaron, además de armar el “rompecabezas”, crear un sistema de pernos para sostener su peso de una tonelada 600 kilogramos, así como unir los fragmentos con una resina especial y resanar la superficie con polvo de piedra y cal.

Los tres felinos que se observan en el relieve están labrados de perfil, sentados y mirando al poniente (punto cardinal en que se oculta el Sol). Todos exhiben en los maxilares superiores un gran colmillo, y cada uno presenta diseños distintos en la cabeza. Toda la escena está rodeada por grandes volutas.

El arqueólogo Mario Córdova refirió que faltan estudios iconográficos en torno a ésta y las demás manifestaciones talladas de Chalcatzingo. En este sentido, dijo, el Proyecto Arqueológico iniciará próximamente el registro tridimensional de las mismas con el apoyo de los doctores Travis Doering y Lori Collins, de la Universidad de Florida del Sur, Estados Unidos.

“Hasta el momento nos hemos dedicado a la conservación de estos monumentos, de modo que varios de ellos han sido restaurados y protegidos con una cubierta, cuyo diseño no rompe con la visual del sitio. El siguiente paso es complementar los registros fotográficos y de dibujo arqueológico, con planos tridimensionales que son mucho más exactos”, abundó el delegado del INAH en Morelos.

Anunció que otro de los grandes relieves que ya pueden ser admirados por el público, es el conocido como La Procesión o Los Olmecas Caminantes (800-500 aC), que en una superficie de 3.2 m de ancho por 1.60 m de alto muestra cuatro figuras de hombres ricamente ataviados, todos de perfil, tres de pie y uno recostado.

En los años 50, el arqueólogo mexicano Román Piña Chan efectuó la liberación parcial de este monumento, que estaba semioculto por una pared rocosa y fue descubierto dos décadas antes por la experta Eulalia Guzmán, quien hizo dibujos preliminares del mismo.

Mario Córdova indicó que mediante labores con las que se rebajó la roca que estaba al frente y que ocultaba la imagen, este relieve ya puede ser apreciado y estudiado directamente. Dicha pared rocosa fue eliminada hasta el nivel que se requería para apreciar el diseño. También con el fin de que los visitantes puedan apreciar adecuadamente el relieve, se construyó un mirador con los bloques de piedra sustraídos.

Al igual que otros monumentos de Chalcatzingo, el relieve La Procesión fue sometido a tratamientos de conservación y restauración, que consistieron en limpieza de la superficie pétrea y recuperación del plano de las áreas erosionadas.

El reciente hallazgo de la Tríada de los felinos y la presentación de La Procesión, concluyó el delegado del INAH en Morelos, es una invitación a recorrer la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, que se ubica al oriente de esa entidad.

Los xiximes de Durango practicaban la antropofagia ritual
confirma el INAH

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Después de cuatro años de investigaciones, especialistas del INAH confirmaron que los xiximes del norte de México realizaba esta práctica con fines rituales en tiempos prehispánicos. Foto: INAH

Chihuahua, Chihuahua, México, 22 de julio de 2011, México Ambiental.- Toda una revelación han resultado las investigaciones de especialistas del  Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) en la Cueva del Maguey en la Sierra de Durango, que confirmaron a partir de estudios osteológicos, que los antiguos grupos xiximes consumieron carne humana durante un ritual asociado con la guerra y el ciclo agrícola, descrito en las fuentes etnohistóricas del siglo XVII.

Los especialistas concluyeron esto luego de efectuar durante los últimos cuatro años estudios de antropología física a cuatro decenas de huesos humanos, halladas por arqueólogos en esa región, de los cuales, cuando menos 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos, lo que revela prácticas de antropofagia como parte de un rito que sólo incluía a xiximes, es decir, únicamente se consumían entre ellos.

José Luis Punzo, arqueólogo responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey que se ejecuta desde 2007, informó sobre los avances de esta investigación en el primer día de sesiones de la XIV Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte, inaugurada ayer en el Museo de las Culturas del Norte, en Paquimé, Chihuahua, donde más de una decena de especialistas presentarán las actualidades en el estudio arqueológico de la región.

Explicó que a partir de los estudios arqueológicos del mencionado ritual, “… se busca recuperar el testimonio de los indígenas que habitaron hacia el año 1450, en casas construidas en el interior de cuevas, conocidas como Casas en Acantilado, y cuya cosmovisión se perdió con la evangelización, mientras que sus actividades sólo eran conocidas a partir de cartas elaboradas por los misioneros europeos bajo la concepción cultural occidental y de la religión católica, sin tomar en cuenta lo que motivó a los xiximes a ‘alimentarse del alma’ de otro ser humano”.

Al hacer un recuento general sobre esta investigación comenzada en mayo de 2007, Punzo compartido que los arqueólogos del INAH recibieran fotografías de un sitio localizado en las barrancas del municipio de Pueblo Nuevo, captadas por un aficionado, por lo que acudieron a verificar la información. Desde entonces se realiza un estudio ininterrumpido con temporadas de trabajo de entre seis y siete meses por año.

El sitio la Cueva del Maguey se ubica en la Sierra Madre Occidental, a 2,600 metros de altura, en un bosque de pino, dentro de las barrancas del municipio de Pueblo Nuevo, abarcando una extensión de un kilómetro lineal, dentro del cual se han encontrado vestigios de antiguas construcciones de dos niveles y hasta cuatro metros de altura, edificadas en el interior de cinco cuevas, con un tipo de arquitectura de tierra llamado bajareque, que las hace singulares.

El arqueólogo José Luis Punzo comentó que la investigación ha implicado un “ir y venir de la etnohistoria a la arqueología”, que ha permitido establecer un ciclo ritual muy complejo, desarrollado por los xiximes para la siembra y crecimiento del maíz, y en el que también la cacería de venado era una pieza importante.

Durante los últimos cuatro años, dijo, el equipo de arqueólogos ha descubierto alrededor de cuatro decenas de huesos humanos, principalmente largos y de coyunturas; de éstos, 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos con fines de antropofagia, como se ha identificado con estudios de antropología.

El investigador del INAH abundó que previo a esta exploración ya se tenía información por fuentes etnohistóricas de esta práctica en lo que hoy es la Sierra de Durango; “sin embargo, no se habían comprobado con evidencias arqueológicas; además de que para la antropología se trata de estudios sumamente delicados, porque la antropofagia suele verse con prejuicio, incluso por los historiadores. Lo importante es verlo como una cuestión fundamental en la cultura de los xiximes”.

Las fuentes históricas que hacen más referencia a este ritual, continuó Punzo, son las cartas anuales que hacían los jesuitas a principios del siglo XVII, para informar de sus actividades; la más importante es la Carta annua de Hernando de Santarén, que envió en 1604 a sus superiores en México, informándoles de los grupos indígenas que encontraron en la sierra del actual estado de Durango. El jesuita hace una descripción etnográfica y su texto ha sido muy publicado desde los años 30 del siglo XX.

“Encontramos más cartas que no estaban publicadas, como otra del mismo Santarén, de 1611, y las misivas del padre Alonso Valencia. Por pruebas de fechamiento de carbono 14 en los huesos recolectados, confirmamos que los xiximes habitaron en la Cueva del Maguey hacia 1450; es decir que los jesuitas los encontraron viviendo en ese sistema de cuevas.”

El arqueólogo Punzo refirió que a partir de conjuntar dichos textos con la evidencia arqueológica, se ha podido reconstruir el ciclo ritual, “que es un logro para entender la cosmovisión de ese grupo, porque sólo se conocía la visión descrita por los españoles.

“El ritual se llevaba a cabo para la cosecha, e implicaba la cacería de venado y la elaboración de tamales con el maíz nuevo; después de ello, los xiximes salían a la guerra, a la cual se dedicaban la mitad del año. Cuando ganaban una batalla solían llevarse el cadáver del  enemigo.

“Al regresar a su localidad hacían un ritual muy complejo en el que participaba toda la población; cuyo objeto era ‘apropiarse del alma’ del otro, mediante el consumo de su cuerpo; las partes de mayor valor eran la cabeza y las manos. Es importante decir que solamente se comían entre xiximes; podían pelear contra otros grupos culturales, pero no se llevaban los cuerpos ni se los comían, sólo entre xiximes tenía lugar esta guerra ritual”.

José Luis Punzo destacó que los huesos humanos eran muy importantes para los xiximes, porque les permitían renovar el ciclo del maíz: “Para volver a sembrar tenían que hacer otro ritual con los huesos de los enemigos, razón por la cual los guardaban; a través de registros minuciosos hemos podido localizar concentraciones mayores de huesos”.

Además de los huesos, añadió el arqueólogo del INAH, se encontraron textiles a los que se les practicaron pruebas microscópicas, y encontraron técnicas de manufactura desconocidas, por ejemplo, que los elaboraban junto con plumas de guajolote y cabello humano para que las prendas fueran más calientes, debido a que en la sierra las temperaturas alcanzan los 30 grados bajo cero.

También se descubrieron más de mil olotes, a los cuales se les extraerá ADN para estudiar el componente genético del maíz prehispánico. Asimismo, a nivel de superficie, encontraron madera, granos, cordelería, lítica, cerámica, huesos de animales, garras de jaguar y dientes de cocodrilo.

A través de las exploraciones minuciosas realizadas, Punzo destacó que sobre el suelo hay tal cantidad de materiales arqueológicos que no ha sido necesario excavar, sino que toda la exploración se ha realizado a nivel de superficie para no alterar los contextos, que son únicos.

“A partir de dichos vestigios lo que más se ha estudiado son las actividades cotidianas que pudieron haber desarrollado los xiximes, a través del registro minucioso de la arquitectura y de los objetos in situ sabemos dónde llevaban a cabo sus labores, como cocinar, descansar, de tallar en lítica, y confirmar que hubo antropofagia.”  

“Ha habido un trabajo enorme a nivel de investigación, registro y conservación, en el que han sido apuntaladas y restauradas todas las casas, y se les ha dado mantenimiento para mantenerlas preservarlas.”

En la ceremonia inaugural de la XIV Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte, estuvo la directora del Centro INAH-Chihuahua, Elsa Rodríguez García; el presidente municipal de Nuevo Casa Grandes, Luis Fernando Cobos, y el coordinador del foro académico, Eduardo Gamboa. La XIV Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte se lleva a cabo el 21 y 22 de julio en el Museo de las Culturas del Norte, en la Zona Arqueológica de Paquimé.

Arqueólogos de la UNAM descubren escalera jeroglífica
en zona arqueológica de El Palmar en Campeche

mexico ambiental
Escalera jeroglífica en El Palmar, Campeche. Foto: UNAM

Ciudad de México, DF, México, 17 de mayo de 2011, México Ambiental.- Arqueólogos mexicanos de la UNAM descubrieron una escalera jeroglífica en la zona arqueológica de El Palmar, al sur de Campeche. Este hecho es altamente significativo para entender a la cultura maya, pues en toda la zona que comprende México y países de Centroamérica, sólo se han reportado alrededor de 25 asentamientos con vestigios de esta naturaleza.

Octavio Esparza Olguín, de la maestría en Estudios Mesoamericanos de la UNAM y miembro de este equipo, explicó que el hallazgo es espectacular porque cuenta con aproximadamente 105 bloques de inscripciones jeroglíficas que registran una historia amplia del sitio, en torno a sus cuestiones dinásticas, e incluye una lista de sus señores o gobernantes.

El sitio donde se localizó la escalera puede ser que se tratara de un espacio que albergó a señores del mismo linaje del gobernante, que residían en grupos arquitectónicos más alejados, pero que no por eso, dejaban de ser importantes. Esa estructura podría ser una especie de regalo u obsequio de la elite de poder hacia alguna jerarquía subordinada que estuviera en la periferia.

El monumento en el que se ubica es de 10 metros de largo, por 10 de ancho y tres de altura, “lo que también es raro, porque es una estructura pequeña; sus dimensiones no son espectaculares como en otros casos, pero es una escalinata que está completamente en orden; las secuencias son lógicas y no fueron removidas de otro lado”, sostuvo.

A diferencia de la mayoría de las escaleras que se ubican en otras áreas de esta cultura, reportadas en las zonas monumentales, junto a los edificios más grandes, la de El Palmar se localiza en un grupo secundario o periférico pequeño, a un kilómetro del núcleo del asentamiento, “… lo que la hace más sorprendente”.

También documentan contactos entre esta ciudad con otros sitios mayas importantes como Copán, en Honduras, que albergó una dinastía muy poderosa, pero que está muy alejado de El Palmar, y Calakmul, en el sureste de Campeche.

El candidato a maestro por la Universidad nacional Autónoma de México refirió que se conoce que hubo grupos de elite dentro de esta ciudad que no residían en la región núcleo, sino que se ubicaban en otras partes del asentamiento, más lejos. Pero por tener cierto contacto con el linaje, sobre todo de parentesco, los gobernantes les hacían monumentos espectaculares.

El maestrante en el Programa de Posgrado en Estudios Mesoamericanos, del Instituto de Investigaciones Filológicas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recalcó que el estado de conservación es variado. Hay bloques de seis hiladas o hileras de piedra; las primeras cuatro, se mantienen bien, o al menos en forma regular, y la situación de las dos últimas, que estaban más expuestas, es de deterioro.

Hay fragmentos de la inscripción imposibles de restituir o ver. Aún así, algunas de ellas todavía muestran pequeñas partes, útiles para determinar cómo pudo ser la secuencia original de esas dos hileras, admitió Esparza Olguín.

El especialista reconoció que el descubrimiento fue fortuito. En realidad, el dueño de una de las parcelas donde se localiza avisó que había encontrado unos “pedazos” o “banquitos de piedra que tenían como dibujos o cositas”. “Fuimos a ver de qué se trataba y descubrimos que eran los bloques de una escalera jeroglífica”, apuntó.

“Fue algo indescriptible, porque nunca nos esperamos este tipo de monumento. Es una alegría enorme porque es una estructura que difícilmente se puede encontrar, pero el hecho de que me haya tocado vivir el momento desde que se descubrió, la exploración, hasta la investigación, ha sido increíble”, consideró.

En este trabajo también colaboró Vania Pérez, estudiante del mismo programa de posgrado; Kenichiro Tsukamoto, director del proyecto y arqueólogo que realiza su doctorado en la Universidad de Arizona, y Javier López Camacho, codirector y profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, entre otros.

El Palmar es una zona conocida desde 1936, y la registró Eric Thompson, mayista inglés. Desde entonces, se decía que era un área importante, porque contaba con ruinas grandes y una cantidad importante de monumentos. Sin embargo, Thompson estuvo ahí sólo un par de semanas.

Posteriormente, el arqueólogo Carlos Brokmann realizó una temporada de campo en El Palmar, que se extendió de diciembre de 1996 a marzo de 1997. En ese periodo, implementó trabajos de prospección y excavación.

Por iniciativa de Kenichiro Tsukamoto se inició este proyecto e invito a Octavio Esparza y otros colegas a colaborar en él. La primera temporada de campo se efectuó en 2007, desde entonces, se labora en la zona, cerca de otras importantes como Calakmul y Uxul.

Descubren México cráneo que pudiera ser evidencia antigua de humanos

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Foto: National Geographic/Daniel Riordan-Araujo

Washington, EUA, 23 de febrero de 2010, Notimex.- El descubrimiento de un antiguo cráneo en el fondo de una caverna submarina en la Península de Yucatán, en México, pudiera ser la evidencia más vieja de seres humanos en el continente americano, reveló hoy National Geographic.

El hallazgo pudiera apoyar la hipótesis de la cultura solutrense, que sostiene que los primeros seres humanos en el continente emigraron de Europa y no del Estrecho de Behring, sostuvo National Geographic, en un reporte de "Natgeo News Watch", el noticiero de su cadena de televisión por cable.

El descubrimiento, calificado como de los de sólo una vez en la vida, fue hecho en una cavidad del sistema de cuevas submarinas Aktun-Hu ubicadas en el estado mexicano de Quintana Roo.

El cráneo fue localizado por un equipo de buzos conformado por Alex Álvarez, Attolini Franco, y Alberto (Beto) Nava, pertenecientes al Proyecto Espeleológico de Tulum (PET), especializado en este tipo de exploración, preciso el reporte.

Los buzos encontraron los restos humanos tras haber recorrido más de mil 200 metros a través de pasadizos bajo el agua, utilizando vehículos submarinos de propulsión, o ciclomotores, lo que les permitió cubrir largas distancias en el sistema de cuevas.

El hallazgo se hizo en el fondo de una fosa bautizada como "Hoyo Negro", de aproximadamente 60 metros de profundidad y 36 metros de diámetro.

El equipo localizo también en el suelo de la cueva submarina, restos de grandes animales prehistóricos (megafauna) incluyendo un hueso de Mastodonte.

"Este es el Santo Grial de la exploración de cuevas bajo el agua", dijo Alex Álvarez, al noticiero televisivo de National Geographic.

"Lo encontrado en Hoyo Negro constituye un descubrimiento único en la vida", aseguro Guillermo de Anda, arqueólogo de la Universidad de Yucatán, en Mérida (UADY)

El cráneo, opinó, parece anterior a la cultura maya, lo que podría convertirlo en uno de los conjuntos más antiguos de restos humanos en la zona.

El obtener y entender cómo fue que este ser humano y estos animales, entraron en el sitio, revelará un inmenso conocimiento de esa época, por lo que el proteger y aprender los secretos del Hoyo Negro debe ser una de las principales prioridades para los arqueólogos en la región, señalo De Anda.

Los sistemas de cuevas submarinas de Quintana Roo han sido sistemáticamente explorados e inventariados en una labor asignada a equipos de buceadores altamente especializados.

El equipo de PET está afiliado a organizaciones internacionales de exploración, como a Global Underwater Explorers.
El PET reportó el descubrimiento de "Hoyo Negro" al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

National Geographic informó que el INAH alista un proyecto para trabajar en equipo con los descubridores del sitio, a fin de recuperar los datos y evidencias científicas para conocer el valor del descubrimiento y convertirlo en un conocimiento más profundo de la prehistoria en esta parte de México.

La entrada del sitio ha sido limitada ya al equipo de investigación del INAH, dependencia responsable de mantener la integridad del lugar.

Skull in Underwater Cave May Be Earliest Trace of First Americans
Fabio Esteban Amador

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PET/GUE Diver Alex Alvarez looks at the remains of an extinct mastodon at the base of Hoyo Negro. Photo: Daniel Riordan-Araujo

Washington, EUA, 23 de febrero de 2011, National Geographic.- Explorers have discovered what might be the oldest evidence of humans in the Americas. Alex Alvarez, Franco Attolini, and Alberto (Beto) Nava are members of PET (Proyecto Espeleológico de Tulum), an organization that specializes in the exploration and survey of underwater caves on the Yucatan Peninsula in Mexico.

Alex, Franco and Beto have surveyed tens of thousands of feet of mazelike cave passages in the state of Quintana Roo. The team's relatively recent explorations of a large pit named Hoyo Negro (Black Hole, in Spanish), deep within a flooded cave, resulted in their breathtaking and once-in-a-lifetime discovery of the remains of an Ice Age mastodon and a human skull at the very bottom of the black abyss.

Beto recalls the amazing day of the discovery of Hoyo Negro.

"We started the exploration while following the main tunnel and progressed relatively fast by using scooters to cover more terrain.

"After about 1,500 feet [450 meters] we began to see the light of another entrance, so we headed towards it and surfaced.

"After taking a moment to chat and laugh about what a great dive we were having, we dropped down to continue the work.

"After about 400 feet [120 meters] the tunnel narrowed to form a circular shape, almost like a huge cement pipe. I made one tie-off and, while waiting for Franco to complete his surveying effort, I took a good look at the strangely shaped tunnel.

"All I could see was the whiteness of the cave walls along the sides, and beyond that it was all black. I thought to myself that this is either the largest tunnel I have seen or there is something unusual at the end of it.

"After Franco caught up, we continued for another 200 feet [60 meters] and eventually reached the end of the tube-shaped tunnel. To our surprise the floor disappeared and all we could see was blackness in all directions. It felt like we had reached a big drop-off or the edge of a canyon wall.

"We tried to slow down our heart rates as we were not really sure of what to do next."

Where is Hoyo Negro?
Hoyo Negro was reached by the PET team after the divers travelled more than 4,000 feet [1,200 meters] through underwater passages using underwater propulsion vehicles, or scooters, which enabled them to cover long distances in the flooded cave system.

Once they reached the pit, they began to survey and document its dimensions. The pit is approximately 200 feet [60 meters] deep and 120 feet [36 meters] in diameter and is located inside the Aktun-Hu cave system in the state of Quintana Roo, Mexico.

Submerged cave systems in Quintana Roo have been systematically surveyed and mapped by teams of highly specialized divers. The PET team is affiliated with Global Underwater Explorers, as is the Mexico Cave Exploration Project.

"The immense size of Hoyo Negro is difficult to comprehend. Once you enter the pit you cannot see the floor below, and all that can be seen in front of you is a black void -- an inviting entrance to the abyss, " recalls Franco.

The team of explorers touched bottom at 197 feet [57 meters], where they made their incredible discovery.

How Did the Tunnels Form?
The Yucatan Peninsula's geology is almost entirely limestone -- a karstic shelf that is easily dissolved by rainwater, forming caves and sinkholes.

Approximately 12,000 years ago, at the end of the Pleistocene epoch, Earth experienced great climatic changes. The melting of the ice caps caused a dramatic rise in global sea levels, which flooded low lying coastal landscapes and cave systems. Many of the subterranean spaces that once provided people and animals with water and shelter became inundated and lost until the advent of cave diving.

Ironically, the Yucatan Peninsula does not have any major rivers or lakes; however, there are many underground rivers and water-filled caves or sinkholes known as cenotes (a Spanish word derived from the Maya dzonot).

What Was Found at the Bottom of the Black Hole?

While the team of explorers conducted various dives for the purpose of mapping and surveying of this newly discovered pit, they noticed some peculiar bones sitting on the bottom. They first came across several megafauna remains and what was clearly a mastodon bone, while subsequent dives proved even more exciting when they spotted a human skull resting upside down with other nearby remains at about 140 feet [43 meters] depth.

"I was searching for more of the mastodon remains, when I saw what looked like a human skull. I had thought we already had a great discovery after finding the remains of several Pleistocene animals...but finding a human skull was totally amazing for us. All of our efforts... walking through the jungle, carrying all the gear, securing the helium required to do such a deep dive, laying thousands of feet of exploration line... paid off at that moment. This is the Holy Grail of underwater cave exploration," Alex said.

"This is the Holy Grail of underwater cave exploration."
Soon after the discovery, the team contacted Guillermo de Anda, an archaeologist from the University of Yucatan in Merida (UADY) who has also been documenting Pleistocene megafauna sites and who helped in the identification of the Hoyo Negro discovery.

"The findings of Hoyo Negro are a once-in-a-lifetime discovery. The skull looks pre-Maya, which could make it one of the oldest set of human remains in the area. Gaining an understanding of how this human and these animals entered the site will reveal an immense amount of knowledge from that time. Therefore, protecting and learning the secrets of Hoyo Negro should be one of the main priorities for the archaeologists in the region," Guillermo told News Watch in an interview.

The PET team formally announced the discovery at Hoyo Negro to Pilar Luna Erreguerena, Director of Underwater Archaeology for Mexico's National Institute for Archaeology and History (INAH). Pilar is the founder of underwater archaeology in Latin America and has been instrumental in protecting Mexico's submerged cultural heritage.

"This discovery is extremely important and confirms the cultural diversity and richness that can be found in the Yucatan Peninsula," said Pilar Luna. "INAH's division of underwater archaeology is preparing a multidisciplinary project together with discoverers of the site. This team work will allow us to scientifically recover the data and the evidence in its own context, so that experts may really get to know the true value of this discovery and turn it into a deeper knowledge or understanding of the prehistoric era in this part of Mexico."

At present, the entrance to the site is limited to INAH's research team since they are responsible for maintaining the integrity of the site.

Studies in the Tulum area, similar to those currently being planned for Hoyo Negro, were accomplished for the very first time by Pilar Luna's collaborators, namely Arturo González, Carmen Rojas, Octavio Del Río, Eugenio Aceves, and Jerónimo Avilés, with the support of Adriana Velázquez, Director of Centro INAH Quintana Roo.

What is the Significance of the Discovery of Hoyo Negro?
The human found with the megafauna remains in Hoyo Negro could represent the oldest evidence of humans yet discovered in the Americas.

Archaeological and genetic data have long supported a northeast Asia origin for the populations that first settled North and South America. The so-called "First Americans" or Paleoindian peoples likely entered into these new lands sometime between 15,000 and 20,000 years ago.

Although a number of early archaeological sites have been excavated, only few sets of Paleoindian remains have been found. A detailed analysis of the human skeletal remains from Hoyo Negro can help us to better understand who these First Americans were and when they arrived here, which is one of the greatest mysteries in American archaeology.

Radiometric dating of the human bones from Hoyo Negro will have to wait for now, but its location within the cave, and its position relative to the mastodon remains, are suggestive of its antiquity.

Waitt Institute archaeologist and New World cave expert, Dominique Rissolo, offers a compelling argument for the importance of this site and similar discoveries. "The cenotes of Quintana Roo, Mexico, have emerged as one of the most promising frontiers for Paleoindian studies in the Americas.

"Recent discoveries of human remains deep within the region's flooded caverns, as well the bones of mastodons and other extinct species of Pleistocene megafauna, offer an extraordinarily rare glimpse into a period that witnessed the peopling of the New World.

"During the Late Pleistocene, these caves were dry. The first people to occupy what is now the Caribbean coast of Mexico wandered into these caves, where some ultimately met their demise.

"As the last glacial maximum came to end, the melting of the polar ice caps and continental ice sheets raised sea levels worldwide. The caves of the Yucatan Peninsula filled with water and the First Americans were hidden for millennia -- only to be discovered by underwater cave explorers

"It is within these dark reaches that cave explorers are discovering and documenting the oldest human skeletons yet found in the Western Hemisphere," Rissolo said.

Future Research at Hoyo Negro
In the summer of 2010, Pilar Luna organized a Nautical Archaeology Society training course for the Hoyo Negro team. The course, which was funded by National Geographic Magazine thanks to Chris Sloan, a magazine editor, covered the essentials of underwater archaeological site recording.

In collaboration with INAH, the team hopes to continue their exploration of Hoyo Negro and to thoroughly document the findings at the site.

Perhaps this is a turning point in scientific exploration in the region, where successful research will depend upon the knowledge and experience of a multidisciplinary team that includes underwater archaeologists, geologists, and paleontologists working side by side with highly skilled divers.

The National Geographic/Waitt Grants Program has funded similar research in the past by supporting GUE diver, Sam Meacham, in his cave exploration and water conservation work in Quintana Roo.

National Geographic has been active in featuring similar discoveries made by cave divers on the Yucatan peninsula. In 2008 National Geographic Daily News published the discovery of the Eve of Naharon, a female skeleton dated to 13,600 years old, which was also found in an underwater cave in Quintana Roo. (Oldest Skeleton in Americas Found in Underwater Cave? )

More recently in 2010, National Geographic Daily News published an article on the Young Man of Chan Hol, a possible ritual burial from 10,000 years ago. (Undersea Cave Yields One of Oldest Skeletons in Americas)

In addition to the latest extraordinary expedition and amazing discovery, Robbie Schmittner connected the Aktun-Hu cave system (where Hoyo Negro is located) to the Sac Actun cave system. Together they may now represent the longest underwater cave system in the world.

Future investigations in Hoyo Negro will no doubt reveal new clues about the peopling of the New World.

Fabio Esteban Amador is the program officer for the NGS/Waitt Grants Program at National Geographic and an associate research professor of anthropology at George Washington University. He is an archaeologist specializing in Mesoamerican cultures and Pre-Columbian and historic earthen architecture. Amador studied archaeology at Rutgers University and received a Ph.D. from SUNY Buffalo. He has worked in archaeological sites in North, Central and South America and is presently conducting research in Mexico's Yucatan Peninsula. Before joining National Geographic, he was a professor of archaeology and a researcher for the Council for Scientific Investigation at the National University of El Salvador. Fabio Esteban is also a founding member and coordinator for OLAS (Latin American Organization for Underwater Archaeology), a new community of professionals devoted to the study and conservation of submerged cultural patrimony in the Americas.

Realizarán estudios en cenote con restos prehistóricos en Yucatán

mexico ambiental 

Foto: Vanguardia/Especial

Mérida, Yucatán, México, 13 de enero de 2011, Notimex.- Académicos de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), expertos en arqueología subacuática, realizarán un recorrido más amplio en un cenote donde recientemente fueron descubiertas osamentas de animales, cuya antigüedad data de más de 11 mil 300 años.

El 4 de noviembre pasado se dio a conocer el hallazgo de cráneos de cuatro osos, acontecimiento que podría modificar la historia de esta especie del género Arctotherium, correspondiente al Pleistoceno.

En entrevista, el líder del grupo de arqueólogos subacuáticos de la UADY, Guillermo de Anda Alanís, precisó que el descubrimiento entre 2007 y 2008- se realizó en un cenote ubicado en la región centro del estado, a una profundidad de 45 metros.

El académico informó que se sometió a consideración del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) un proyecto para realizar un registro exhaustivo para la búsqueda de más elementos óseos de animales.

El objetivo es preservar y proteger esos descubrimientos, subrayó el académico, quien recordó que el hallazgo fue producto del proyecto "El culto a los cenotes", iniciado hace dos años en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY.

"Este es un proyecto y hallazgo 100 por ciento de la UADY, pues nunca antes en la historia de la península se había registrado un evento de esta naturaleza", subrayó.

Después de destacar la preservación de los restos de los animales, apuntó que los estudios ayudarán a entender mejor los procesos climáticos y ecológicos, y la formación de cuevas y cenotes en la región.

Además, subrayó que el tema brinda la pauta para la generación de nuevas líneas de investigación, y agregó que los estudiantes de biología de la universidad local ya manifestaron interés por formar parte de los estudios.

"Esta es una oportunidad maravillosa para ver in situ a estos elementos que han permanecido en ese lugar durante 10, 11 o 12 mil años. Ese contacto físico es formidable, no es igual a ver los restos en un museo o en los libros", agregó.

Mérida, 13 Ene. (Notimex).- Académicos de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), expertos en arqueología subacuática, realizarán un recorrido más amplio en un cenote donde recientemente fueron descubiertas osamentas de animales, cuya antigüedad data de más de 11 mil 300 años.

El 4 de noviembre pasado se dio a conocer el hallazgo de cráneos de cuatro osos, acontecimiento que podría modificar la historia de esta especie del género Arctotherium, correspondiente al Pleistoceno.

En entrevista, el líder del grupo de arqueólogos subacuáticos de la UADY, Guillermo de Anda Alanís, precisó que el descubrimiento entre 2007 y 2008- se realizó en un cenote ubicado en la región centro del estado, a una profundidad de 45 metros.
El académico informó que se sometió a consideración del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) un proyecto para realizar un registro exhaustivo para la búsqueda de más elementos óseos de animales.

El objetivo es preservar y proteger esos descubrimientos, subrayó el académico, quien recordó que el hallazgo fue producto del proyecto "El culto a los cenotes", iniciado hace dos años en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY.

"Este es un proyecto y hallazgo 100 por ciento de la UADY, pues nunca antes en la historia de la península se había registrado un evento de esta naturaleza", subrayó.

Después de destacar la preservación de los restos de los animales, apuntó que los estudios ayudarán a entender mejor los procesos climáticos y ecológicos, y la formación de cuevas y cenotes en la región.

Además, subrayó que el tema brinda la pauta para la generación de nuevas líneas de investigación, y agregó que los estudiantes de biología de la universidad local ya manifestaron interés por formar parte de los estudios.

"Esta es una oportunidad maravillosa para ver in situ a estos elementos que han permanecido en ese lugar durante 10, 11 o 12 mil años. Ese contacto físico es formidable, no es igual a ver los restos en un museo o en los libros", agregó.

Extraen esqueleto del Joven de Chan Hol,
con más de 10,000 años de antigüedad

mexico ambiental
Primera imagen del esqueleto del Joven de Chan Hol. Foto: Jerónimo Avilés/ INAH

Ciudad de México, DF, México, 9 de septiembre de 2010, INAH.- Uno de los esqueletos humanos más antiguos de América, que vivió durante la Era de Hielo hace más de 10 mil años, fue extraído por especialistas mexicanos de una cueva inundada de la Península de Yucatán, junto con toda la información que guardó por siglos, y que revelará nuevos datos sobre el poblamiento del continente.

El Joven de Chan Hol, como ya se le conoce entre la comunidad académica por el escaso desgaste del esmalte de sus dientes —que indica corta edad—, es el cuarto esqueleto de uno de nuestros predecesores más remotos en el continente americano, estudiado dentro de un proyecto de investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Luego de casi tres años de estudios in situ, a fin de no perder información, la osamenta de Chan Hol fue traída a la superficie por un grupo de expertos encabezado por el biólogo Arturo González, coordinador del proyecto Estudio de los Hombres Precerámicos en la Península de Yucatán y director del Museo del Desierto de Coahuila, con la participación de los espeleobuzos Eugenio Aceves, Jerónimo Avilés y Luis Martínez, del naciente Instituto de la Prehistoria de América, bajo el auspicio del INAH.

El Joven de Chan Hol, así llamado por el nombre del cenote donde se encontró, fue rescatado cueva adentro a 542 metros de longitud y 8.3 de profundidad, en una caverna donde abundan estalagmitas y a la que sólo se llega por intrincados laberintos, también inundados y completamente oscuros.

Los antropólogos físicos de la UNAM que lo analizaron en superficie piensan que el cuerpo fue colocado en la cueva en una ceremonia funeraria realizada al final del Pleistoceno, cuando el nivel del mar estaba 150 metros más abajo, y antes de que se inundaran esas cavernas que, probablemente, el Joven de Chan Hol conoció y recorrió secas.

El esqueleto de Chan Hol fue colectado en 60 por ciento de su totalidad, con huesos representativos de las cuatro extremidades, vértebras, costillas y cráneo, así como varios dientes, lo que para los antropólogos físicos “es estupendo” ya que cuando se trata de ejemplares de 10 mil años generalmente sólo se encuentra el cráneo o la mandíbula y, con suerte, un 20 o 30 por ciento de la osamenta.

Junto con los esqueletos de la Mujer de Naharon, la Mujer de las Palmas y el Hombre del Templo, descubiertos también en el interior de cuevas inundadas cercanas a Tulum en años recientes, el Joven de Chal Hol es pieza clave para entender el poblamiento de América, ya que fortalece la hipótesis de que el continente americano se pobló a partir de varias migraciones provenientes de Asia.

Arturo González, especialista en paleobiología, detalló que estas cuatro osamentas, halladas en cuevas inundadas de Quintana Roo, “revelan migraciones procedentes del sureste asiático anteriores a las conocidas hasta ahora como grupos Clovis, que habrían cruzado desde el norte de Asia, también por el Estrecho de Bering, al final de la Era de Hielo.

“Nuestros fechamientos —añade— han comprobado que las osamentas colectadas en estas cuevas pertenecen a individuos de grupos preclovis, y se enmarcan dentro de los escasos restos humanos del Pleistoceno Terminal americano, cuyas características físicas se asemejan a la gente del centro y sur de Asia, lo que sugiere diversas migraciones hacia el continente”.

El primer dictamen de antropología física, practicado por los antropólogos físicos Alejandro Terrazas y Martha Benavente, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, indica que se trata de un adulto joven posiblemente de sexo masculino; en tanto que la posición en que se encontraba: piernas flexionadas a la izquierda y brazos extendidos a ambos lados del cuerpo, la consideran una de las “novedades más interesantes por estudiar” ya que hasta ese momento no se había encontrado un esqueleto en postura similar.

Los huesos del Joven de Chan Hol deberán reposar varios meses hasta consolidarse, antes de ser sometidos a estudios morfoscópicos (de la forma de los huesos y cráneo) para confirmar si comparte características morfológicas y físicas con los otros tres esqueletos extraídos de las cuevas; también comprobarán su antigüedad, sexo, causas de fallecimiento y edad al morir. Así mismo, se intentará una datación precisa por Carbono 14, y le aplicarán estudios de imagenología, es decir, tomografías para estudiar la composición, densidad y formas interiores de la estructura ósea.

Ancestros bajo el agua

La historia comenzó en 2006, cuando una pareja de espeleobuzos alemanes, de apellido Thursten, descubrió el esqueleto mientras reconocían la cueva de Chan Hol (hoyo pequeño en maya); entonces era un sitio recién explorado y ellos estaban buscando añadir más tramos a la línea de vida, es decir la cuerda guía que colocan los buzos para no perderse al interior de la cueva, cuando vieron los restos óseos. Dieron aviso al Centro INAH en Quintana Roo y de inmediato comenzó el registro.

Llevar al Joven de Chan Hol a la superficie no fue fácil. Desde que los Thursten lo encontraron, se necesitaron casi tres años de estudios arqueológicos y de antropología física in situ para llegar al día en que fuera posible sacarlo con los mínimos riesgos y la información intacta.

Los estudios incluyeron el registro fotográfico y en video de cada parte del esqueleto y su entorno; se necesitaron por lo menos 50 inmersiones de exploración en la cueva, durante las cuales se estudiaron todas las posibilidades de lo que ocurriría al mover la osamenta, porque cada centímetro de hueso y su contexto significaba una pieza irrecuperable con la que se deberá armar el rompecabezas de una historia milenaria.

La investigación la llevan a cabo el INAH, la UNAM, el Museo del Desierto de Coahuila, y el Instituto de la Prehistoria de América, a través de un proyecto —ahora interinstitucional— que nació hace 10 años en el INAH, durante el desarrollo del Atlas Arqueológico para el Registro, Estudio y Protección de los Cenotes de la península de Yucatán, que encabeza la pionera de la arqueología subacuática Pilar Luna.

La recolección de este cuarto esqueleto de la Era de Hielo, fue encabezada por el biólogo Arturo González, director del proyecto, con la participación de los antropólogos físicos Alejandro Terrazas y Martha Benavente, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, quienes desde la superficie dieron todas las indicaciones de cómo sacar los huesos sin perder información importante para la reconstrucción de su identidad.

En la profundidad de la cueva, González estuvo acompañado por los espeleobuzos Jerónimo Avilés, Eugenio Aceves y Luis Martínez. Cada uno cargó consigo 80 kilos, correspondientes a su equipo de buceo —tres tanques, válvulas, lámparas, snorkel—, más los implementos de registro: cámaras subacuáticas (dos de video y una de fotografía), un tripie, luces y tres cajas de plástico forradas por dentro con hule espuma para guardar los restos milenarios del Joven de la Era de Hielo.

La recolección se hizo en dos días de exploración, con un tiempo total de inmersiones de alrededor de cinco horas, durante las cuales se realizó el último registro. Los huesos se guardaron en bolsas herméticas con agua de la cueva, para no alterar la temperatura y acidez, y después, dentro de cajas previamente numeradas se trasladaron con minucioso cuidado hasta la superficie.

Junto con los huesos se colectó una estalagmita, de aproximadamente un metro de largo, que había caído sobre el húmero izquierdo del esqueleto, lo que para los antropólogos es un hecho relevante, ya que estas formaciones minerales no son propias de cuevas inundadas, lo que permite suponer que depositaron al hombre antes de que la caverna se llenara de agua, es decir por lo menos 10 mil años.

Arturo González detalló que en la Era de Hielo la península de Yucatán debió ser un pastizal desértico que con los cambios climáticos se convirtió en selva; los hombres que acompañaron al Joven de Chan Hol acudían a las cuevas a refugiarse de la intemperie; a buscar agua, filtrada entre las rocas después de la lluvia hasta el fondo de las cavernas más profundas.

Desde 2002 se han encontrado evidencias de esa vida: herramientas de piedra, hogueras, restos de animales extintos de la era del Pleistoceno, y también otros tres esqueletos humanos en situaciones similares a las del Joven de Chan Hol, a los que los científicos mexicanos bautizaron como la Mujer de Naharon, la Mujer de las Palmas y el Hombre de El Templo, cuyas antigüedades oscilan entre los 10 mil y 14 mil años.

El acomodo de dichos esqueletos, y ahora el Joven de Chan Hol, son indicio de que las cavernas también se usaron para enterrar muertos, pues las posiciones de los huesos de estos individuos no corresponden a un modo natural, sino a un arreglo humano post mortem de carácter ritual.

Autor/Redactor: INAH; editor: Manuel Zavala y Alonso

Podrían reescribir la historia de ancestros en el continente
con estudio del "Joven de Chan Hol"

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Un nuevo rumbo podrían tomar los estudios sobre el poblamiento del continente americano, luego del hallazgo en Tulum de los restos óseos del llamado 'Joven de Chan Hol', que se estudian en el Instituto de Investigaciones Antropológicas. Foto: INAH

Ciudad de México, DF, México, 9 de septiembre de 2010, Notimex.- Un nuevo rumbo podrían tomar los estudios sobre el poblamiento del continente americano, luego del hallazgo de los restos óseos del llamado 'Joven de Chan Hol', que se estudian en el Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM.

El encargado del Laboratorio de Estudios de Prehistoria y Evolución Humana del referido instituto, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Alejandro Terrazas, dijo que lo anterior se debe a las características diferentes de los huesos hallados en 2006 en una cueva sumergida de Quintana Roo con relación a otros descubiertos.

Con más de 10 mil años de antigüedad, los huesos están muy frágiles debido a que pasaron miles de años en agua alcalina, por lo que actualmente son sometidos a un tratamiento que les restituirá parte de su dureza, explicó.

Anotó que llevados hace unos días a la UNAM, estos restos 'tienen el potencial de dar otra explicación al surgimiento del hombre americano. Primero, porque fueron hallados en una región donde nunca se habían encontrado restos humanos'.

'Segundo, porque tienen una morfología diferente a todo lo que se había visto en el continente. Con esto no se busca rebatir ideas, sino enriquecer la discusión. Quienes hemos estado en contacto con la osamenta pensamos que cambiará la dirección del debate y dará pie a hipótesis de mayor riqueza y complejidad', expuso el experto.

El esqueleto fue hallado por accidente, cuando un par de buzos alemanes se adentraron en las cuevas sumergidas de Chan Hol y, en el fondo arenoso del sitio, observaron fragmentos óseos, refirió.

'Llevamos nueve años de trabajo en las cuevas sumergidas de la costa oriental de Quintana Roo', en un proyecto conjunto entre la UNAM, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Museo del Desierto de Coahuila y el Instituto de la Prehistoria de América, anotó.

'Hasta el momento hemos descubierto cuatro esqueletos, uno excepcionalmente bien preservado, el de la Mujer de Las Palmas, aunque el más reciente es este, el del Joven de Chan Hol', expuso.

El doctor en Ciencias Antropológicas por la UNAM anotó que 'si regresáramos 10 mil años en el pasado, al Pleistoceno, veríamos que en el continente americano los grupos humanos respondían a dos grandes patrones biológicos.

'El primero era el de los paleoamericanos (al que pertenecen los restos más antiguos hallados hasta ahora). Se trataba de seres con cráneos alargados y caras verticales y angostas, como el hombre de Kennewick, de Estados Unidos, o el fósil brasileño bautizado como Lucía.

'El segundo era el amerindio, que exhibía cráneos redondeados y caras cuadradas, sumamente parecidas a las de los indígenas actuales.

Sin embargo, lo hallado en Quintana Roo no se ajusta a ninguna de estas pautas, más bien tiene características intermedias.

Para Terrazas este hecho pone en tela de juicio todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre el origen del hombre americano, subrayó.

México: Hallazgo de tumba maya pudiera ayudar a explicar colapso

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Un hombre aparece sentado en el sitio arqueológico maya de Toniná, cerca de la aldea de Ocosingo, en el estado mexicano de Chiapas. Foto: AP/Miguel Tovar

Toniná, Chiapas, México, 29 de enero de 2010, AP - Arqueólogos mexicanos encontraron una tumba de 1.100 años de antigüedad del crepúsculo de la civilización maya que esperan arroje alguna luz sobre lo que sucedió a esa gloriosa cultura.

El arqueólogo Juan Yadeun dijo que la tumba, y piezas de cerámica de otra cultura halladas en ella, podrían revelar quién ocupó el sitio maya de Tonina en el estado sureño de Chiapas cuando el período clásico de la cultura empezó a declinar.

Muchos expertos han conjeturado que guerras internas entre ciudades mayas, o la degradación ambiental, fueron causas posibles de la declinación maya a partir del 820 de nuestra era.

Pero Yadeun, que supervisa el sitio arqueológico en Toniná por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, dijo que los objetos de la cultura tolteca halladas en la tumba podrían indicar otra explicación. Dijo que la tumba data de entre el 840 y el 900 de nuestra era.

"Está claro que es una nueva ola de ocupación, la gente construyó esta tumba de tipo tolteca", dijo Yadeun el miércoles. "Esto es muy interesante, porque vamos a ver por medio de los huesos quiénes eran esas personas que sucedieron al imperio maya".

Los toltecas procedían de las altiplanicies del centro de México y aparentemente expandieron su influencia a los bastiones mayas en el sur de México. Se cree que dominaron el centro de México desde la ciudad de Tula —al norte de lo que actualmente es la Ciudad de México— entre los siglos X y XII, antes que los aztecas ocuparan la región.

Arqueólogos no vinculados con las excavaciones consideraron prematuro llegar a conclusiones definitivas en base a un solo sitio e hicieron notar que el imperio maya abarcó una amplia área y tiene una variada y compleja historia.

"Una tumba, aunque sea muy lujosa, no va a responder los grandes interrogantes de la trayectoria maya en toda la región... quizás a nivel local", dijo David Stuart, especialista en epigrafía maya en la Universidad de Texas, en Austin.

Susan Gillespie, arqueóloga de la Universidad de la Florida, dijo que "la idea de una migración desde Tula hasta el área maya se ha abandonado".

En el interior, un sarcófago en forma de recipiente de piedra yace dentro de una cueva estrecha, coronada por una pesada lápida de piedra. Al contrario de otras, ésta no contiene inscripciones; al parecer, los mayas empezaron a abandonar su complejo sistema de escritura en las postrimerías de su cultura.

Los arqueólogos también hallaron una urna de cerámica y los huesos posiblemente de una mujer. El cráneo parece haber sido deformado intencionalmente, una práctica común entre los mayas. Los antropólogos están estudiando los huesos en la esperanza de identificar de qué grupo procedía.

El instituto dijo que los huesos de la mujer fueron desplazados por huesos en otra urna de cerámica, presumiblemente depositados allí por jefes tzeltales en algún momento a fines de los 1400, justo antes de la conquista española.

El sitio selvático está lleno de templos y plataformas dejadas por los mayas. La tumba recién descubierta _detectada inicialmente durante trabajos de mantenimiento en diciembre, y cavada más adelante y mostrada a reporteros el miércoles_ está al pie de uno de los templos antiguos.

La tumba muestra evidencia de que al menos otro grupo prehispánico tomó posesión del lugar tras el colapso maya.

El redactor de la Associated Press Mark Stevenson en Ciudad de México contribuyó a este reporte.

Antropólogos mexicanos estudian un relato maya
sobre sacrificios sacerdotales

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Comalcalco, Tabasco. Foto: ninfa-urania.blogspot.com

Antropólogos mexicanos estudian el texto maya más largo encontrado en el Estado de Tabasco (sureste), donde se encuentran las ruinas de algunos de los principales templos de esa civilización mesoamericana, y que se refiere a sacrificios y a penitencias a los que se sometían sus sacerdotes.

Se trata del primer texto maya sobre la vida de un sacerdote y no sobre un gobernante y sus esposas, indicó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en un comunicado difundido el lunes.

El texto se compone de 260 glifos (caracteres), referentes a 14 años de la vida de un importante sacerdote del siglo VIII de nuestra era, que incluye referencias a rituales de sacrificios que incluían sangrías y actos de penitencia previos a los equinoccios de primavera.

Se trata del "texto epigráfico maya más largo encontrado hasta la fecha en Tabasco. Fue hallado en una urna funeraria descubierta durante las excavaciones del sitio arqueológico de Comalcalco", explica el comunicado.

El texto se encuentra escrito en pendientes de concha y en espinas de raya, depositados en la urna funeraria en la que el sacerdote fue amortajado y cubierto con abundante cinabrio (pigmento rojo) junto con una ofrenda envuelta en piel de jaguar.

Los sacerdotes mayas de Comalcalco usaban los aguijones de raya para perforarse los oídos, lengua, frente, pene y otras partes del cuerpo, en rituales que producían desangramientos y mucho dolor, y que los llevaba a alucinar para entablar contacto con los dioses, según los expertos del INAH.

Uno de los glifos encontrados proporciona una fecha equivalente al 31 de enero de 771, que se cree corresponde al inicio de los textos recuperados en la ofrenda.

La civilización maya, que se extendió desde el sureste de México hasta Guatemala, Honduras, Belice y El Salvador, se destacó por sus avances en astrología, matemáticas y por la creación de un calendario propio, que indica que en 2012 habrá un cambio de era.

Recrean investigadores microhistoria de un barrio de Teotihuacan

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Foto: UNAM

Ciudad de México, DF, México, 29 de noviembre de 2009, mexicoambiental.com.mx.- Teotihuacan, la imponente Ciudad de los Dioses,  tenía una estructura “corporativa” en la que se privilegiaba a las colectividades y que pudo haber determinado un consejo de nobles conformado por cuatro personajes, consideró Linda Rosa Manzanilla Naim, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, al informar  que para conocer la dinámica urbana y social de este enclave se recreó la microhistoria de uno de sus barrios.

Para investigar cómo vivía la elite de Teotihuacan y sus formas o sistemas de gobierno en dos niveles: los barrios y la ciudad como capital de un Estado, un grupo de especialistas dirigido por Manzanilla Naim, trabajó en la reconstrucción de este micro espacio de la ciudad.

En 1997, el equipo conformado por físicos, geofísicos, químicos, biólogos, genetistas, arqueólogos, antropólogos físicos y antropólogos forenses, inició el proyecto Teotihuacan: elite y gobierno; se investigó la posibilidad de un cogobierno, como parte de una estructura corporativa que se veía incluso en las viviendas multifamiliares, explicó Manzanilla Naim.

Con una superficie de 20 kilómetros cuadrados y una población de 125 mil habitantes, era una megalópolis y, por consiguiente, una excepción en el conjunto de los centros urbanos de Mesoamérica.

Con su traza reticular y sus calles que cruzaban en ángulos rectos, se caracterizaba por ser multiétnica; llegaban migrantes de todas partes de la región, y se distribuyeron en distintos barrios. A diferencia de otras áreas culturales, posiblemente contaba con un cogobierno formado por cuatro personajes.

Dos puntos
Los investigadores excavaron dos puntos: el centro del barrio multiétnico de Teopancazco y el palacio Xalla, ubicado al norte de la Pirámide del Sol, donde probablemente se reunían los cogobernantes a discutir razones de Estado y a hacer rituales.

“Queríamos saber cómo funcionaba un barrio multiétnico. El de Teopancazco pudo haber sido originalmente uno de gente proveniente de lo que hoy es Veracruz, pero debido a la riqueza que generaba (en él se diseñaban los trajes que vestía la elite teotihuacana de la casa noble que regía el barrio), los teotihuacanos lo tomaron en sus manos, pero conservaron a sus habitantes como sastres”, señaló la universitaria.

Al sur de la Ciudadela
A Teopancazco, localizado al sur de la Ciudadela, en la periferia de Teotihuacan, se conoce desde 1884, cuando Leopoldo Batres comenzó excavaciones en el lugar donde un alfarero, de apellido Barrios, encontró el primer mural de lo que se pensaba era un conjunto residencial; pero al avanzar la obra, resultó ser el centro del barrio.

Los investigadores no sólo analizaron los materiales que tradicionalmente interesan a los arqueólogos, como cerámica, piedra y hueso trabajados, también hicieron el rastreo químico de los pisos de estuco.

Como modernos detectives, tomaron muestras de tierra de cada habitación, de las que extrajeron células microscópicas y semillas, tallos y fragmentos de hojas para determinar qué vegetación había en el entorno y cuál era consumida por los pobladores; también, para ver si descubrían indicios de moluscos marinos y restos óseos humanos y de animales.

 “De ser un centro de clase media, Teopancazco se convirtió en un conjunto económicamente importante. A nosotros nos interesaba saber por qué, y poco después establecimos que la causa de ese cambio fue que sus habitantes se dedicaban a elaborar los vistosos trajes de los señores y los guerreros teotihuacanos y, además, a traer mantas de algodón de las zonas cálidas como Veracruz”, explicó la investigadora.

Consejo de nobles
Teotihuacan tenía una estructura que Manzanilla Naim llama “corporativa”, en la que no se privilegiaba a los individuos, sino a las colectividades.

A diferencia de lo ocurrido en ciudades del área maya, regidas por una persona perteneciente a una dinastía, y de la que conocemos su biografía, en Teotihuacan no se han encontrado representaciones de sus gobernantes ni tumbas reales, y no se sabe cuáles fueron sus palacios, que en otros sitios son monumentales, como el Palacio de Pakal, en Palenque, dijo.

“La estructura corporativa pudo haber determinado un cogobierno, un consejo de nobles de los distintos sectores de la ciudad. Mi propuesta es que estaba conformado por cuatro personajes”, indicó.

Como ciudad sagrada mesoamericana, se dividía en cuatro sectores, con la Calzada de los Muertos como eje norte-sur, un poco desviado al este, y la calzada este-oeste, que se cruzaba con la anterior a la altura de la Ciudadela.

 “Probablemente, los cuatro señores provenían de estos sectores. La única representación que tenemos de ellos, cada uno con un emblema distinto, apareció en una vasija tardía encontrada en los años 30 del siglo pasado, por el arqueólogo sueco Sigvald Linné en Las Colinas, cerca de Calpulalpan, Tlaxcala.

 “El principal señor lleva un tocado de tres borlas y anteojeras del dios de las Tormentas, cuyo templo es la Pirámide del Sol, el eje original del mundo teotihuacano”, comentó la especialista.

Golpe de estado fallido
El grupo de la Serpiente Emplumada gobernaba el sureste de la ciudad; el de los Jaguares, el noreste (la zona de la Pirámide del Sol); el de los Coyotes, el suroeste, y el de las Aves de Rapiña, el noroeste (la zona de la Pirámide de la Luna).

 “Entre el año 250 y el 350, en la ciudad se vivió un momento de gran tensión política, un momento que parece haber quedado registrado incluso en murales y, por supuesto, en la arquitectura. Posiblemente, el grupo de la Serpiente Emplumada trató de tomar el gobierno en sus manos, los demás linajes dirigentes no lo permitieron, y hacia el año 350, lo expulsaron de la ciudad”, relató Manzanilla Naim.

Entonces, toda la iconografía que tuviera que ver con alfardas de serpientes fue tapada y al templo de la Serpiente Emplumada se le desacralizó: se le arrancaron las esculturas, se prendió fuego y enfrente de él se construyó una estructura para que ocultara su fachada.

 “El barrio de Teopancazco, que pertenecía a este grupo, siguió funcionando, pero ahora quizá bajo la tutela del grupo de los Jaguares”, dijo la investigadora.

Tensión
Los barrios, regidos por nobles que se comportaban como reyezuelos, generaban una organización opuesta a la estrategia corporativa del cogobierno teotihuacano.

 “Mi hipótesis es que esa fue la razón por la que la tensión entre estos dos sistemas de gobierno no se pudo resolver, y en el año 550 fue incendiada la ciudad”, consideró.

Originalmente, las elites intermedias movían bienes suntuarios a su entera libertad, con independencia del Estado, y mientras éste trataba de dar una imagen corporativa, colectiva, aquéllas posiblemente se centraban en individuos o familias nobles particulares; a final de cuentas, todo salió de control.

Los miembros de la casa noble de Teopancazco traían, junto con peces, conchas marinas, tortugas, cangrejos, cocodrilos, plumas de quetzal para tocados y las mantas de algodón con que se vestía toda la nobleza. Se pavoneaban en la ciudad con ellas, como símbolo de riqueza (véase el Mural del Templo de la Agricultura); el Estado teotihuacano observaba cómo se hacían ricos e intentaba controlarlos.

Fin de la utopía
Hacia el año 550, a este frágil equilibrio entre las dos formas de gobierno se sumó posiblemente una gran sequía en el altiplano central. Como consecuencia, el ritual de siembra dedicado al dios de las tormentas, que debía de traer lluvias, fertilidad y abundancia, no funcionó.

Existe la posibilidad de que los barrios se hayan levantado contra el consejo de gobierno, o contra quienes no hicieron llover e impidieron que hubiera comida suficiente.

“No sabemos si esta revuelta interna fue obra del pueblo o de las elites de los barrios que manipularon a la gente, o quizá la gente se rebeló contra los reyezuelos y contra el gobierno central. En todo caso, el colapso comenzó”, refirió Manzanilla Naim.

Alrededor del año 550, los centros del poder fueron incendiados (los templos y sedes administrativas y políticas a lo largo de la Calzada de los Muertos tienen huellas de ignición). Los pueblos que pertenecían a los corredores teotihuacanos aprovecharon el colapso para independizarse y formar sus propios reinos: Cacaxtla, Xochicalco, Tula, Teotenango y Tajín.

 “Pero no sólo se independizaron también, al parecer, cerraron las rutas de abasto a la ciudad, lo que impidió la llegada de bienes de los corredores. Así, ninguna urbe puede sobrevivir. Todo el sistema de abasto cayó, no sólo el de articulación simbólica con los bienes suntuarios”, concluyó la universitaria.

Cacaxtla cumplió 34 años de ser descubierta

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Ciudad de México, DF, México, 29 de octubre de 2009, mexicoambiental.com.mx.- En septiembre de 1975, a San Miguel del Milagro, municipio de Nativitas, en Tlaxcala, se le hizo el milagro. Algunos de sus habitantes, en la búsqueda de cofres repletos de monedas de oro en el Cerro Cascasmeme, desenterraron un rostro humano pintado de negro, de clara influencia maya, hecho que dio pie a la exploración arqueológica de Cacaxtla, un sitio sin precedentes en el Altiplano.

Con la excavación de sólo diez por ciento de su polígono, esta zona arqueológica ha permitido ampliar el conocimiento sobre la compleja conformación de esta área central tras la caída de Teotihuacan, entre 700 y 900 d.C., cuando Cacaxtla se convirtió en la ciudad más importante de la región, contemporánea a otras urbes como Tajín (Veracruz) y Xochicalco (Morelos).

Los trabajos de exploración emprendidos desde hace más de tres décadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) han sido continuos, de ahí que en fechas recientes se ha procedido al reconocimiento minucioso del recubrimiento del Gran Basamento, sus taludes y muros exteriores, informó el arqueólogo Andrés Santana Sandoval.

“Entre los descubrimientos más recientes se encuentran los recubrimientos de la fachada este del Gran Basamento y que fue la portada principal; incluso, en algunas zonas se ha llegado a detectar el piso original”, comentó el experto adscrito al Centro INAH Tlaxcala al impartir la conferencia Sacrificios y ofrendas en Cacaxtla, a propósito del 34 aniversario del hallazgo del sitio.

Con una ocupación entre 100 y 1100 d.C., Cacaxtla (de cacaxtli, bulto carga), aún guarda importantes secretos, toda vez que se desconoce su filiación cultural, aunque los vestigios indican a los olmecas-xicalancas como sus ocupantes. A pesar de esto, el conjunto monumental posee influencias estilísticas mayas, teotihuacanas, mixtecas-zapotecas y nahuatlatas.

En el acto conmemorativo, realizado en el Palacio Legislativo de Tlaxcala, el especialista del INAH detalló que a lo largo de 34 años de investigación, en el sitio se han localizado los restos óseos de aproximadamente 300 individuos, aunque cabe aclarar que dos terceras partes corresponden a infantes, los cuales fueron ubicados durante las primeras temporadas de campo del proyecto arqueológico, a fines de los años 70.

“Cacaxtla fue abandonada hacia el año 1000 d.C. por la llegada de otros grupos, no obstante, previamente llevaron a cabo una serie de sacrificios y ofrendas antes de irse. A lo largo de las excavaciones encontramos los restos óseos de 200 niños (cifra documentada por el número de cráneos), distribuidos en distintos puntos, sobre todo en El Palacio, con huellas de haber sido sacrificados.

“Podemos pensar que los niños pertenecían a la misma comunidad, algunos llevaban puestos ornamentos a la hora de su muerte, como cuentas de piedra, de hueso o de barro, con figuras de rana o tlacuache, y malacates. En el lugar se detectaron puntas de proyectil de sílex y de obsidiana, con las que posiblemente —dada su cantidad— los inmolaron”.

También, dijo, se exploraron dos tumbas en el llamado Patio Hundido, consistentes en un hueco revestido con piedras, en donde se colocaron los huesos de varios individuos que en un tratamiento pos mortem fueron desarticulados, con el fin de que pudieran ser introducidos en las citadas tumbas.

La riqueza de las ofrendas es otro de los aspectos que mencionó Andrés Santana en este recuento de los trabajos arqueológicos efectuados en Cacaxtla, por ejemplo, en una cesta ubicada en el Patio Hundido, se encontraron caracoles marinos (tipo estrombus) usados como instrumentos musicales (silbatos) para ceremonias de petición de lluvia. Otros objetos depositados fueron huesos trabajados a modo de espátulas o agujas —utilizados en ritos de autosacrificio—, raspadores y cuchillos de obsidiana.

Asimismo, las ofrendas no asociadas a entierros, contenían piezas destacadas. En una de ellas estaban esparcidos los vestigios de un mural y de relieves desprendidos intencionalmente, “tal vez para que no los mancillaran quienes después ocuparan Cacaxtla”.

Concluyó que en la parte superior del Montículo B se encontró el depósito más grande descubierto hasta el momento y en excelente estado de conservación, el cual incluía dos grandes cuchillos de obsidiana (de más de medio metro de altura, aproximadamente), tres pectorales de jadeita, silbatos, ramas de coral, conchas marinas, cuentas, y los restos de una máscara de Tláloc.

Breve recuento
1975 -  Se descubre y rescata el mural del Caballero-Ave, comienza la liberación del Edificio A, y se efectúan trabajos de limpieza y conservación de cinco pinturas.

1976 - Arranca la primera excavación intensiva en el Edificio B, se hallan los núcleos de una escalinata y al limpiarla se descubre el Mural del Sacrificio (de la Batalla), de 22 metros de longitud, uno de los más extensos de Mesoamérica.

1985 - Se localiza parte del Mural del Templo Rojo, y las labores para la colocación de la techumbre del Gran Basamento, permiten descubrir el Templo de Venus.

1990 - Reinicia la excavación del Edificio B y cuatro años más tarde se explora la Plaza de las Tres Pirámides.

1998 - Fueron recuperadas 11 esculturas de barro con recubrimiento de estuco, que representan a igual número de señores de Cacaxtla (ahora expuestos en el Museo de Sitio).