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De regreso a la isla, cosas de poca importancia

De regreso a la isla, cosas de poca importancia

Rodrigo Navarro *

 

Isla Mujeres, Quintana Roo, México, 18 de enero de 2019, México Ambiental.- Después de 90 días fuera, regresamos a la isla. Lo primero que dijimos al bajar del avión fue, ¡Mira el cielo azul! Un cielo azul que se funde con el turquesa del mar Caribe. Para llenarnos los ojos de mar fuimos a desayunar a Monina, una acogedora palapa junto al mar que ofrece desayunos y comidas a buen precio, y tiene una vista espectacular hacia el canal de Yucatán que esconde muchos misterios en sus aguas profundas.

 

Estábamos esperando el desayuno en compañía de un buen café y un rico jugo de naranja cuando un pelícano planeando suavemente sobre las olas descendió sobre la orilla. La isla está formada sobre coral muerto, sascab le llaman a esta roca blanca de origen calcáreo que conforma el suelo y a los caminos mayas hechos con estas piedras, sacbé. Los sacbé comunicaban a las comunidades mayas pero también tenían un sentido mitológico, rutas mágicas o de peregrinación a los santuarios, caminos marcadores de conexiones geopolíticas o simbólicas entre las poblaciones y ciudades. Hay también caminos subterráneos formados por los ríos que corren bajo la superficie y que nos muestran un poco a través de ventanas llamadas cenotl o cenotes.

 

Así, el pelícano aterrizó sobre las rocas de coral que aquí gracias al humus de la descomposición vegetal son oscuras. Forman pequeñas pozas en donde las aves llegan a pescar pequeños peces y moluscos atrapados por las olas y las mareas. Nuestro pelícano estaba muy concentrado pescando cuando una pequeña garza blanca juvenil aterrizó a su lado. Cuando llegué a la isla me maravillaba que las garzas caminaban por las banquetas y con frecuencia las observas de pie en medio de los lotes baldíos buscando ratoncitos, ranas o algún pequeño reptil o ave que pueda darle un buen bocado.

 

Esta juvenil garza aterrizó cerca del pelícano, sin duda un viejo lobo de mar, que la ignoraba sabedor de un fuerte y poderoso pico. Había cosas más importantes que hacer que poner atención en un locuaz jovenzuelo, por ejemplo cazar peces y engullirlos de una zambullida y un solo bocado.

 

Pronto la garza olvidó la cautela y brincaba de lado a lado, chapoteaba en el mismo estanque elegido por el pelícano habiendo cientos que servirían de igual manera. Como buen jovenzuelo requería de atención. El pelícano en un principio solo le lanzaba miradas furtivas, hasta que comenzó a estirar sus largas alas diciendo, mira que enorme soy, no te conviene meterte conmigo. La garza feliz chapoteaba y brincaba por todo el estanque haciendo caso omiso al creciente enojo de su nuevo amigo. Ella solo quería juguetear y por supuesto al azar, engullir un buen bocado de su poza.

 

El pelícano agobiado voló hacia otra poza unos 20 metros a su izquierda, La garza en cuanto se sintió sin la atención de su amigo voló rápidamente junto a él y de nuevo se puso a juguetear inquieta. El pelícano en esta ocasión no fue tan tolerante y agachando su cuerpo cerca del piso, como le he visto hacerlo a mi perra cuando vigila y molesta a perros más pequeños que ella, le chasqueó el pico en repetidas ocasiones, incluso adelanto el hocico tratando de picotearle. La pequeña garza lo tomó como otra variante de su juego y continuó cual locuaz adolescente llamando la atención de su emplumado amigo.

 

El pelícano fastidiado agito sus alas y aprovechando una corriente de aire contraria planeo primero en contra y luego a favor y salió disparada. La pequeña garza le siguió encantada. El pelícano sabedor de su destreza y de sus potentes alas, dio un giro de 360 grados y vino a posarse de nuevo frente a la poza original, justo debajo de nosotros. La pequeña garza no pudo con el viento y fue arrojada lejos por la corriente de aire. El pelícano satisfecho con su pericia aérea chasqueo satisfecho el pico y continúo pescando tranquilamente como era su primera intención. El mesero llegó finalmente con nuestro desayuno y distrajo nuestra atención hacia asuntos más importantes como saciar nuestra hambre.

 

Cosas de poca importancia son el cielo y el mar azul turquesa, un pelícano y una garza pero le bastan a nuestras almas para tomarle el pulso a la vida.

 

* Periodista ambiental


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