Día Mundial de la Descontaminación Acústica: 12 de junio

Día Mundial de la Descontaminación Acústica: 12 de junio

Ciudad de México, México, 13 de junio de 2017, México Ambiental.-  El ruido es un tipo de contaminación poco reconocido que causa daños fisiológicos y psicosomáticos muchas veces irreversibles a más de 120 millones de personas en el mundo y a 13 millones en los países miembros de la Organización para la Cooperación Económica (OCDE), entre los cuales sobresale México. Y todo por estar expuestos a sonoridades superiores a 65 decibeles (dB) que revelan contaminación acústica, fenómeno propio de la civilización de consumo y que es generado por la actividad humana.

 

El ruido, contaminante invisible que produce efectos negativos en el ser humano, constituye también un grave problema medioambiental y social, por lo que combatirlo implica asumir una actitud de respeto a los demás y a nuestro entorno, y corregirlo demanda emprender acciones individuales y colectivas para mitigar el ruido que hacemos todos.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa determinó que por su rango de impacto, la contaminación acústica es “… la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, por detrás de la polución atmosférica, y no sólo es una molestia medioambiental, sino también una amenaza para la salud pública”.

 

En un documento público, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México explicó que las secuelas del ruido son tan devastadoras para el ser humano y tan variadas y numerosas las fuentes que lo generan, que se han fijado dos fechas para promover la conciencia sobre los perjuicios que ocasiona el “contaminante invisible” cuando alcanza un nivel superior a 70 dB, límite establecido por la OMS: el 12 de junio, Día Mundial de la Descontaminación Acústica, admitido por el organismo internacional de Salud y, desde hace más de dos décadas, el último miércoles de abril, Día Internacional de la Conciencia sobre el Problema del Ruido que conmemoran México y otros países.

 

Un informe de la OMS advierte que “… la civilización del ruido atenta contra la salud”. Y aunque el exceso de sonido que altera las condiciones normales del medio ambiente en una determinada zona, no es acumulable ni se traslada, repercute gravemente en la calidad de vida de las personas si no se controla de forma adecuada.

 

La industria de la construcción, el tránsito vehicular, el comercio ambulante y los centros de diversión son algunas de las fuentes de contaminación acústica, considerada la más común y barata de producir, y las ciudades son los espacios más afectados porque concentran la mayor cantidad de población expuesta a niveles de ruido intenso que originan estrés, pérdida de la audición, efectos vegetativos, alteración del ritmo cardiaco y del sistema periférico; efectos psicológicos como trastornos del sueño, la conducta, la memoria y la atención, y además, afecciones en el embarazo.

 

La Semarnat señala que “… la contaminación acústica es un problema ambiental importante con cada vez mayor presencia en la sociedad moderna, debido al desarrollo de actividades industriales, comerciales y de servicios que constituyen fuentes tanto fijas como móviles que generan diferentes tipos de ruido que, de acuerdo a su intensidad, frecuencia y tiempo de exposición, repercuten no sólo en los seres humanos sino en todos los seres vivos que conforman los ecosistemas en los que se encuentra inmersa la población humana”.

 

En este marco el 13 de enero de 1995 se publicó en el Diario Oficial de la Federación, la norma oficial mexicana NOM-081-SEMARNAT-1994 que establece los límites máximos permisibles de emisión de ruido de las fuentes fijas y su método de medición, y el 29 de abril de 2013 esa norma fue modificada al observarse que México destaca entre las naciones donde se han incrementado los problemas generados por la contaminación acústica al superarse ampliamente la incidencia perjudicial del ruido en los seres humanos.

 

Se reconoce que no pueden equipararse las actividades que se realizan dentro de todas las instalaciones, por lo cual, en beneficio de la salud de las personas expuestas a altos niveles de emisión de ruido, en 2013 la SEMARNAT y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios acordaron modificar el numeral 5.4 de la  NOM-081-SEMARNAT-1994 para establecer los límites máximos permisibles de emisión de ruido de las fuentes fijas por zonas y horarios recomendados por la OMS:

 

Para exteriores de zonas residenciales, de 6:00 a 22:00 horas el máximo permitido es de 55 dB, y de 22:00 a 06:00 horas, de 50 dB; en los mismos horarios para zonas industriales se permiten hasta 68 y 65 dB; para escuelas en áreas exteriores y de juego, durante el juego, 55 dB; para ceremonias, festivales y eventos de entretenimiento durante 4 horas el límite máximo es de 100 decibeles.

 

Existen límites máximos de ruido de fuentes móviles según la NOM-082-SEMARNAT-1994 para motocicletas y triciclos motorizados nuevos en planta y su método de medición; la NOM-080-SEMARNAT-1994 para ruido proveniente del escape de vehículos automotores, motocicletas y triciclos motorizados en circulación y su método de medición, y la NOM-079-SEMARNAT-1994 para control de la emisión de ruido de los vehículos automotores nuevos en planta y su método de medición.

 

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social dispone en la NOM-011-STPS-2001 que plantea: “Si no se rebasan los límites, pero se tienen 85 dB o más, se debe dotar de equipo de protección personal a los trabajadores expuestos e implementar un programa de conservación de la audición. Si se rebasan los límites, se deben aplicar las medidas de control descritas en el capítulo 8 de la NOM.”

 

El Centro Nacional de Metrología alerta sobre la exposición a ruidos fuertes, por encima de 80 dB, como el que pueda producir una perforadora eléctrica: si es prolongada, se puede ocasionar pérdida permanente en la audición, y si se produce durante un tiempo corto puede originar pérdida temporal del oído. Advierte que un  ruido superior a los 110 dB, como el despegue de un avión, aunque sea durante un tiempo corto, puede generar pérdida permanente en la audición.

 

La OMS considera que los niveles de exposición al sonido de una persona no deben nunca superar los 70 decibeles, ya que el oído humano puede tolerar y asimilar ese nivel de sonido sin ser dañado de manera temporal o permanente, pero cualquier sonido por arriba de ese volumen sonoro es peligroso y posiblemente genere algún tipo de lesión a la persona, especialmente si es expuesta al sonido de manera constante. Advierte también que cuando una persona sufre la exposición repentina a un sonido muy alto y agudo, como los fuegos artificiales, puede perder la audición de manera temporal.