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El joven científico español que busca por qué las ciudades nos enferman

El joven científico español que busca por qué las ciudades nos enferman

Javier Salas

Madrid, España, 12 de octubre de 2018, El País. – Los expertos en salud pública insisten una y otra vez en que el código postal es más determinante que el código genético. Los determinantes sociales de la salud y el bienestar marcan más la evolución de una persona que lo que heredó de sus progenitores. El barrio en el que se vive indica el acceso a zonas deportivas o la exposición a contaminación, pero también el poder adquisitivo, si se podrá pagar un examen por un especialista privado y si se tiene un alto nivel educativo, es más probable que goce de una buena alimentación y practique deportes. Por eso, en Madrid hay hasta diez años de diferencia en la esperanza de vida entre barrios: en algunos no superan los 78 años mientras en alguno alcanzan los 88.

Y como se calcula que en 2050 el 70% de la población mundial vivirá en ciudades, nos interesa saber cómo determinan la salud de sus habitantes. Es lo que pretende el epidemiólogo urbano Usama Bilal, nacido en Gijón hace 32 años, por medio de un proyecto que acaba de recibir dos millones dólares de financiación por parte de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIH). El plan de Bilal, que durará cinco años, es uno de los 11 científicos que en todo el país han recibido financiación por medio de un programa de investigación destinado proporcionar independencia a científicos jóvenes “excepcionales” para que desarrollen proyectos especialmente innovadores: trabajos de “alto riesgo y alta recompensa”, según los define NIH.

En su caso, el plan es descubrir cuáles son y cómo interactúan los ingredientes urbanos que afectan a la salud en las grandes ciudades y que de momento no han revelado sus secretos. “Hay una necesidad real de comprender las consecuencias para la salud de este proceso de urbanización y cómo se puede gestionar para promover la salud”, explica Bilal por videoconferencia desde Baltimore, una ciudad de la que conoce bien sus condicionantes sociales. El investigador español formará un equipo de cuatro personas que estudiarán numerosos factores y estadísticas de salud en una gigantesca muestra de las más de 700 ciudades con más de 100.000 habitantes de EE UU y diez países latinoamericanos (México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Perú, Chile, Brasil y Argentina). Una muestra de millones de personas y su evolución a lo largo de los últimos 30 años, para estudiar cómo cambia la salud de la ciudadanía a medida que las urbes van creciendo. Es la primera vez que se va a hacer algo así y a esa escala.

“Nos fijaremos en factores como la riqueza, la contaminación, los salarios, la vivienda, los kilómetros de carretera por persona, pero también en otros como la criminalidad o el número de contactos sociales que se entablan, lo que favorece la transmisión de infecciones”, afirma Bilal, profesor asociado de la Universidad de Drexel (Filadelfia). Todos esos determinantes se cruzarán con estadísticas sanitarias, como mortalidad por distintas causas, enfermedades metabólicas y otras condiciones como depresión, abuso de sustancias, tabaquismo, etc., para formar un complejísimo mosaico de causas y efectos que se interrelacionan en la vida de los urbanitas.

Bilal cree que hay patrones universales, aunque en cada ciudad se viva en contextos culturales, legales y sociales muy distintos, como los que pueden encontrarse en Nueva York o San José en Costa Rica: “A pesar de estas diferencias tan grandes entre países, creemos que comparten características, como la correlación con los salarios de la ciudad o la asociación entre población, contaminación y transporte”. Este joven epidemiólogo tiene varias hipótesis de trabajo, como que las grandes ciudades sacarán peores notas en enfermedades infecciosas y cardiovasculares, mientras que las pequeñas saldrán peor paradas en accidentes. Pero todavía hay muchos patrones que no saben cómo se comportarán y, algunos, como la influencia de la alimentación, que aún está pensando cómo medirlo.

“Fuera del ámbito de la salud sabemos mucho sobre cómo determinadas decisiones tomadas en las ciudades afectan a otros aspectos, como el urbanismo en la criminalidad. Pero nos falta establecer esta conexión con la salud”, señala Bilal, formado en la Universidad de Oviedo y posteriormente en EE UU gracias a una beca de la Obra Social de La Caixa. Por esto, su proyecto pretende aportar herramientas que ayuden a identificar estos fenómenos que solo emergen en ciudades grandes o en crecimiento, para mitigar los aspectos negativos y potenciar los saludables. “A veces, nos empeñamos en la necesidad de educar a cada individuo para que tome decisiones saludables y olvidamos que cuando se trata de la salud pública, pensar en términos poblacionales es fundamental e incluso más fundamental en las ciudades”.


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