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La Estación de Biología de los Tuxtlas de la UNAM es un reducto de selva virgen que es indispensable proteger

La Estación de Biología de los Tuxtlas de la UNAM es un reducto de selva virgen que es indispensable proteger

Ciudad de México, México, 24 de enero de 218, México Ambiental.- La Estación de Biología Tropical Los Tuxtlas, del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, es un reducto de selva virgen en el país que se enclava en el sureste de Veracruz y que hoy se encuentra presionada por ocho comunidades humanas que en zonas vecinas realizan actividades de tala, ganadería y agricultura y en donde en el último medio siglo ha producido mil 700 publicaciones internacionales, 500 tesis y ha permitido crear colecciones biológicas de miles de plantas y animales.

 

Este espacio tiene una superficie de 640 hectáreas  es la última gran extensión de selva en las tierras bajas de México a menos 800 metros del nivel del mar) que no ha sido destruida ni talada… hasta ahora. La jefa de la estación, Rosamond Coates Lutes explicó que es el área de selva tropical más norteña de su tipo en el continente americano y actualmente se enfrenta a problemas serios de estabilidad por actividades antropogénicas.

 

La estación fue fundada en noviembre de 1967 por un grupo de universitarios, entre los que destacan Faustino Miranda y Mario Sousa Sánchez. Entonces y ahora, la misión ha sido combinar la conservación y la investigación en un sitio único.

 

Durante 50 años de vida, en este laboratorio vivo se han realizado más de mil 700 publicaciones científicas internacionales y se han generado investigaciones de tesis de grado de más de 500 alumnos y se han creado colecciones biológicas de miles de especies de plantas y animales, algunas endémicas del lugar.

 

Aunque el predio permanece igual, las instalaciones de la estación, ubicadas en el corazón de la selva, han cambiado mucho. “En 1984 inauguramos la segunda sección, que nos permitió tener más personal de investigación e instalar dormitorios para residentes y académicos, además de cocina, biblioteca y salones de clase”, expuso Rosamond Coates.

Actualmente sólo cuatro científicos están adscritos pero están en proceso de ejecución más de 70 proyectos que desarrollan varios grupos del Instituto de Biología de la UNAM y de otras entidades de la UNAM, así como de instituciones foráneas.

 

Rosamond Coates Lutes indicó: “Tenemos una buena representación de universidades estadounidenses, unas cuantas canadienses, e investigadores de Alemania, Bélgica y Holanda en proyectos académicos. La mayoría son alumnos de posgrado que vienen a México a hacer sus tesis, se reciben y regresan a sus países.

 

Ciertamente la Estación Biológica de Los Tuxtlas es una joya natural de la UNAM y la universidad y los investigadores tienen una presencia de cinco décadas ahí. Lo más interesante, dijo la científico, es que “… esperamos encontrar cada año nuevas especies que no han sido documentadas”.

 

La colección botánica tiene registradas hasta ahora cinco mil 670 especies de plantas y 680 de semillas; mientras que la colección zoológica cuenta con mil 200 especies de anfibios, mil 200 reptiles, 160 aves, 453 mamíferos y unos 15 mil insectos.

 

Desde hace 50 años, en Los Tuxtlas se han descrito decenas de nuevas especies. En el área de los insectos e invertebrados son cientos, porque son los grupos menos conocidos y los más numerosos. También, cada año encontramos algo nuevo en la flora, decenas de plantas. En cuanto a los mamíferos, hace poco un grupo redescubrió una musaraña que se había descrito en 1800 y no se había vuelto a ver.

 

De reptiles y anfibios no ha habido hallazgos en los últimos 10 años “… y creemos que de vertebrados mayores como aves, anfibios, reptiles y mamíferos, más o menos estamos llegando a los inventarios completos”.

 

“Cada año hay nuevos proyectos, no sólo sobre los inventarios de flora y fauna, sino de cómo manejar la selva para su conservación”, destacó Coates Lutes al insistir en que el gran reto ahora es la preservación de la estación misma.

 

Preservarla es un reto porque hay mucha presión por la ganadería y la agricultura; y es que la estación está rodeada por ocho comunidades y a cada una le gustaría tener una parte de ella, “… así que tenemos que trabajar con las localidades; nos vinculamos con los habitantes y les explicamos la importancia de este sitio. Hemos optado por la sensibilización y no hemos sufrido invasiones en los últimos 15 años. Trabajamos con los adultos, con niños en las escuelas y con la gente a nuestro alrededor”.

 

Los científicos de este espacio universitario tienen programas de educación ambiental y proyectos productivos para la comunidad, que implementan a través de instancias como la Comisión Nacional Forestal (Conafor) o la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

 

“Es primordial conservarla con la participación de los vecinos; si no trabajamos con ellos y los convencemos de su importancia, no vamos a poder. Los locales son fundamentales y se han ido involucrando con el proyecto”, enfatizó esta destacada investigadora.

 

Rosamond Coates reconoció que vivir en la estación es impresionante. “Aunque llevo 35 años trabajando aquí, siempre hay algo nuevo que ver”.

 

En los últimos años se ha impulsado la multidisciplina: hay proyectos con agrónomos, químicos y expertos en asuntos marinos. “También tenemos sociólogos que hacen vinculación entre los biólogos y nuestros vecinos”, concluyó.